Por Mariantonia Palacios

Don Federico Gustavo Vollmer Ribas (1834-1901), Federico Vollmer, como mejor se le conoce, vio la luz en El Palmar, Estado Aragua. Es el primero de los Vollmer nacido en Venezuela. Hijo de Gustav Julius Vollmer y Francisca “Panchita” de Ribas y Palacios, sobrina del prócer José Félix Ribas y de María de la Concepción Palacios y Blanco. Se crió en la Hacienda El Palmar, propiedad de sus padres, y allí probablemente inició su formación musical, la cual suponemos que consolidó en Europa durante su permanencia en ese continente. De regreso a su terruño natal, se casó con Emma Schael, y, además de hacerse cargo de la hacienda, cultivó la música con pasión. Las tertulias y veladas organizadas en su casa se hicieron famosas entre los viajeros que visitaron el país en la segunda mitad del siglo XIX. Pal Rösti, Edgard Backhouse Eastwick y Carl Sachs en los libros donde recogen sus experiencias en tierras venezolanas nos comentan que Vollmer era un consumado pianista y que interpretaba muy bien el repertorio europeo de moda. Pero, por otro lado, Vollmer también asistía con regularidad a los saraos y fandangos de sus peones, donde adquirió fama de excelente bailador.  Allí,  al son del arpa tuyera y las maracas, asimiló las características estilísticas y rítmicas del repertorio popular que luego reflejó en sus composiciones musicales. Así explica este mestizaje musical de Federico Vollmer la gran revista venezolana El Cojo Ilustrado: “aunque alemán por su familia, es hijo de Caracas y recibió desde la cuna el aliento vital de nuestra zona, como lo comprueba la índole de sus producciones”.

La lira venezolana, Vollmer

La lira venezolana, Vollmer

Casi toda la obra de Federico Vollmer es para piano, y comprende mayoritariamente música de baile: valses, polcas, mazurkas, y danzas. Aunque sus manuscritos no se conservan hoy en día, contamos con las publicaciones que se hicieron en diversos albumes (colecciones de obras de uno o varios autores), o como piezas sueltas en las publicaciones periódicas de la época. Uno de estos albumes, La Lira Venezolana: Colección de piezas de baile, editado conjuntamente por Salvador N. Llamozas en Caracas y Johann August Böhme en Hamburgo en el año de 1897, compila 44 valses, 3 mazurcas, 24 danzas, 11 polcas y 4 piezas variadas para piano. Para cuando sale publicado, ya las obras de Vollmer gozaban de popularidad. El comentario que aparece en El Cojo Ilustrado anunciando la salida a la venta de La Lira Venezolana  en el Almacén de S. N. Llamozas & Ca., explica que las composiciones de Vollmer “han sido acogidas en los salones con muestras de la mayor simpatía. En verdad ¡quién no recuerda complacido sus valses Victoria, Anita, Jarro mocho, Filipina y otros no menos populares!”. Es interesante notar que, a pesar de que la mayoría del repertorio contenido en este álbum es para piano solo,  se incluyen 3 composiciones para ensemble de cámara, dos de ellas para violín o violonchelo con acompañamiento de piano, y otra para trío, un vals titulado “Bandera Alemana”. Es sugestiva la presencia de estas obras para cuerdas y piano, pues son escasas las partituras venezolanas del siglo XIX para esta combinación, aunque existen referencias documentales que hablan de que este tipo de composiciones formaban parte del repertorio habitual de los salones decimonónicos.  Una más de las razones que hacen que La Lira Venezolana de Federico Vollmer sea considerada una fuente indispensable para conocer la música que sonaba en la Venezuela del siglo XIX.