Por Jesús Alcívar

Trujillo fue homenajeada por sus  456 años de fundada, el pasado  miércoles 16 (función privada) y el jueves 17 (función abierta al público) de octubre del año en curso; en la Sala Simón Bolívar  del Centro Nacional  de Acción Social por la Música, en Caracas. En este artículo, nos permitiremos comentar, en especial, sobre la segunda función.

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La Sinfónica Juvenil Teresa Carreño y su director, el maestro  venezolano Christian Vásquez, fueron los encargados de homenajear a dicho estado venezolano de la región andina.  La cita musical, pautada para las seis de la tarde, dio inicio con el Concierto Nº 2 para Violín y Orquesta (en Fa Mayor) Op.15 (ejecutado por primera vez en el país) del compositor  británico Benjamín Briten (primer músico/compositor que recibió un título nobiliario). Teniendo como solista, al maestro venezolano, Alexis Cárdenas; cuya magnífica interpretación junto a la orquesta, se paseó de manera magistral por los  tres movimientos de la obra (Moderato con moto, Vivace, y  Andante lento) y arrancó del público los merecidos aplausos, que obligaron al virtuoso violinista zuliano, a entrar y salir de la sala mas de tres veces. El maestro Cárdenas, acotó que deseaba dejar en el público ese sabor medio trágico del final del “Britten”, pero que en tal caso, haría un bis, y ese bis, debía ser un “Bach”. Se despidió con los aplausos de los presentes, que lo acompañaron desde su reverencia en el escenario, hasta la salida del mismo.

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Luego de quince minutos de intermedio, comenzaron a entrar  a la sala, los integrantes del Coro Sinfónico Juvenil Simón Bolívar  para posesionarse  en la tarima ubicada detrás de la orquesta,  más un grupo de niños y niñas que cantarían también en esta obra de la segunda parte, desde los balcones paralelos del escenario. Junto al maestro Christian, entraron los solistas: la soprano Mariana Ortiz, el contratenor Fernando Escalona, y el barítono Carlos Eduardo López . Era  “Carmina Burana”, obra basada en 24 poemas de un manuscrito medieval del siglo 12, titulado con el mismo nombre del compositor alemán Carl Orff; quien los divide en tres partes: la naturaleza, la taberna, y el amor. Enmarcada por una obertura y un coro final que alaban a “Fortuna”,   la diosa del destino.

La obra más representativa de Orff , que suscitó un atractivo instantáneo en su primera representación en Frankfurt), ejemplifica la búsqueda de un idioma que pueda revelar el maravilloso y gran  poder de la música.Avanzaba de manera sublime en la version del maestro Vásquez, apelando a la musicalidad   fundamental del público, que según Orff, todo ser humano posee. El lenguaje irresistible de la obra, creó la atmósfera necesaria de “sentimiento primitivo” en todos los asistentes.

Culminó el concierto con una lluvia de aplausos, de un público  contagiado de la energía dinámica e incisiva de la obra, presente en el ambiente.