Vía: www.diariodesevilla.es/ CHARO RAMOS / SEVILLA

Los compositores franceses que se inspiraron en España centran el programa que la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla interpreta esta noche y mañana en Sevilla y el domingo en Cádiz.

-Regresa al podio de la ROSS con un programa titulado Francia se inspira en España al que los atentados en París dotan de un carácter especial. ¿Cuál cree que debe ser la actitud de los artistas frente a la barbarie terrorista? ¿Ha previsto algún tipo de dedicatoria, como hizo Plácido Domingo en el Met de Nueva York al iniciar con La Marsellesa la representación de Tosca?

-Sí, diré unas palabras sobre los atentados en París. Especialmente con este oportuno programa de música francesa. Y serán las mismas que escribió mi mentor Leonard Bernstein: “Ésta será nuestra respuesta a la violencia: hacer música más intensamente, más bellamente y con más dedicación que antes”. También pediré un minuto de silencio por las víctimas del terrorismo en París y por las víctimas, en general.

-¿Cómo se acerca con ojos nuevos a una obra tan célebre como el Bolero de Ravel?

-Como si la tocara por vez primera. Acabamos de descubrir además una nueva aproximación rítmica que los músicos de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla no habían probado antes. ¿Cuál es la esencia del Bolero? No sólo la melodía, sino también el tempo y el crescendo. Encontrar nuevas ideas siempre renueva una obra interpretada tantas veces como el Bolero de Ravel y hace que la experiencia sea más gratificante y profunda tanto para la orquesta como para el público.

-¿Qué le interesa, musicalmente, de la lectura que de España hacen los tres compositores presentes en este programa que ofrecen hoy y mañana en el Maestranza y el domingo en el Teatro Falla de Cádiz?

-Lo que más me sorprende de estos compositores franceses inspirados por España (aunque se podría argumentar que todos los compositores han sido influidos por España en general y por Andalucía en particular) es el color, el timbre, la orquestación, las sutilezas, el perfume de la noche y de la belleza de sus jardines. Su música es como el propio lenguaje: lleva tiempo decir algo correctamente en francés porque hay siempre muchos matices y significados ocultos que se nos escapan. Ravel fue el verdadero maestro de esta estética en sus orquestaciones. Y las Escalasde Ibert, basadas en los puertos del Mediterráneo, no sólo conectan con el estilo francés sino con las Culturas del Mediterráneo, eje temático de mi primera temporada al frente de la ROSS.

-Como estadounidense, ¿qué le sugiere esa España, quizá llena de tópicos, que fascinaba a los franceses?

-Como norteamericano, y como texano, soy muy consciente del impacto de España en el llamado “nuevo mundo”. Pero creo que lo que inspiró a estos compositores franceses (aparte del hecho de que la madre de Ravel era vasca) fue la pasión y el ritmo andaluces. Como una postal musical, estas obras evocaban la atmósfera exótica de España y proporcionaban al público la oportunidad de disfrutar una especie de vacaciones aquí sin salir de la sala de conciertos. Por supuesto, la principal fascinación para estos autores fue la proximidad de este país con Francia y las raíces compartidas del latín. Los compositores galos demostraron con estas creaciones que su vecina España estaba más cerca de Francia de lo que se pensaba.

-Con este programa debuta en el Festival de Música Española de Cádiz, que ha iniciado una nueva etapa bajo la dirección de Manuel Ferrand. ¿Qué impresión quiere que deje la ROSS bajo su batuta en esta cita?

-La impresión que quiero dejar en Cádiz es que hemos ofrecido un concierto excelente. Cádiz es una de las ciudades más antiguas de Occidente y para mí es un honor debutar en el podio de un teatro tan importante y que además lleva el nombre de Manuel de Falla. El hecho de que Falla trabajara en Francia y compusiera para los Ballets Rusos en París le da una conexión aún más especial a este programa de música francesa y a nuestra participación en el Festival de Música Española de Cádiz. Pero Falla es y será un compositor paradigmáticamente español y andaluz.

-El festival gaditano es también una plataforma para las cuatro orquestas andaluzas, que se reúnen anualmente en la ciudad natal de Falla. Este año, con la amenaza de nuevos recortes presupuestarios que amenazan su actividad.

-Nuestra respuesta a los retos económicos y políticos es la misma que a la violencia: tocar más intensamente, bellamente y con mayor compromiso que antes. Sin embargo, en estos tiempos ni siquiera la calidad o el éxito obtienen su recompensa. ¿Cree que las administraciones ven la responsabilidad que tienen de proteger a estas orquestas que dan un servicio público? El tema es demasiado amplio y requiere no ya una entrevista como ésta sino un simposio que reúna a artistas, público y políticos y aborde cómo comprender mejor las necesidades de una sociedad y el rol que la música clásica y la orquesta pueden jugar. Puedo decir que tener orquestas mejora no sólo la calidad de vida, sino que contribuye a la prosperidad económica y la reducción de costes sociales. No tener orquestas, y especialmente no tener una gran orquesta como la ROSS, supondría una grave pérdida, no sólo social y económica (creer que reducir presupuesto supone un ahorro es mentira, al final los recortes conducen a perder dinero), sino también a nivel personal, porque estos políticos tendrán que afrontar la ignominia de haber fracasado en la preservación de una cultura como la musical tan identificada con Andalucía y con España. Después de todo, hay más de 150 óperas ambientadas en Sevilla y compositores como Falla se merecen mucho más que dar su nombre a un teatro o tener su rostro impreso en los antiguos billetes. Se merecen que su música, que es patrimonio de los andaluces, se pueda escuchar en su tierra con la máxima calidad posible.

-Su primera temporada al frente de la ROSS, que está dedicada a las influencias entre Oriente y Occidente, comenzó con el estallido de la crisis de los refugiados sirios y coincide ahora con el estado de emergencia en Francia que afecta a los países vecinos como España y Bélgica. ¿Teme que el miedo al extranjero, al diferente, se propague y afecte a la acogida de refugiados y, en general, a la convivencia?

-Es difícil reflexionar sobre estos grandes temas. Los músicos ponemos nuestro grano de arena para recordar que en el mundo hay belleza y verdad. Nuestra bendición es vivir en el momento exacto en que estamos interpretando. Lo que sí puedo decir es que la música clásica y las orquestas tienen una misión humanitaria que cumplir en nuestro mundo, no sólo artística. Cómo lo hagamos depende no sólo de la programación sino del apoyo económico al que antes nos referíamos. En otras palabras, la música, si se la financia correctamente, ha cambiado y puede continuar cambiando el mundo. Ahí están los ejemplos de la West-Eastern Divan [que dirige Daniel Barenboim], El Sistema venezolano, la Orchestra for World Peace [fundada por Georg Solti en 1995] y muchas otras: la música puede expresar más que los políticos y que la diplomacia. Porque la música es un lenguaje común que todos compartimos, le habla a nuestro espíritu colectivo y es capaz de restaurar nuestra fe en la humanidad. Ése es el mensaje que más necesitamos escuchar hoy.