MANUEL LINO / EL ECONOMISTA

El músico venera tanto lo que llama “música seria” como una fuente de significado para la existencia humana que considera que tal vez no nos sea posible ir “más allá” ni llegar más lejos.

Vladimir Ashkenazi

Vladimir Ashkenazi

Uno de los grandes intérpretes, como pianista y director, está de visita en México al frente de la Philharmonia Orchestra London: Vladimir Ashkenazi. Ayer ofrecieron un concierto en el Centro Nacional de las Artes (con piezas de Vaughan-Williams, Brahms y Beethoven) y hoy en la noche estarán en el Auditorio Nacional (con un programa ruso, el Concierto para violín y la Quinta sinfonía de Tchaikovsky y una obertura de Glinka).

En breve conferencia de prensa, Ashkenazi comenzó por expresar su agradecimiento a los patrocinadores de la gira (Avianca, BMW y City Group). “Están promoviendo la gran música, y la gran música es terriblemente importante, es uno de los grandes logros de la humanidad, que suele ser tan miserable, pero en este caso no lo es”.

Pero está claro que el gran promotor de esa gran música es él.

“Para contestar sus preguntas tendría que ser un gran filósofo, cosa que no soy”, dijo a los periodistas mexicanos. Pero por sus respuestas también quedó claro que sí es un gran filósofo. He aquí algunas de sus respuestas:

“Mentes más brillantes que la mía han dicho que la música es la más grande empresa espiritual que se haya acometido. Expresa cosas para lo que no podemos encontrar palabras, nos eleva a un nivel distinto y más alto de la existencia.

“Y sólo estoy hablando de la gran música, que a veces se llama música clásica, cosa que no me gusta y la llamo música seria. Y hay muchos ejemplos de personas que, por haberse acercado a la música seria, admiten haber llegado a ser mejores personas.

Ashkenazi contó entonces que en su escuela secundaria en Moscú los alumnos que asistieron los sábados a sesiones semanales de escuchar música seria tuvieron mejores calificaciones que los que no se quedaron. “Es sólo un ejemplo, pero cada vez que lo cuento me cuentan sus propios ejemplos de cómo la música hace mejores personas”.

Para Ashkenazi, “el entendimiento sobre nosotros mismos, sobre nuestra existencia, tiene un tremendo efecto en lo que producimos, y lo comunicamos a través del arte; la música es muy buena para eso…”

Pero “es muy posible que estemos ante la última frontera de lo que la música y otras artes pueden producir y tal vez no podamos ir más allá. Si podemos, estaría encantado, pero no estoy seguro de que podamos… Pero nunca debemos fallar en apoyar la gran música que ya se ha hecho.

A la pregunta de qué hace grande a esta música dijo: “No creo tener una respuesta. Digo cosas muy ordinarias al respecto… Tiene que ver con el don que la naturaleza les ha dado a estos grandes compositores y la identificación de ellos con el mismo, y un deseo incesante por aprender más y expresar tanto como uno pueda sobre nuestra existencia y la razón de nuestra existencia…

“Pero claro que estoy adivinando porque yo no tengo ese don maravilloso de hacer gran música, no sé cómo lo hacen y no creo que nadie lo sepa”.

La expresión personal

Sobre el concierto de violín de Tchaikovsky, la violinista Esther Yoo comentó que “es uno de los más bellos y de los más populares y, aunque tiene grandes retos técnicos y musicales, creo que el reto más grande se da porque es tan conocido… Lo que más disfruté fue tratar de encontrar mi propia interpretación y no dejarme llevar por las muchas otras interpretaciones que hay. Creo que hay una gran belleza en tratar de encontrar tu propia expresión”.

“Creo que vale la pena comentar que, en su estreno, este concierto no tuvo éxito alguno. Los críticos dijeron qué ordinario y aburrido, que no tenía futuro” dijo Ashkenazi.

Y agregó: “He dirigido este concierto tantas veces que ya no me acuerdo, y con muchos solistas diferentes. De la interpretación de Esther Yoo me gusta que no es afectada, es muy honesta y muy sincera, y es muy raro escuchar tantas notas correctas como cuando ella lo toca. Es muy difícil técnicamente, hay muchos pasajes que no son muy violinísticos, pero eso no se nota cuando ella lo toca. Es un gran placer”.