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Guanajuato, Gto. “Fue el momento oportuno para que un libro mirara hacia el siglo XX, que apenas terminó, y dar sentido a este periodo extraordinario para mostrar su complejidad y drama, dice en entrevista exclusiva con La Jornada Alex Ross, crítico de música de la revista New Yorker desde hace 18 años, a propósito del The rest is noise, publicado en español por Seix Barral, con el título El ruido eterno, y considerado ya un bestseller.

La crítica musical parece morir; es difícil ejercerla: Alex Ross

La crítica musical parece morir; es difícil ejercerla: Alex Ross

Expandir los horizontes, plantear una nueva forma de hablar de música, no cerrarse entre las paredes de las salas de conciertos, ¿es parte de la estrategia de sobrevivencia? El crítico estadunidense no opina que sea obligatorio, pero puede ser un beneficio.

Vivimos tiempos difíciles para la crítica musical y para el periodismo y, por supuesto, para la música clásica, afirmo el reconocido crítico Alex Ross.

Los críticos casi han desaparecido de las páginas de periódicos y revistas, detalló al dictar una conferencia en la Universidad de Guanajuato.

Sin embargo, en un mundo donde parece que la profesión de Ross se desvanece entre el mar inasible de la Internet, su libro es un best seller.

Ante la contradicción, dice estar asombrado por este fenómeno, pues es un éxito muy raro para un libro sobre música. “Si quieres enriquecer tu audiencia ayuda mucho referir hacia afuera de este mundo puro de música clásica, otras formas de cultura, como el pop. Las personas tienen cierta resistencia a la música clásica, porque piensan en élites y que es difícil”.

El tema es parte de la conversación con los críticos en todo el mundo, con quienes comparte experiencias y conocimientos. Aunque, “al final, es un trabajo solitario en el escritorio. Aprendo constantemente de mis colegas, pero después encuentras tu voz individual como crítico”.

Amar al lenguaje, estar inmerso en la literatura, afirma, es su principal herramienta, sobre todo porque su público lector abarca una amplitud, desde el experto hasta aquellos que casi no saben nada. Acompañado por la poesía de Wallace Stevens para pescar algo de inspiración, en medio de tanto ruido, es parte de esta forma de vida.

Nacido en 1968, recuerda que de joven si quería saber de música tenía que ir a la tienda a buscar los discos, a las bibliotecas o a las salas de conciertos. Ahora ha cambiado, puedes escuchar muchas cosas, “lo cual es bueno y malo”. Lo primero, porque tienes toda esta música disponible, pero hay tantas posibilidades, que puedes estar perdido entre tanto ruido.

“Y es parte del trabajo del crítico ser un filtro para decir qué escuchar, a cuáles compositores y músicos poner atención”. Y la disponibilidad puede ayudar a acercar a las orquestas, pero “estas instituciones para sobrevivir necesitan recursos, que la audiencia compre boletos y vaya a las salas”.

La conferencia de Alex Ross inauguró un encuentro de críticos y talleres de formación en música y artes escénicas, propuesta del 42 Festival Internacional Cervantino (FIC), como apuntó su director Jorge Volpi, al presentar al experto estadunidense en la mesa titulada El estado actual de la crítica musical.

Durante su charla de casi una hora ante estudiantes y especialistas, Ross hizo una fotografía del panorama como lo ve desde Estados Unidos, su país de origen. Cordial, intimidado al momento en que le toman fotografías, movía las manos expresivamente, como un espejo de lo que suele mirar, un símil del director de la Filarmónica de Berlín, sir Simon Rattle, a quien apenas vio semanas atrás en Nueva York.

La labor del crítico musical estuvo en disección. Una profesión que parece morir ante las múltiples críticas que se esparcen en blog o redes sociales, en lo que parece ser un suicidio del periodismo, porque “cada día es más difícil vivir” de este trabajo. El pago implica asumir una responsabilidad y ayuda a mantener una independencia de lo que se escribe, apuntó.

Al final, en la sala, dentro de la Universidad de Guanajuato, luego de tratar de responderpor qué la música contemporánea pierde público, firmar libros y tomarse algunas fotos, Irvine Arditi, violinista del cuarteto de ese nombre, se acercó a Ross y le comentó que la música clásica llenaba salas porque era popular en otros tiempos. Ahora la música del pueblo es otra.