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El próximo domingo 19 de febrero se estrena el nuevo “Ensamble de Música Contemporánea Simón Bolívar”


Por Diana Arismendi | DMA, Compositora, Directora  de Cultura USB
Profesora Titular, Directora Ejecutiva Festival Latinoamericano de Música

El próximo domingo 19 de febrero se estrena el nuevo “Ensamble de Música Contemporánea Simón Bolívar” en un concierto que se llevará a cabo en la Sala Fedora Alemán del CNASPM a las 4pm, el Maestro Alfredo Rugeles impulsor del proyecto y Director titular del Ensamble hará el estreno mundial de cinco obras de compositores venezolanos, Mirtru Escalona-Mijares, Luis Ernesto Gómez, Ángel Hernández, Alexander Medina y Salomón Rojas, así como el estreno en Venezuela de “Alte Steige” del Maestro argentino Mariano Etkin (1943-2016) y el hecho está muy lejos de ser noticia.

Aquí hay dos informaciones importantes que destacar, primero el regreso a la escena musical caraqueña del “Ensamble de Música Contemporánea Simón Bolívar” del Sistema de orquestas, única agrupación venezolana exclusivamente dedicada al estudio y difusión de la música de nuestros días.

El EMCSB, antes conocido como “Ensamble Latinoamericano de Música Contemporánea”  tiene como objetivo dar conocer la música universal, con énfasis en la difusión de la música latinoamericana y la venezolana de los siglos XX y XXI. El proyecto, iniciado con fuerza en el año 2.009 se fue apagando por distintas razones y luego de un año replanteando escenarios posibles, reinicia su tarea con fuerza y objetivos claros, proponiendo una cita mensual con el público caraqueño, no solo en su sede natural, el CNASPM, sino con la idea de llegar a otros públicos en escenarios alternos.

Segunda noticia de relevancia: cinco compositores venezolanos de distintas generaciones, desde el muy reconocido internacionalmente Escalona-Mijares, hasta los más jóvenes Medina y Rojas, estrenan obras de reciente factura, ¡cinco estrenos mundiales!.  Los compositores venezolanos de las nuevas generaciones siguen trabajando y produciendo, investigando y aventurándose.

A pesar de todo ello, no hay –¿ni habrá?- una sola línea escrita, un solo reportaje que   destaque el hecho y la convierta en  noticia. Información que llega tarde y mal a los medios y que es difundida rudimentariamente por las redes personales de los implicados: director y compositores. Así pues los compositores que estrenan sus obras no circularán por las radios comerciales hablando de sus obras, invitando al público a acercarse a escucharlas, los medios escritos no lo reportarán, solo habrá silencio en los medios “de circulación nacional”,  e incluso modestos portales informativos no encontrarán ningún interés en ello.  ¿Es que acaso los compositores no somos “mediáticos”?

Podría enumerar los concursos de composición nacionales e internacionales que ganaron en el año 2016 algunos de mis colegas venezolanos. No lo voy a hacer por temor de olvidar algunos y herir susceptibilidades, lo que si puedo asegurar es que ninguno de ellos fue objeto de noticias, más allá de un medio como el que hoy me acoge, Venezuela Sinfónica. No tuve oportunidad de escuchar a ninguno de ellos en la radio. ¿Alguno de ellos pasaría por las agendas de “¿arte? y espectáculos” de la televisión? ¿Alguien se interesó por escuchar al flamante ganador del concurso contar su aventura? No. Ni siquiera en el mismo medio musical se despertó la curiosidad por conocer la obra ganadora, o por difundir otras de sus obras; por grabar, publicar, tocar obras de estos artistas ¿Por qué si entonces, cuando uno de nuestros escritores nóveles -o no tan nóveles- poetas o novelistas gana un concurso o publica un nuevo libro la prensa se hace eco de sus triunfos? Las ferias de libros, las editoriales quieren que leamos  a sus autores, quieren que salgamos corriendo a comprar sus libros. Los éxitos de los nuevos cineastas venezolanos son los éxitos de todos, los cineastas son una especie de “vinotinto” de las artes,  sus obras despiertan la curiosidad de un público que quiere acercarse  a las obras, ir al cine o al menos… verla en casa.

¿Qué necesitamos los compositores para ser conocidos? Ojo, y no hablo de simple ego, eso no es aquí lo que importa. El público, y ahora llego a ese punto tan importante, necesita conocer a sus artistas, ¿qué pasa que ese público que no se mueve, no se motiva? ¿Por qué nuestro público sigue inclinándose por Beethoven, por las mismas sinfonías repetidas hasta el cansancio y no se aventuran por la novedad concebida, escrita y palpitada por su contemporáneos de tiempo y realidad? ¿Por qué mis amigos melómanos no frecuentan los conciertos de música nueva? Creo que falla la promoción, creo que falla la difusión eficiente y eficaz de lo que hacemos. Las instituciones culturales, las instituciones musicales no se dan a la tarea de promocionar lo suyo, sus compositores, se limitan a incluir – a veces sin demasiado interés y más por obligación- las obras de los compositores vivientes y hasta allí llega su impulso.

Necesitamos hacer ruido y no solo música. Necesitamos salir a “contar” lo que hacemos, con la pasión que lo hacemos. Nuestros oyentes deben escuchar  -además de nuestra música-, el oficio que tenemos, cómo nos hemos formado, cuánto trabajamos, cómo sentimos nuestro entorno, cómo traducimos lo que vivimos en música, cómo nos expresamos a través de nuestra música que es también la música de nuestros oyentes. Para ello necesitamos el apoyo interesado y contundente de las instituciones musicales y de los medios.

Necesitamos espacios para expresarnos más allá de la sala de concierto.