Vía: Salta21.com | Por José Mario Carrer

Este nuevo y esperado regreso del maestro fundador de la sinfónica local, despertó el entusiasta desborde del oyente.

Felipe Izcaray

Felipe Izcaray

Las notas de programa fueron buenas. Pero la presentación de cada obra del repertorio ofrecido por el maestro Izcaray donde él explica su visión estética del material musical, no tuvo desperdicio y ayudó, sin dudas, a la comprensión cabal de cada composición. En lo que a mí respecta debo decir que me agrada ese estilo que ya no depende del lugar donde se realiza el concierto, sino depende de la intención que el conductor desea imprimir a su labor. He tenido la oportunidad de ver y escuchar, fuera de mi país, a grandes nombres del podio hacer lo mismo como así también a otros que no tienen esa costumbre. El tema da para un comentario más profundo que conduzca a entender las motivaciones de actitudes tan contrapuestas. De todas maneras este nuevo y esperado regreso del maestro fundador de la sinfónica local, despertó el entusiasta desborde del oyente no sólo por el programa expuesto, sino por la calidad de su conducción: clara, comunicativa a músicos y oyentes, delicada por momentos, arrolladora en otros, precisa, cuidadosa, detallista, llevando la orquesta a planos de infinita exquisitez como a expresiones de poderosa sonoridad.

Benvenuto Cellini fue un grabador, escultor y escritor del Renacimiento florentino de temperamental personalidad y sobre él Berlioz compuso una ópera que pasó años hasta ser aceptada por el diletante. Fue una lástima pues su estreno significó un fuerte golpe a las esperanzas del compositor francés, el cual, a posteriori, extrajo de ella el material necesario para escribir la conocida y bella obertura con la que comenzó la noche. Izcaray tuvo una lectura brillante y trató el “saltarello” como introducción a la bellísima melodía del corno inglés de Paula Daffra cuyo sonido fue rodeado por el recatado marco sonoro del “tutti”, lo cual no fue impedimento para exhibir limpiamente la cualidad de eximio orquestador del compositor galo.

Llegó el turno de la segunda de las rapsodias escritas por el húngaro Bartok para violín acompañado de un grupo instrumental reducido. La solista fue la “concertino” de la orquesta: la dotada Ana Cristina Tarta, que cumplió largamente con la exigencia virtuosa de su parte. La “rapsodia” es una página típica del romanticismo que no responde a un esquema constructivo atado a leyes y convenciones formales de un concierto. Pero debo reconocer que tampoco estoy hablando de una obra de fácil acceso. Es tremendamente difícil aún cuando está asentada en el folclore húngaro-rumano, con ese conocido aire gitano del notable compositor. Tarta -que domina esa expresión de su tierra natal- fue muy aplaudida y entonces, con la participación al piano de Javier Anderlini, entregó como bis, la cuarta de las Danzas Rumanas de Bartok.

Finalmente el segundo estreno de la noche. Izcaray sabía de la programación que para el año se preparó para la orquesta en la cual hay no pocos estrenos y tal vez por ello decidió dar a conocer al público local las dos primicias de esta noche. La segunda fue esta pseudo descripción de siete planetas. Faltaban Tierra y Plutón. La primera porque en ella se construyó la obra y el segundo, fue una premonición de Holst pues en el 2006 la Unión Astronómica Internacional decidió no considerarlo como planeta, por lo que en rigor, nuestro sistema solar tiene solamente ocho. Holst decidió, no solo una instrumentación lujuriosa sino también nombrar cada uno de su extensa op. 32 -dura cincuenta y dos minutos- con los nombres de los planetas pero teniendo en cuenta su originario correspondiente a los dioses romanos y además colocados en un orden arbitrario sin tener presente su relación solar. Se requería una gran orquesta y un conjunto de cámara de voces femeninas. Por ejemplo la primera tenía seis cornos, dos arpas, dos tubas, dos juegos de timbales, una percusión numerosa, más la habitual cantidad de metales, maderas y cuerdas. El segundo fue un grupo de cámara de quince voces iguales preparado por la Mª Yeny Delgado, ubicado tras bambalinas, para la notable serenidad de Neptuno, pasaje que cierra maravillosamente la obra. Su inicio fue el poderoso Marte, el dios de la guerra. Luego la tierna y pacifica Venus. Siguió Mercurio, el dios de la comunicación. Luego la magnificencia del alegre Júpiter que además contiene formas himnarías en su construcción. Llegó también el dueño del tiempo y la sabiduría con Saturno y la mágica picardía y travesuras, por decirlo de alguna manera, con Urano. En resumen, Los Planetas de Holst no describen nada sino que sus ideas sonoras están destinadas a despertar sensaciones auditivas del oyente a partir de los nombres de cada movimiento.

El maestro se mostró feliz y agradecido por la respuesta orquestal al punto que al día siguiente se dio a conocer, en las redes sociales, un mensaje en ese sentido que contiene conceptos elogiosos para los músicos de la que a pesar de todo, aún sigue considerando “su” orquesta. Como respuesta y desde aquí, su conducción fue irreprochable.

Salta, agosto 1 de 2013. Teatro Provincial. Solista: Ana Cristina Tarta (violín). Orquesta Sinfónica de Salta. Director Honorario Maestro Felipe Izcaray. Héctor Berlioz (1803-1869) Obertura Carnaval Romano. Bela Bartok (1881-1945) Rapsodia para violín y orquesta nº 2, Sz 90 (*). Gustav Holst (1874-1934) Los Planetas op. 32 (*). Aforo 85%. (*) Estreno para Salta.