Vía: www.eldiario.es | Por Patricia Godes

Los protagonistas de la única gran ópera norteamericana son delincuentes, pobres y negros

Aunque empezó con un fracaso de taquilla, no hay leyenda del jazz que no haya interpretado alguna de sus bellísimas piezas, de Mabel Mercer a Billie Holiday, pasando por Nina Simone, John Coltrane, Janis Joplin o Ella Fitzgerald

Un estibador portuario, borracho y atiborrado de cocaína, asesina a un padre de familia en una partida de dados y emprende la huida. Su novia, una prostituta, se refugia en el cuchitril de un mendigo tullido. Estamos en Catfish Row, donde todos son negros y pobres, dependen del mar para sobrevivir y de la felicidad artificial de los dados, las drogas y el alcohol. También hacen música y cantan para olvidar, para dormir a los niños y para velar a los muertos. La policía, el enterrador y los abogados abusan y oprimen a la humilde comunidad de pescadores y sobre todo a sus mujeres que viven con miedo a sus acreedores y a las borracheras de sus maridos. Estalla una terrible tormenta y se lleva a los que están en alta mar y a los que van a rescatarlos. Reaparece el asesino, amenaza a la chica y el mendigo le mata. El detective se lo lleva como testigo y la chica huye con el camello a Nueva York…

Es la historia de Porgy and Bess. Nunca existieron, pero la música hizo pasar sus nombres a la posteridad. Piezas como Summertime, I Loves You Porgy o It Ain’t Necessarily So, convirtieron en inolvidable la ópera que George Gershwin compuso sobre ellos. El 27 de enero de 1936, la primera producción de Porgy and Bess, estrenada tres meses antes, iniciaba su primera gira por EEUU. En 1976 se llevaría a cabo la primera grabación íntegra de la ópera, dirigida por Lorin Maazel, que obtendría un Grammy.

Ella Fitzgerald y Louis Armstrong, Harry Belafonte y Lena Horne, Miles Davis, Oscar Peterson y Joe Pass, Mundell Lowe, Hank Jones, Joe Henderson, etcétera, grabarían sus versiones “jazzísticas”. La lista de los intérpretes de sus temas más conocidos incluye a Mabel Mercer, Billie Holiday, Nina Simone, John Coltrane, Janis Joplin, Cher, Aretha Franklin y hasta Jimmy Sommerville (Bronski Beat) y Jamie Cullum. La celebérrima Summertime ha sido grabada unas 25.000 veces y dicen que, después del primer ensayo general en septiembre de 1935, el propio Gershwin exclamó: ¡Me parece una música tan maravillosa que no puedo creer que la haya compuesto yo! Estrenada en una época plagada de dificultades económicas para los norteamericanos, Porgy and Bess fue considerada un fracaso de taquilla.

Una ópera que significó mucho más

George Gershwin concibió Porgy and Bess como una ópera folk basada en espirituales, blues y canciones de trabajo y supone un paso más allá de lo que ya era su mayor logro: la inserción del jazz y el blues en la instrumentación clásica tal como había demostrado con la Rapsodia en blue y Un americano en París. Musicalmente, la gran protagonista de la obra es la comunidad, con profusión de conversaciones y partes corales en las que intervienen repetidamente todos sus personajes. Los contrapuntos melódicos y los leitmotivs son de gran belleza con clara inspiración negra y bluesy. Como Rigoletto y Don Giovanni, Porgy es un protagonista con voz de barítono.

La obra teatral sobre la que se basa era a su vez una adaptación de Porgy, novela escrita por DuBose Heyward que asimismo redactó el libreto y las letras de la mitad de las arias (estas con colaboración de Ira Gershwin). Los tres autores llevaron a cabo la colaboración principalmente por carta con solo esporádicos encuentros personales. La música costó once meses a su compositor más otros nueve para las orquestaciones. Hijo de una de las primeras estudiosas del folklore y el slang afroamericano, Heyward hace, por su parte, un retrato respetuoso y vívido de las costumbres de los negros, y su libro había obtenido una gran acogida. Para la adaptación teatral, contó con la ayuda de su esposa Dorothy, también escritora.
Porgy and Bess pertenece a una época en la que la negritud estaba de moda en París, en Nueva York, en todo el mundo. También sería la primera producción estadounidense que se representó en la URSS en 1955, en plena Guerra Fría. Truman Capote mandó sus crónicas del evento, pero, como todas las grandes obras, Porgy and Bess había despertado la polémica desde el primer momento. Mientras su negritud era demasiado fuerte para algunos, otros consideraban que alentaba el estereotipo de la población negra como drogadictos, violentos e incultos, incapaces de comunicarse excepto a través de un slang primitivo. Los críticos clásicos encontraban que sus temas eran más piezas de Tin Pan Alley que verdaderas arias, y, llegados los años 60, los militantes del black power considerarían al pobre Porgy y la descarada Bess serviles y despreciables, y su música, escrita por un blanco, un verdadero expolio racista.

Representada tantas veces

Pero anteriormente, la afluencia de público desde Harlem había sido multitudinaria los días de las sesiones para negros. Aplaudían a rabiar y repetían de memoria los pasajes más populares. El poeta Langston Hughes alabó Porgy and Bess con entusiasmo y, de hecho, desde su estreno sirvió para dar trabajo a un reparto completo de actores negros que difícilmente podían conseguir papeles. Tanto los Heyward como los Gershwin insistieron en que la obra debía ser representada por actores y cantantes de ópera negros. Los más grandes intérpretes afroamericanos -Leontyne Price, William Warfield, Grace Bumbry, Cab Calloway, Maya Angelou, Robert Guillaume, Diahann Carroll, Sammy Davis Jr. o Pearl Bailey- han participado en distintas versiones y representaciones.

Existe una adaptación de Porgy and Bess para Broadway del mismo George Gershwin más corta, con partes habladas con su instrumentación y coros simplificados. Otto Preminger dirigió una película en 1959 con un reparto de superestrellas negras y con correcciones gramaticales que puede considerarse completamente fallida. Dorothy Dandrige, extremadamente delgada, muestra signos de su futuro deterioro y Sidney Poitier se ve obligado a pasar toda la película de rodillas para que no le veamos renqueando con muletas. Eso sí, recobra su postura erguida para cantar Bess, You Is My Woman Now en su gran escena de amor.

Gershwin sentía admiración por la música francesa de Ravel y de Los Seis y fascinación por el dodecafonismo de Schönberg. Como los nacionalistas rusos, estaba enamorado del folklore. Lo mismo que a Astor Piazzolla, fue Nadia Boulanger quien enseñó al norteamericano a no avergonzarse de sus humildes orígenes en Tin Pan Alley. Llena de colorido, dinamismo y suspense, Porgy and Bess posee esa voluntad patente de entretener y llegar al público que es el gran signo de identidad de todo espectáculo norteamericano.