Vía: Mundoclásico.com | Escrito por: Carlos M. Fernández Fernández

La hipótesis sobre la muerte de Britten formulada por Paul Kildea en su reciente obra Benjamin Britten. A Life in the Twentieth Century

La hipótesis sobre la muerte de Britten formulada por Paul Kildea en su reciente obra Benjamin Britten. A Life in the Twentieth Century

La hipótesis sobre la muerte de Britten formulada por Paul Kildea en su reciente obra La hipótesis sobre la muerte de Britten formulada por Paul Kildea en su reciente obra Benjamin Britten. A Life in the Twentieth Century [1] representa la última convulsión en la historiografía musical al atribuir a la sífilis la causa de la muerte de este compositor. A todas luces esta teoría parece equivocada y es más propia de las biografías escritas a mediados de la pasada centuria en las que la causa de muerte de la mayoría de los artistas era la sífilis o la tuberculosis. Como señala The Guardian, el 22 de Enero de 2013, la hipótesis es “extremadamente improbable”.  [2]A la espera de leer el original está breve nota tiene su origen en los comentarios sobre la obra que han aparecido en la prensa. Kildea, según la prensa, nos habla de que fue un “un portador sin síntomas de la sífilis”, la afirmación manifiesta un desconocimiento de la patocronía de la enfermedad. Si bien en una primera fase, las lesiones de la sífilis (el famoso chancro sifilítico) son asintomáticos y su localización es diversa (ano, zona perianal, boca, etc) estas lesiones rápidamente se ulceran, aunque siguen siendo indoloras, apareciendo después adenopatías en la zona. Esta lesión cura espontáneamente en 3-6 semanas dejando una cicatriz. A partir de esta fase entraríamos en lo que se puede denominar “sífilis latente” en la que el afectado puede transmitirla. ¿Sería Britten tan poco cuidadoso de su salud que no acudiría su médico para la consulta de estas alteraciones locales aunque indoloras? Por lo poco que conozco de su vida diría que no y las fotos que he podido consultar se le ve siempre muy preocupado de su imagen. Así que no puedo pensar que no consultara por esta alteración que, aunque indolora, afectaba a la estética de su físico. Otra duda que me salta es la cuestión económica ¿disponía de dinero para consultar a su médico y pagarse el tratamiento?, de esta faceta no dispongo de datos pero, no podemos decir que fuera un compositor que viviera en la pobreza absoluta. Desde que se inventaron las penicilinas sintéticas en 1946 precio de la dosis era de 0,55$. ¿Estaba Britten tan arruinado que no podría pagárselo?

Después de la curación del chancro, en un 25% de los sujetos con sífilis no tratada, aparece lo que se llama “sífilis secundaria” entre sus síntomas destaca los que aparecen en la piel, son una erupción simétrica que se extiende por la totalidad del tronco, abdomen, extremidades, plantas de los pies y palmas de la manos, suelen ser de un color rojo-cobrizo. De nuevo, el hecho hace pensar que si ante un signo de alarma como este Britten evitaría consultar con un médico, creo que cualquiera lo consultaría y nuestro protagonista también y el tratamiento, en la época, sería el mismo: penicilina.

Es a partir de esta segunda fase, cuando podemos, hablar de una “sífilis latente” que sería después de un año de la primoinfección y es en esta fase cuando aparece un mayor riesgo de transmisión dado que es asintomática. Como sugiere la información de Kildea, Britten estaría en esta fase, ¿alguien se puede creer que ante los síntomas visibles descritos no consultara con su médico y que este no lo hubiese tratado correctamente?

La sífilis terciaria, con la afectación cardíaca, que Kindea propone en su texto suele aparecer a partir del segundo año y hasta los 25-30 años de la primoinfeccion, apareciendo en aproximadamente un 50% de los casos no tratados adecuadamente. La afectación de la aorta ocurre a los 15-30 años de la infección inicial. Hay muchas causas, no solo sífilis, que pueden alterar esta válvula y todas desembocan en cuadros de insuficiencia cardíaca (cansancio, dificultad respiratoria progresiva) como sufría Britten en sus últimos tiempos. La única solución es el recambio de la válvula afectada que se venía realizando desde 1952 aunque con resultados nada alentadores debido al diseño de estas prótesis. Nuestro protagonista fue sometido a una intervención de este tipo, todos conocemos sus resultados, posiblemente porque la afectación de su corazón ya era irreversible, la afectación aortica también puede ser congénita y nos encontraríamos con un corazón que llevaba sufriendo una sobrecarga durante 63 años.

Siguiendo el testimonio de Kildea, del que no aporta más datos, cuando el cirujano “la aorta fue acribillada con sífilis terciaria”. Aunque si tenemos en cuenta que el diagnostico de laboratorio de la sífilis comienza en 1906 y desde ahí aumentan el número de pruebas de laboratorio y que las lesiones anatómicas que aparecen en la aorta son características, deja mucho campo en blanco. Más interesante es la opinión recogida en The Guardian, en la edición antes citada, del cardiólogo Michael Petch “no encaja con todo lo demás… no existe soporte para el diagnóstico serológico, bacteriológico, patológico o histológico. Mi creencia es que la historia original sobre la muerte de Benjamin Britten es que simplemente murió de insuficiencia cardíaca”.

Otro de los defectos que creo encontrar en la argumentación de Kildea es que “no fueron informada por el tabú social en relación con la enfermedad en el momento”. Inglaterra disponía, desde 1920, de 190 centros de tratamiento con supervisión estatal, a los que asistían pacientes, hombre y mujeres, a pesar de la sordidez de estos centros y del maltrato por parte de médicos y enfermeras. Este hecho pone de manifiesto que no existía ningún tabú social sobre la enfermedad, más bien existía un cierto estigma sobre la sexualidad que predominaría en una ética de pureza social que se manifiesta a largo del siglo XX y cuyo punto culminante seria la condena por homosexualidad del Alan Turing, uno de los padres de la inteligencia artificial, en 1952 quien tuvo que esperar hasta 2009 para recibir una disculpa oficial sobre su condena. Así no es de extrañar que Britten, estuviese más angustiado por su homosexualidad que por la enfermedad que se le atribuye, ya que en caso de sufrirla existía una red asistencial a la que acudir o podría asistir a un especialista en enfermedades venéreas en su consulta particular.

Lo único que está claro es que Britten después de la intervención cardíaca tuvo dificultades para escribir su música por dolores en el brazo, quizás en relación con la intervención quirúrgica, este problema fue el único detectado, su actividad quedó limitada hasta que la insuficiencia cardíaca le llevó a la muerte en 1976. El resto por lo del momento son hipótesis extremadamente improbables.

Notas:

1 Paul Kildea, “Benjamin Britten. A Life in the Twentieth Century”, London: Penguin UK, 2013, ISBN-13:9781846142321
2 Beng Goh, a consultant physician and expert in syphilis, has examined the medical records and has separately concluded that Britten was “unlikely” to have been suffering from cardiovascular syphilis (a form of tertiary syphilis that affects the aorta and aortic valve) as claimed. According to Goh, the tissue samples taken from the composer’s aortic valve, and written up in the medical notes, crucially revealed no evidence of syphilis. “To diagnose syphilitic aortic valvular disease, there should be evidence of vasculitis – inflammation of blood vessels,” said Goh. No such inflammation was reported. In addition, said Goh, the notes reveal “there no other clinical features … that would suggest syphilis as a possibility”. For example, said Goh, in such a case one would expect to see calcium deposits on the aorta – “but this was not present in the chest x-ray”.