Marcado por un sinfín de retrasos y sobrecostes


Vía: www.elimparcial.es | Por Alicia Huerta

Hamburgo estrenó por fin esta semana la Filarmónica de Elba, el proyecto cultural más caro de Alemania, marcado por un sinfín de retrasos y sobrecostes. El edificio, un prodigio arquitectónico y acústico, se presupuestó en 2002 en 77 millones de euros y se ha finalizado casi 15 años después con un coste de 789.

Joachim Gauck, presidente de Alemania, en presencia de Angela Merkel y los principales cargos políticos del país, asistía esta semana a la apertura oficial de un edificio que ha provocado en los responsables de su construcción un quebradero de cabeza que parecía no tener final. De hecho, el acto inaugural presidido por Gauck llegaba con siete años de retraso que, en todo caso, el prodigio de su resultado, alabado por todos, servirá para olvidar lo antes posible el camino plagado de obstáculos que hubo de recorrerse hasta este mes de enero de 2017. Un polémico trayecto al que el presidente alemán no eludía referirse: “Hoy inauguramos una casa que ha sido a la vez sueño y pesadilla, desastre y maravilla”, reconocía abiertamente, antes de que la música se convirtiera por primera vez en la verdadera protagonista de la “casa” construida para ella. Los asistentes podían relajarse, por fin, en el auditorio principal con aforo para 2.100 personas al compás del concierto dirigido por Thomas Hengelbrock, que arrancó con la apertura del Prometeo de Ludwig van Beethoven y donde se estrenó una pieza del compositor Wolfgang Rihm.

La espera para vivir ese momento se había prolongado 14 años, desde que en 2003 se encargó su diseño al prestigioso grupo suizo de arquitectos integrado por Jacques Herzog y Pierre de Meuron, con sede en Basilea, sucursales en Madrid, Pekín, Londres y Nueva York y originales edificios construidos por todo el mundo, como el Caixa Forum madrileño, las bodegas Dominus de California y la que ha sido una de sus obras más emblemáticas: la ampliación de la Tate Modern en Londres. Precedidos por su merecida fama y en el marco del proyecto urbanístico conocido como HafenCity, el Gobierno de Hamburgo aprobó en 2002 la construcción de la Filarmónica del Elba diseñada por Herzog & de Meuron. Sobre un antiguo depósito del puerto de Hamburgo se levantaría una enorme vela de vidrio para albergar una gran sala de conciertos, oficinas y un hotel. Una obra que debería haber puesto la última piedra en 2009 a un precio de 77 millones de euros – 65 de ellos aportados por acaudaladas y generosas familias de Hamburgo -, pero que disputas entre administración, constructora y arquitectos, así como diversos problemas legales, retrasaron y aumentaron, por supuesto, el coste presupuestado. Primero se elevó a 320 millones, luego hasta los 585 y, cuando alguien se percató de que no se habían calculado los impuestos, quedó en 789 millones. En definitiva, 10 veces más.

Hoy, superados obstáculos que en algún momento llegaron a parecer insalvables – las obras se paralizaron año y medio y el gobierno de la ciudad demandó a la constructora Hochtief antes de llegar a un acuerdo -, las localidades en el Elphi están agotadas. Al concierto inaugural del pasado miércoles 11 de enero, le va a seguir un intenso festival de tres semanas con, entre otros atractivos, Riccardo Muti dirigiendo a la Orquesta Sinfónica de Chicago el 14 de enero o el primer concierto de “jazz” a cargo del pianista norteamericano Brad Mehldau, el día 16. En el escenario principal también se podrá escuchar conciertos de órgano, misas solemnes o cuartetos. Solo en los seis primeros meses del año pasarán por ahí las batutas de Ken Nagano, Riccardo Mutti, Semyon Bychkov, Simon Rattle, Daniel Barenboim y Gustavo Dudamel, cada uno al frente de su orquesta titular. También lo harán solistas como la pianista británica Mitsuko Uchida, la organista letona Iveta Apkalna, la mezzosoprano Cecilia Bartoli y el tenor Jonas Kaufmann. En marzo, la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar, conducida por Gustavo Dudamel, tocará las nueve sinfonías de Beethoven con un esperado concierto bajo el título “¡Viva Beethoven!” con la participación de la Sinfónica de Viena, la Sinfónica de Chicago y la banda berlinesa Einstürzende Neubauten, previa instalación acústica del padre del new age Brian Eno. Y esto, el fundamental capítulo de la acústica, está muy bien garantizado. Los arquitectos suizos se empeñaron en trabajar con el número uno del mundo, el japonés Yasuhisa Toyota, de Nagata Acoustics, responsable también de la Filarmónica de París y el Wall Disney Concert Hall de Los Ángeles.

Hamburgo ya luce orgullosa este nuevo templo musical y el alcalde-gobernador de la ciudad, el socialdemócrata Olaf Scholz, quiere que el mundo compruebe que la espera y el sobrecoste han valido la pena: “La Filarmónica es nuestra nueva tarjeta de visita y da la bienvenida a todo aquel que se acerque a Hamburgo”, aseguró durante la presentación, pese a que hoy por hoy no hay localidades adquiribles para ningún concierto en toda la temporada.