Vía: El Mundo.com | El destacado intérprete Aquiles Báez reivindica, en este texto, a los autores que forjaron la identidad musical venezolana.

A lo largo de nuestra historia musical hemos tenido referentes que han marcado una huella en este trazo. Desde la época de los valses de salón, a finales del siglo XIX, han sido destacadas referencias grandes compositores como Manuel Guadalajara, Ramón Delgado Palacios, Heraclio Fernández (quien compuso hace casi 150 años uno de los valses emblemáticos de nuestra música, como lo es “El Diablo Suelto”), entre muchos otros.

Aquiles Báez ©José David Vásquez

Aquiles Báez ©José David Vásquez

Ese fue el comienzo de nuestro “vals venezolano”, de origen europeo pero, como decía el maestro José Antonio Calcaño, “con algún negrito atravesado”. De corte afrancesado, se convirtió en una forma referencial de la música de todo el país. Otro antecedente importantísimo es lo que se generó en Caracas a principio del siglo XX, con el merengue “Cañonero”. Este fue un estilo musical salido de los “Mabiles” o lugares de dudosa reputación, que se relacionó con el jazz a través del Fox Trot. Acá se adaptaron los instrumentos que usaban las bandas de dixieland que venían en los barcos, como el redoblante, el clarinete y la trompeta.

En ese intercambio cultural, aparte de los instrumentos mencionados, se le sumaron el cuatro, la guitarra, la marimbola y el rallo o güiro. Desde incluso antes de esa época, nuestros compositores se aferraron a los géneros venezolanos creando una música con sentido de pertenencia.

Por eso en nuestra música popular tenemos creadores que han marcado un antes y un después, como lo han sido Antonio Lauro, Eduardo Serrano, Rafael Rincón González, Luis Alfonso Larrain, Alfredo Sadel, Rafael Sánchez López, Conny Méndez (la misma de los libros de metafísica) y compositores que se arriesgaron a crear estilos diferentes en la música venezolana como Aldemaro Romero, Luis Laguna, Vitas Brenner o el maestro del piano, Gerry Weil. Es fundamental mencionar a los maestros de la música más folklórica: Luis Mariano Rivera, Pío Alvarado, Simón Díaz, María Rodríguez, El Indio Figueredo, Chiguao, Chelias Villaroel e Isidora, que han marcado a muchos de los músicos venezolanos de hoy.

Vale la pena también destacar a los compositores de canciones que han dejado su huella en nuestra música: Otilio Galíndez, Neguito Borjas, Chelique Sarabia, Adelis Freitas, Guillermo Jiménez Leal, El pollo Sifontes, Ignacio Izcaray y Henry Martínez. Luego están los grupos de ensambles que han marcado pauta: Los Criollos, Los Antaños del Estadio, El Cuarteto, Gurrufío, El ensamble de Saúl Vera, Los Cuñaos, Raíces, El quinteto Contrapunto, etc. Son tantos los referentes que es imposible hacer una lista sin saltarse un nombre fundamental para nuestra música.

Estamos en tiempos de comunicaciones e intercambios activos. Tiempos en el que no hay espacio para el purismo y, sin embargo, sin el conocimiento específico de una tradición, se cae en el terreno de hacer cosas sin identidad, algo muy frecuente en estos días.

Aunque existen los intercambios culturales, las tradiciones tienen esa fuerza de la referencia, es un lugar donde siempre se puede ir a buscar no solo información sino un contenido con identidad. Es triste que la mayoría de los venezolanos no conozca ni de donde viene nuestra música ni muchos de los hombres que han hecho historia en ella. Sin duda, hay que hacer un arduo trabajo a nivel de educación para que se conozcan nuestros iconos de la música tradicional. Hay que rescatar la memoria. Esta se encuentra muchas veces perdida en el olvido, tenemos que buscarla hasta encontrarla.

Pero vienen nuevos tiempos y, en consecuencia, nuevos referentes. Es fascinante ver la cantidad de músicos de nueva generación que han investigado estos orígenes y están creando a partir de la tradición. Es complicado para ellos, porque no es el camino más fácil en este entorno contemporáneo. Además, nuestra música es muy compleja a nivel rítmico y es muy sofisticada. Por eso, como decimos en criollo, no es apta para “bates quebraos”.

Tiene contundencia saber que se puede ser contemporáneo y tradicional a la vez; eso es lo que esta sucediendo con nuestros músicos y cambia los paradigmas de quienes defienden la música sin identidad.

Las culturas son como la energía: se transforman. Muchos de los músicos del presente están trazando un camino que ya ha transformado nuestro universo musical. Sin duda, estamos a las puerta de un movimiento que, aunque sin nombre, dará de que hablar por muchas generaciones. Esto ha generado también muchas criticas, porque hay quienes ven las tradiciones como una suerte de museo intocable; otros que buscan que nuestra música tradicional entre en un marco “comercial”, muchas veces desvirtuando la esencia de la misma; otros que se conforman con un lenguaje básico (y lo que está sucediendo es musicalmente complejo), y otros que solo critican por criticar.

Lo cierto es que hoy en día tenemos un movimiento de músicos jóvenes que parten de los géneros populares venezolanos para crear su propia música llena de técnica, creatividad, inspiración y tradición, pero están en un mundo más subterráneo.

Al ser la puerta norte del sur, geográficamente, nos hemos visto expuestos a muchas influencias de nuestros vecinos, así como de lo que transita por nuestro territorio. Es un tanto extraño que esta globalización suceda en un ámbito mas underground que en los espacios más mediáticos. No me gusta pensar en negativo, por eso creo que es sustancial lo que está sucediendo en el espacio no superficial, en el mundo de lo subterráneo. Es, como diría El Principito de Antoine de Saint Exupéry: “Lo esencial es invisible a los ojos”.