Vía: www.eldiario.es/

La Staatsoper de Berlín recupera el mito de Antonio Salieri como envenenador del enervante y genial Wolfgang Amadeus Mozart con una pieza a medio camino entre la ópera y el teatro, apuntalada en la gran musa de la escena alemana Angela Winkler.

“Mord an Mozart. Eine relative Vernichtungstheorie (Asesinato de Mozart. Una relativa teoría de la aniquilación)” es el título de la obra, estrenada esta semana en el Schiller Theater, domicilio provisional de la más clásica entre las tres grandes óperas de Berlín, la Staatsoper Unter den Linden, actualmente en obras.

 Se trata de una recreación del “Mozart y Salieri” estrenado por Nikolai Rimski-Kórsakov en Moscú, en 1898, en que el mentor se convierte en asesino del alumno privilegiado al que reconoce como “un Dios”, que para mayor exasperación “ni siquiera sabe que lo es”.

Arranca de Salieri tratando de concentrarse mientras el bebé grande que es Mozart le martiriza interpretando las “Seis variaciones del ‘Mio caro Adone”, todas al mismo tiempo.

Deriva a lo largo de las cerca de dos horas de representación, sin entreacto, en una reflexión sobre el odio, la guerra, la aniquilación y la muerte, incluida la de Dios.

Salieri -interpretado por Roman Treckel- y Mozart -Stephan Rügamer- se comportan de acuerdo a los cánones del “Amadeus” que llevó al cine Milos Forman, mientras sentada en una esquina del escenario Winkler repasa y lee en sus apuntes, en silencio.

Se desarrolla así el drama que Rimski-Kórsakov ideó en torno al envenenamiento del genio hasta que justamente la muerte de éste da paso a lo que acaba siendo el factor fundamental: el largo monólogo de la actriz alemana.

A sus 72 años, Winkler no solo conserva la voz profunda y sensual del “Tambor de Hojalata” -la película filmada por Volker Schlöndorff en 1979, sobre la novela de Günter Grass-, sino que parece haber agrandado incluso la fuerza interpretativa de entonces.

Mozart y Salieri quedan rebajados a presencias esporádicas mientras la actriz lee una carta de Albert Einstein a Sigmund Freud, dominada por la pregunta del significado de la guerra, a la que el interlocutor admitirá no tener respuesta.

Winkler es ahí un desbordado Freud que declama sobre una sonata para violín y piano de Mozart, para pasar luego al Gran Inquisidor de los “Hermanos Karamajov”, de Fiodor Dostoievski, que se atreve a juzgar a Cristo.

La parte musical se reserva ahora a Dimitri Shostakovich, para regresar finalmente a una versión del “Requiem” de Mozart remodelada por el compositor David Robert Coleman para el estreno en el Schiller Theater.

Winkler culmina su interpretación convertida en un “pastor” a lo Joseph Beuys y eclipsando de nuevo al teórico tándem protagonista Mozart-Salieri.

“Dios ha muerto” es el apocalíptico mensaje final de la pieza y el monólogo de Winkler, donde queda claro que el envenenamiento de Mozart por Salieri era solo un pretexto para reflexionar sobre la violencia como factor exterminador de lo humano y lo divino.

El estreno de “Mord an Mozart” forma parte de las incorporaciones de nuevos talentos -Annika Haller, Elisabeth Söppler, Jens Schroth y Max Renne, equipo responsable de la producción- a la programación de la Staatsoper berlinesa, cuyo director titular es el maestro argentino-israelí Daniel Barenboim.

El alojamiento en el Schiller Theater, de escenario mucho más reducido que el edificio histórico de la ópera en la Avenida Unter den Linden, en el corazón monumental clásico de la capital alemana, obliga a Barenboim a “encoger” el desarrollo escénico de las grandes producciones operísticas.

“Mord an Mozart” acaba viéndose favorecido con el traslado provisional, sobre todo porque acerca a Winkler al público y le permite seguir a distancia corta cada uno de los gestos de la musa.