Vía: milano.corriere.it  | Por di Enrico Parola
Traducción: Luis Contreras (Licenciado en Idiomas Modernos, Profesor de la ULA) | Fotografías Prensa Teatro alla Scala

La Orquesta Sinfónica Simón Bolívar, orquesta venezolana cuya edad promedio de sus integrantes no supera los 22 años, interpretó La Bohème de Giacomo Puccini.

La Bohème ha sido interpretada en reiteradas ocasiones en La Scala, por este escenario han pasado Rodolfo y Mimí, sin embargo esta versión es particular y posiblemente única: para acompañarlos no estuvieron presentes la orquesta y el coro de La Scala sino los jóvenes venezolanos de la Simón Bolívar, una de las tantas grandes agrupaciones que nacieron de El Sistema de Abreu. Vittorio Grigolo y María Agresta harán revivir a los amantes de Puccini mas esta vez la atención del público no se centrará sólo sobre el escenario. “Estos jóvenes tienen un entusiasmo contagioso, me parece estar de vuelta como un principiante”, cuenta Grigolo. “La primera vez que entraron en la sala caminaban muy despacio, se miraban como niños frente al regalo que tanto deseaban”, agrega María Agresta, rápidamente “rodeada por los coralistas para un selfie: la edad promedio no supera los 22 años, tres muchachas me abrazaron como si yo fuera un mito, estaba sonrojada”.

La agupación embajadora del mundo

Selfie incluso con Grigolo: “Me piden consejos, posiblemente haré una clase magistral con ellos”. Lo que más impactó particularmente al tenor de 38 años de edad fue la relación de Gustavo Dudamel con los músicos: “No es un director-dictador sino un líder: le siguen con total confianza. A veces los profesores son cautelosos con las piezas que interpretan, ellos no, lo hacen con naturalidad: ¿Has visto los cardúmenes que se mueven todos juntos formando figuras?”. En la actualidad, la Simón Bolívar es la agrupación embajadora en el mundo de El Sistema venezolano y Grigolo, por su parte, se está convirtiendo en el testimonio italiano de la lírica: La Scala lo adoptó, ha cantado en trasmisión directa el “Rigoletto” en Mantua y se ha presentado en la Arena junto a Bolonis y Belen: “Sí, en La Scala estoy cantando asiduamente: sólo en estos meses, además de La Bohème, he presentado Lucía di Lammermoor, El elixir de amor y Rigoletto. Para Pereira soy “El” tenor italiano, por lo que quiere enlazar mi rostro, mi nombre y mi voz a La Scala. Con él, cuando manejaba el Teatro de Zúrich, interpreté la Traviata en la temporada; en septiembre presentaré El elixir de amor en Malpensa: me dijo que sólo yo podía hacerlo”. Fue imposible no preguntarle cómo fue la experiencia de cantar para Belen: “Me gustaría darle algunas clases de canto… sin embargo, para no equivocarme, la enviaría con mi maestro. Es fresca, segura, tiene carisma y una bella voz, haría mucho bien para la popularidad de la ópera. Este es mi objetivo: este año gané el premio Caruso, mi sueño es revivir los tiempos en el que las amas de casa que preparaban la pasta escuchaban Di Stefano y Pavarotti, no a Jovanotti”.

“Me casaría inmediatamente con una como Mimí”

Grigolo no es el tipo que persona que viviría en carencia por el amor al arte, como el Rodolfo de Puccini: “si no hubiese tenido talento hubiera tomado un camino distinto”. “Yo por el contrario me casaría con Rodolfo”, sonríe Agresta, “es mejor un artista pobre que un marido frustrado, sobre todo porque yo podría mantenerlo… me identifico con Mimí cuando dice que el primer sol de abril es suyo, cuando ve las hojas nacer del rosal: yo hago lo mismo”. “Y yo me casaría inmediatamente con una como Mimí”,  contesta Grigolo. “En un mundo en el que las mujeres quieren ser similares a los hombres en todos los aspectos es bello tener a una dama que no tiene miedo de ser frágil y que busca protección y seguridad”.