Vía: elnortedecastilla.es | Por VICTORIA M. NIÑO | VALLADOLID

La Sinfónica de Castilla y León aborda con el maestro emérito Jesús López Cobos un programa con tres obras nuevas en su repertorio

«Nuestro trabajo es cardiovascular, mueves los brazos y tienes ocupada la cabeza, será eso». Es la explicación de Jesús López Cobos a la condición de superhéroes que luce su gremio. Los directores de orquesta rara vez se jubilan, tienen recuperaciones vertiginosas cuando se resiente su cuerpo y una longevidad digna de una tesis doctoral (él mismo se maravilla del nonagenario Marriner al frente de la ONE hace una semana). López Cobos, que ya dirigió en Valladolid la ‘Tercera’ de Mahler un mes después de haber perdido un riñón (2011), se reincorpora tras una operación menor. Le obligó a ausentarse en el anterior concierto pero aquí está de nuevo. Será un programa monográfico de Richard Strauss, una muestra de su escritura de joven y la de madurez, con un concierto de trompa.

«Strauss es uno de los compositores indiscutibles tanto en ópera como en música sinfónica del final del XIX y comienzos del XX. Hemos elegido para la primera parte dos obras de juventud, la ‘Serenata para vientos’ y ‘Aus Italien’, su primer poema sinfónico. En la segunda parte, el ‘Concierto para trompa nº2’, escrito en 1942, tres años antes de morir». Hijo del trompa solista de la Ópera de Munich, «sintió siempre un amor especial por ese instrumento. El último de sus cuatro lieder acaba con seis compases que son un solo de trompa». Este precoz escritor sinfónico estaba orgulloso de su poema sinfónico. «Le escribe una carta a su padre tras acudir al estreno en Berlín, es consciente de que ha compuesto una obra virtuosística y difícil para la orquesta».

Sobre Richard Strauss como sobre Wagner sobrevuelan las sombras de su filonazismo en el primero y antisemitismo en el segundo. En el caso de Strauss fue presidente de la Cámara de Música del III Reich, aunque años después defendería a su nuera judía así como a sus amigos de la misma procedencia, entre ellos Zweig. «La música de Strauss o de Wagner está muy por encima de la circunstancia histórica que les tocó vivir y de sus propias opiniones personales, por eso ha pervivido», dice López Cobos.

Lamenta que no pudiera dirigir el segundo ‘programa del abonado’, que este año tenía a los solistas de la OSCyL como protagonistas. Resultó un éxito refrendado por el público que llenó las dos sesiones. «Fue una idea que desarrollé cuando dirigía en Cincinnati y siempre salió bien. Por otra parte es una manera de acercar a los músicos de la orquesta al público, poniéndoles en primera fila, a la vez que se produce una sana competencia entre ellos. Abrimos el buzón a sus sugerencias en mayo, pero hasta octubre no arrancaron sus propuestas. Ha habido que desechar algunas porque el 80% tenían como protagonista el mismo instrumento, el violín, y se trataba de presentar una mayor variedad». En el futuro se alternará un ‘programa del abonado’ elegido por el público entre una lista de obras con otro en el que son los músicos los que confeccionan la selección.

Director emérito de la OSCyL, espera poder seguir «hasta que el cuerpo aguante». No conoce a Gourlay, director principal invitado este año, pero tiene buenas referencias, y sí le preocupa la dilación de nombrar un maestro titular. «Espero que no se retrase más. Tres años sin director titular es mucho para una orquesta, independientemente de que la OSCyL esté en forma, cada vez mejor y los músicos hagan su trabajo con gran celo. El trabajo de un titular es fundamental». Ve el futuro entre los candidatos jóvenes, «lo que les falta de experiencia, lo tienen de ilusión y ganas de implicarse en un proyecto». Los largos plazos de la música son los que ahoga la crisis en España. «Si se quiere estar en el circuito internacional, hay que trabajar y programar con dos o tres años de antelación. Eso hace a la música menos flexible que otras artes».