Gregory Carreño superó las secuelas de un accidente de tránsito

JOHANA RODRÍGUEZ | ESPECIAL PARA EL UNIVERSAL

Los Teques.- Inmovilizado del cuello hacia abajo. Así quedó el maestro Gregory Carreño, miembro fundador de la Orquesta Nacional Juvenil de Venezuela, luego de que su camioneta fuera impactada cuando retornaba del Monumento de la Paz en Trujillo.

“Era el año 1996, recuerdo que mi carro dio varias vueltas. Cuando reaccioné estaba en una clínica y los doctores dijeron que mi cuello se había fracturado, por lo que había quedado paralítico”, rememora Gregory.

Pese al diagnóstico desalentador, Carreño se empeñó en pararse de la cama a como diera lugar. “Yo no sabía realmente cuán peligroso era el hecho de que la vértebra C-4 hubiera aplastado mi médula espinal, solo sabía que recuperaría mi movilidad e independencia”.

Siete años de terapia después logró mover su dedo pulgar, dando esperanza a los doctores que le dijeron que era hora de pasar electricidad a todo su cuerpo. Y así fue. A 18 años del evento, Gregory se sostiene en pie y da conciertos con más ímpetu que antes.

“Con mucha fe, esfuerzo y disciplina, todo heredado de la música, que siempre fue mi inspiración, recobré mi libertad para hacer todo por mi mismo. Volví a mi cotidianidad; solo que para no abusar de mi suerte uso muletas y silla de ruedas para alternar y no mantenerme mucho tiempo en pie”.

Actualmente, dirige la Orquesta Sinfónica del estado Miranda y es director ejecutivo de la Fundación Orquesta Juvenil e Infantil de esa entidad. Este año se ha sumado a la cruzada del millón de conciertos a propósito del 40 aniversario de la creación del Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela.

“Ningún revés debe alejarnos de aquello que nos apasiona. En mi caso, la música fue lo que me llevó a superar un episodio que de ser abordado de manera distinta, pudo haberle dado un vuelvo negativo a mi vida. Todo es cuestión de actitud y perseverancia. Siempre le dije a mis amigos que no dijeran ‘pobrecito Gregory’, sino que me dieran fuerza espiritual e intelectual como la que me dio cada día el Maestro José Antonio Abreu, quien es como un padre para mí y fue mi punto de apoyo en todo momento”.