El proyecto cultural más caro de Alemania, cuya ejecución duró más de una década marcada por retrasos y sobrecostes hasta erigirse en un prodigio arquitectónico y acústico, en la nueva joya de Hamburgo.


Vía: www.mandua.com.py
Con información: www.expansion.com | www.plataformaarquitectura.cl | www.dw.com/es

Al son de un concierto de la NDR Elbphilharmonie Orchester dirigido por Thomas Hengelbrock, acompañado por  la soprano Anja Harteros y el tenor Jonas Kaufmann -la apertura del Prometeo de Ludwig van Beethoven y el estreno de una pieza del compositor Wolfgang Rihm- el pasado 11 de enero se inauguró la gran sala sinfónica de la Filarmónica del Elba, Elbphilharmonie (conocida también como Elphi) a orillas del río del mismo nombre en la ciudad alemana de Hamburgo. Desde ese momento  es la orquesta residente del auditorio llamado también “cáscara de nuez” por su estructura.


Le siguió un festival de tres semanas de extensión con la presencia de la Orquesta Sinfónica de Chicago, la Orquesta Sinfónica de Viena y la banda berlinesa Einstürzende Neubauten. Y este mes, se adueñará de la “cáscara de nuez” la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar, una de las más importantes de Venezuela y Latinoamérica, conducida por Gustavo Dudamel, tocará las nueve sinfonías de Beethoven con un esperado concierto bajo el título ¡Viva Beethoven!


En el escenario principal también se podrá escuchar conciertos de órgano, misas solemnes, sonidos indios y cuartetos.

Pero no solo de música vivirá la Filarmónica de Hamburgo. Con 16.000 m2 de fachada, equivalente a dos campos de fútbol, incorpora, además, otra sala de conciertos con capacidad para 550 espectadores, 45 exclusivos apartamentos y el hotel de cinco estrellas Westin Hamburg, de 250 habitaciones, restaurantes y una plaza con vistas del puerto y la ciudad.

Saludada como la obra más importante del año

El emblema del nuevo Hamburgo -macroproyecto de los arquitectos Herzog y de Meuron que aspira a ser el motor de un profundo cambio urbano- se ha convertido en el proyecto cultural más caro de Alemania cuya ejecución estuvo marcada por un proceso de construcción accidentado y el progresivo encarecimiento de la obra.

Cuando se dispararon los costos, la ciudad de Hamburgo elevó los precios de las guarderías infantiles y cerró transitoriamente uno de sus museos más importantes para compensar el déficit fiscal resultante. De ahí que fuera objeto de severas críticas, causa de airadas protestas y centro de un escándalo administrativo.

Los arquitectos creen que este es un proyecto para el siglo XXI: “No se podría haber hecho antes. La idea de poner a la orquesta en el medio no es nueva. Tampoco que la acústica imponga el diseño del graderío. Lo fascinantes es ver cómo gradas y paredes crean una unidad espacial, elevándose como una gran carpa hasta el techo, que no está completa sin la presencia de los espectadores y los músicos. Aunque está oculto al exterior, el auditorio define la estructura de todo el edificio, un icono de la ciudad, un nuevo acento en el horizonte plano de la ciudad”. Si este edificio está llamado a ser la gran obra arquitectónica de la temporada es también debido a su impactante fachada, que exhibe una construcción encima de otra en dramático contraste.

El complicado nacimiento y evolución de Elphi

Los trabajos de construcción comenzaron en el 2007. La primera misión: sanear la infraestructura de un histórico depósito del puerto de Hamburgo. Ese fue el principio de la accidentada historia de la Elbphilharmonie: sólo en el año 2011 se registraron cuatro mil errores de construcción.

Algunos sostienen que la nueva niña bonita de la segunda ciudad más poblada de Alemania no se explica por la necesidad de otra sala de conciertos, sino que nació como respuesta a una pregunta: ¿qué hacer con el antiguo almacén? La estructura de este edificio neogótico, conocido como el “zócalo de ladrillos rojos” y, el más grande del puerto, quedó muy dañada por los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. Desde entonces sirvió como depósito donde se llegó a almacenar toneladas de café, té, cacao y tabaco. Pero en los noventa quedó en desuso. En las Navidades del 2001, los impulsores del proyecto viajaron a Basilea para enseñarle a Herzog y de Meuron una fotografía antigua del almacén. Con unos pocos trazos, los arquitectos ganadores del Pritzker esbozaron una ola sobre el edificio de ladrillo rojo. La Filarmónica del Elba acababa de nacer.

Las cosas se complicaron rápidamente. Las disputas entre los diferentes agentes -administración, constructora y arquitectos- y diversos problemas legales han sido los causantes de los retrasos, acompañados de abultadísimos sobrecostes.

Hubo tiempos en que los constructores trabajaron día y noche para terminar la sede de la Filarmónica del Elba. Ella debía haber sido inaugurada en el 2010 a un precio de 77 millones de euros -65 aportados por las ricas familias de Hamburgo-, pero el presupuesto pronto se elevó hasta los 320 millones, luego hasta los 585 y, cuando alguien se percató de que no se habían calculado los impuestos, quedó en 785 millones, diez veces más. Se dice que los contribuyentes de Hamburgo recuperarán parte de ese dinero gracias a los aportes hechos por otros inversionistas.

Cuando se dispararon los costos de la sede de la Filarmónica del Elba, la ciudad de Hamburgo elevó los precios de las guarderías infantiles y cerró transitoriamente uno de sus museos más importantes para compensar el déficit fiscal resultante. De ahí que esta obra de construcción fuera objeto de severas críticas, causa de airadas protestas y emblema de un escándalo administrativo.

Según un estudio de 2014, la Filarmónica de Hamburgo está entre los diez rascacielos más caros del mundo. De la euforia inicial pronto se pasó a la desesperación. El Gobierno regional llevó a la constructora Hochtief a los tribunales por incumplimiento de contrato; un informe parlamentario achacó los retrasos a unos políticos sobrepasados y una dirección de obra caótica… “Caos en todos los niveles”, titulaba el periódico Süddeutsche Zeitung en el 2014.

“No se construyó por motivos culturales, sino como una gran herramienta de marketing que atrajera a turistas e inversores. Es además un modelo de arquitectura que no me interesa: solo busca dejarte con la boca abierta, no es democrático”, asegura Twickel, autor de El boom de la gentrificación o una ciudad para todos.

Construida sobre un histórico almacén frente al río Elba, la Elbphilharmonie cerró un proyecto que tomó trece años desde su encargo en el 2003. De hecho, el proyecto fue tema de una instalación de la propia oficina Herzog & de Meuron en la XIII Bienal de Venecia de 2012. En la exhibición, la historia del proyecto fue documentada con modelos tridimensionales del complejo edificio de servicios; fotografías panorámicas a través del sitio en construcción y grandes modelos a escala, cuya presencia física y espacial representan lo que los arquitectos deseaban en primer plano: arquitectura pero también  demostrando el intenso debate que ha rodeado al proyecto en los últimos años. La historia de la Elbphilharmonie ofrece una visión de los extremos que marcan la realidad de la planificación y construcción hoy en día.

El edificio y la gran sala de conciertos

Convertido en el nuevo símbolo de Hamburgo, el edificio combina un histórico depósito de café, cacao y tabaco con una valiente estructura de vidrio que parece flotar en el aire. Las placas de vidrio están sujetas con 362 muelles de acero. Su cubierta ondulada es una referencia a la ubicación en el puerto y a las ondas sonoras. La sala de conciertos está desacoplada del resto de la construcción, por lo que el ruido del puerto no puede penetrar.

Las emblemáticas curvas del techo -cuyo leitmotiv ha sido el oleaje del río Elba- son ubicuas también puertas adentro; saltan a la vista en las terrazas y los ventanales de los apartamentos de lujo que alberga el enorme edificio.

La plaza está ubicada a 37 metros de altura sobre el nivel del río Elba, entre el histórico Zócalo de Ladrillos Rojos y la flamante estructura de cristal, ofrece una vista panorámica de la ciudad.

La sala de conciertos con capacidad para 2100 asientos que, como la Scala de Milán y la Philaharmonie de Berlín, deja justo en la mitad el escenario, a cuyo alrededor ascienden las gradas a modo de “terrazas de un viñedo”, como describen Herzog & de Meuron. Más impresionante es verla envuelta en la que se apoda como “la piel blanca”, compuesta de 10.000 placas de fibra de yeso en cuya producción se ha empleado papel reciclado. Ninguna es igual, pesan desde 35 hasta 125 kilos. Dependiendo de dónde estén colocadas describen un dibujo u otro según un complicado algoritmo desarrollado por un programa 3D que mide el efecto de choque de las ondas de sonido en relación con este auditorio, que se eleva hasta los 50 metros de altura. Las mullidas butacas, diseñadas por la firma italiana Poltrona Frau, tienen el mismo efecto en la acústica haya o no personas sentadas. Importante detalle para no llevarse sorpresas al abordar un concierto abarrotado de espectadores tras un ensayo sin público. Remata la escena un gigantesco órgano de 4765 tubos.

Por debajo se levanta el almacén Kaispeicher A, construido en los años 60 para guardar tabaco y cacao, función que cumplió hasta finales del siglo pasado. Está hecho de finos ladrillos, una tradición arquitectónica propia de la ciudad.

En su cresta más alta la Elphi alcanza los 110 metros de altura, simulando con la línea de la azotea una sucesión de olas, dominando la Speicherstadt (ciudad de almacenes), el mayor complejo de almacén histórico del mundo cuyas calles son canales y puentes, que junto al distrito Kontorhaus han sido declarados por la Unesco como sitios de Patrimonio Mundial.

Lo que hace diferente a este inmueble es su planta cuasi triangular, de geometría abstracta, que enamoró a Herzog & de Meuron que dejaron en pie sólo las paredes y, sobre la superficie cenagosa, clavaron 650 pilares más que añadir a los existentes 1111 para levantar encima siete plantas de estacionamiento, salas de ensayos y una gran escalera mecánica de 85 metros de largo. Según los arquitectos, “proporciona a quienes la usan una sorprendente experiencia espacial al estar vedada la vista de su final desde los extremos”.

Como elevado en suspensión se asienta el siguiente bloque, en este caso recubierto por una gigantesca superficie vidriada que en palabras de sus artífices, “transforma el edificio en un cristal iridiscente cuya textura cambia de apariencia al captar los reflejos del cielo, el río y la ciudad, convirtiendo la fachada en un intrincado puzle”. Para conseguir este efecto se recubrió de 1100 paneles de entre cuatro y cinco metros de ancho cada uno y un peso de poco más una  tonelada. La forma abombada de muchos de ellos fue posible gracias a su moldeado a 600 ºC, con un doble objetivo: ahondar en las referencias a la superficie irregular del agua y poder abrir ventanitas en los laterales, a fin de refrescar con ventilación natural el interior de la Filarmónica. Otros se mancharon con motas de basalto, las cuales repelen el efecto invernadero producido por el reflejo de los rayos del sol.

El edificio, que conecta la zona del puerto con el centro de la ciudad, se convierte a partir de ahora en el nuevo símbolo de Hamburgo, así como la Ópera de Sydney, la Filarmónica de Berlín, el Walt Disney Hall en Los Ángeles y el Lincoln Center de Nueva York.

De la acústica se encargó Yasuhisa Toyota, uno de los mejores ingenieros del mundo en ese ámbito. Las ondas sonoras son absorbidas por las ropas de los presentes. Para hacer los ajustes necesarios construyó una maqueta de la gran sala en escala 1:10 junto con muñecos de tela que hacían las veces de público. Cuando se producían reverberaciones, hacía los ajustes necesarios.

Por si fuera poco, la Filarmónica es la guinda al desarrollo urbano más ambicioso visto en Europa en los últimos años, el que transforma el distrito portuario de Hamburgo, la Speicherstadt -esto es, la ciudad almacén-, en la flamante Hafen City, que con una superficie de 155 hectáreas supone ampliar el centro urbano en un 40 por ciento y recibir a 14.000 nuevos residentes.