Carlos Guevara es un baterista venezolano muy conocido y admirado por su fuerza de voluntad y valentía para salir adelante. Desde que nació sufre de Artrogriposis Congenita Múltiple que le produce deficiencia muscular y mala formación ósea, lo que le impide moverse con habilidad y le resta fuerza.


Venezuela Sinfónica

Quien lo ve a simple vista le parecería imposible que pudiera tocar la batería, pero las apariencias engañan y nada más lejos de la realidad. Conocido como “Pasión”, Carlos es un excelente baterista, el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela le dio la oportunidad de superarse y de tener una carrera mediante el programa de expansión hacia otros géneros musicales que desarrolla el Conservatorio de Música Simón Bolívar.

Pasión fue baterista nada menos que de la Simón Bolívar Big Band Jazz y de la Orquesta de Rock Sinfónico Simón Bolívar, de la cual es fundador y con la que alcanzó gran fama. Además, fue baterista de su propia banda de rock y tocó con agrupaciones de gran trayectoria dentro del heavy metal venezolano como Grand Bite. Ha recibido apoyo de grandes patrocinantes como Yamaha de Venezuela. Se convirtió en un ejemplo, en un símbolo para los músicos discapacitados y hasta recibió mucha atención mediática.

¿Quién iba a pensar que un músico que recibía tanto apoyo y con tanta fama emigraría de Venezuela? Pues Pasión decidió que era lo mejor, lo dejó todo y se marchó a Medellín, Colombia, para abrir nuevos caminos. “La decisión de emigrar fue por la situación del país, el dinero no alcanzaba, no encontraba comida, mi mamá es una persona de la tercera edad y no encontraba las medicinas para la tensión. Buscar otro rumbo, porque sentía que en Venezuela me estaba estancando por la misma situación del país”, expresó Pasión a Venezuela Sinfónica.

Su currículo y los títulos obtenidos en el Conservatorio de Música Simón Bolívar en un principio no le sirvieron de mucha ayuda en Colombia y tuvo que cumplir con una serie de trámites. “Doy clases particulares en mi casa. Recientemente terminé de resolver el problema de los papeles migratorios, para poder trabajar formalmente y aplicar con mi hoja de vida en Escuelas de Música”, explicó el baterista.

Hace poco, se volvió viral en las redes sociales un video en el que aparece “Pasión”, tocando en las calles de Medellín, lo que afectó a muchos de sus ex compañeros de banda o de orquesta. Fue un duro golpe para muchos verlo pidiendo dinero en la calle, después de haber tocado en los escenarios de mayor prestigio de Venezuela. Sin embargo, sus patrocinantes como Baquetas Vic Firth, Parches Aquarian, Cympad y Custom Cymbal Nuts siguen creyendo en él y no le retiraron el apoyo.

“Mis patrocinantes me siguen apoyando, ellos continúan la relación, es como entrar en una familia. Mantenerlos al tanto de que por ahora no estoy tocando, porque acabo de mudarme a otro país. Ellos comprenden la situación y la perciben como algo temporal. Más aún, sabiendo que uno vivía en Venezuela. Y me siguen apoyando un 100%”, explicó.

También se había corrido el rumor de que Pasión había vendido su batería para tener dinero para sobrevivir, lo cual desmintió: “Yo tengo mi batería, de hecho he dado algunas clínicas en Medellín y con eso no tengo problemas”.

Al ser consultado sobre el por qué está tocando en la calle, Pasión le cuenta a Venezuela Sinfónica que “al principio fue por cuestiones económicas y también porque no tenía ni cédula, ni papeles colombianos. Mi esposa y yo hablamos y decidimos que mientras no tuviéramos nada, tocar en la calle era una buena opción”.

Pero la historia va mucho más allá de un malentendido sobre la mendicidad. El baterista comenta que le ha ido bien en la calle y que su trabajo tiene un trasfondo social: esto se ha convertido más que en una situación económica para conseguir dinero, en una situación sociocultural, en la cual yo le llevo arte a la gente de la calle. Se me han acercado indigentes, niños que venden caramelos, chicles. Algunos indigentes se acercan llorando porque toco música que les recuerda una época de su vida, niños que venden caramelos me dicen con emoción que quieren aprender a tocar la batería. Yo los siento y los aliento: vamos a contar, con la mano derecha haces 1, 2, 3 y con la mano izquierda vas contando el 2 y el 4. Eso se convierte en una lección básica de música para un niño que está en la calle, que no tiene los recursos para inscribirse en una institución privada o que no tenga el conocimiento del sitio al que puede asistir a estudiar música. Esa es la filosofía de El Sistema, generar inclusión social. Se cristaliza lo que siempre dice el maestro Abreu “cuando el niño conoce la música, deja de ser pobre”. Muchos niños me preguntan ¿cuándo vienes?, ¿qué días vas a venir?, quieren escucharme y tomar clases. Esto les encanta, les parece algo innovador”.

Pasión está claro en lo difícil que es emigrar y no teme en compartir su opinión con todos los venezolanos: “para todo el mundo es difícil emigrar, dejar el país, los amigos, la familia, tu rutina, quizás eso sea lo más complicado. Las limitaciones son depende de la situación de las personas a la hora de emigrar. Hay personas que vienen a Medellín y dicen que no les resultó, porque no supieron que hacer, no encontraron la manera. En nuestro caso, gracias a Dios, encontramos una manera temporal, porque tampoco nos queremos quedar tocando en la calle toda la vida”.

También está consciente de que dejar Venezuela representó para él pagar un precio muy alto: “el sacrificio más grande fue el status musical que tenía en Venezuela por calidad de vida para mí y para mi familia. Eso fue lo más difícil. Comenzar de cero, que la gente te conozca. No es sencillo, aquí el ambiente musical es muy cerrado, no importa cuántos patrocinantes tengas, ni que haya tocado con la Orquesta de Rock Sinfónico”.

Pese a que muchos de sus compañeros, amigos y profesores le han dicho que “para vivir así, mejor se quedaba en Venezuela”, Pasión se mantiene firme en su decisión de emigrar y no hay vuelta atrás, para él, este sacrifico vale la pena, “claro que vale la pena, sólo si estás dispuesto a pagar un precio para comenzar de cero. Poco a poco se ven los frutos de tu trabajo (…) Siempre hay que ser optimista, siempre hacia adelante. Las limitaciones se las pone uno mismo y ésta circunstancia es apenas un escalón. No sé si tuve que bajar cinco, para subir tres. Pero estoy completamente seguro que voy a ver los frutos en el futuro”.