Cuando la histórica y famosa marca de pianos Steinway estaba a punto de vender su fábrica, un multimillonario norteamericano decidió salvarla, John Paulson, que adquirió la empresa por $512 millones. En una entrevista de televisión confesó que fue por su hija que descubrió esta marca, cuando le regalaron su primer piano y le dolió que no fuera un Steinway.

Esto fue lo que propulsó a Eduardo Marturet, director de la Orquesta Sinfónica de Miami (MISO), en un acto de romántica inspiración, a ir a ver a Paulson para agradecerle que salvara la Steinway, y proponer que sería un buen tema para una temporada totalmente dedicada al piano.

“Iban a venderla y cambiar todo el modus operandi, lo importante es que estos son pianos hechos a mano. El tuvo una gran visión, compró la empresa para protegerla, lo que me dio una gran impresión y deseos de conocerlo”, confiesa Marturet. “Sin duda, todo esto le iba a dar un cambio al futuro de la música, los Steinway son los mejores pianos del mundo. Fui a verlo en su oficina de Nueva York, y me causó aun más impacto, por su absoluto compromiso con lo que estaba haciendo; resolví dar un homenaje a este gesto. El 3 de mayo es la culminación de toda la temporada en homenaje a estos pianos”.

En el programa en el Adrienne Arsht Center de este domingo 3 que cierra la temporada,The Steinway & Sons Piano Extravaganza, va a presentarse el Concierto de piano en D-flat mayor, Op. 38 de Khachaturian, con Elisha Abas al piano; el Concierto para dos pianos y orquesta, de André Mehamari, en estreno mundial, con Christopher O’Riley y André Mehmari; el Concierto número 7 en F Mayor, de Mozart, para tres pianos y orquesta. “Porque seguramente Mozart tenía amigos, y él era pianista también”, comenta el director, “y en la época de Mozart se estilaba montar espectáculos vistosos”. Esa obra cuenta con los pianistas Roberto Berrocal, Ciro Fodere y Marina Radiushina. Por último, de Franz Liszt, Hexamerón, para seis pianos y orquesta, y con todos los pianistas ya mencionados.