Cómo se maneja el despido de una estrella y el impacto organizacional que genera; un tema crítico es buscar un reemplazante


Vía: www.lanacion.com.ar | Por Andrés Hatum

Cada vez más, el trabajo de un CEO -decía Peter Drucker- se parece mucho al trabajo más complejo que conozco, que es dirigir una ópera: tienes tus estrellas y no puedes darles órdenes; tienes al elenco y a la orquesta; también a la gente que trabaja detrás de escena; y a la audiencia. Cada grupo es completamente diferente”.

Joseph Volpe ha sido director General del MET, así llamada la ópera de New York, por 14 años entre 1990 y 2006. Cuando se retiró de uno de los teatros líricos más importantes del mundo contaba con 42 años de experiencia en el MET en diferentes posiciones. En febrero de 1994 Volpe tomó una de las decisiones más trascendentes en el mundo de la lírica: a 10 días del estreno de la temporada, decidió despedir a la estrella del momento Kathleen Battle. En una declaración sin precedentes en la industria, Volpe dijo: “Las acciones poco profesionales de Kathleen Battle durante los ensayos (…) fueron profundamente perjudiciales para la colaboración artística entre los miembros del elenco (…)”. ¿Por qué despedir a la estrella de una organización? ¿Cómo afecta la performance de una organización despidiendo a alguien renombrado en el mercado?

Volpe, un conocedor de las personalidades y emociones en el mundo de la ópera comenta: “Cada cantante en el MET es único, pero hay una generalización que se puede hacer: entre más agudo el registro vocal, más temperamental es la persona. En otras palabras, cuando hay problemas es más probable que los mismos vengan de una soprano o un tenor y no de una mezzo, barítono o bajo”.

No solo hay divas, hay divos también en el ambiente de la ópera como eran los casos de Luciano Pavarotti y Plácido Domingo, dos tenores asociados al MET. Ambos tenían veto sobre las artistas que cantaban junto a ellos. Pavarotti “prefería cantantes delgadas. De hecho se opuso al casting de una cantante búlgara, Ghena Dimitrova, como Tosca diciendo: «¿Cuál es el punto de tener dos elefantes en el escenario?»”.

Kathleen Battle se convierte en estrella del MET a mediados de la década de 1980. Sus recitales se vendían como los de estrellas de rock. En esa época Battle dejó de ser afable y extrovertida como solía ser. Comenzó llegando tarde a las prácticas y ya no socializaba con otros miembros de las obras. Mientras Battle se convertía en una perfecta diva fría y alejada de sus colegas, las críticas hacia su trabajo pasaban de ser entusiastas a endiosarla. Un ejemplo basta para entender el comportamiento de la cantante. Los teatros líricos suelen otorgar el primer camarín al rol de la Condesa en la ópera Fígaro. Kathleen Battle tenía el rol de Susana y Carol Vaness el de la Condesa. Battle tenía un camarín prácticamente similar al de la Condesa. Cuando Carol Vaness estaba ensayando, Kathleen fue al camarín de Carol, lo vació de sus pertenencias, las puso en el pasillo y se mudó allí.

Luego de varios desplantes y destratos, Joseph Volpe decidió despedir a Kathleen Battle “El representante de Battle, el poderoso Ronald Wildford, me dijo que si avanzaba en una medida tan extrema pensara en mi obituario. Todo lo que dirá es que era la persona que despidió a Kathleen Battle. Mi respuesta fue que más gente iría a mi funeral.”

Luego de la decisión de despedir a Battle, Volpe le pidió al área de comunicación que trabajara sobre la declaración a la prensa con la orden de decir la verdad y no las excusas usuales. Uno de los temas más críticos cuando se despide un talento en una organización es buscar quien lo reemplace. Esa decisión ya había sido meditada por Volpe: “Pedí a todo el elenco de la ópera donde Kathleen Battle ensayaba, La Fille du Régiment, de juntarse a las 11 horas. Cuando todos estuvieron les dije ‘Kathleen Battle no va a cantar más en La Fille du Régiment. Estoy feliz de anunciarles que el rol de Marie será cantado por Harolyn Blackwell. Ningún artista es más importante que la obra que se está llevando a cabo. Es mi responsabilidad proteger la integridad de esta gran compañía.”

La reacción del staff del teatro fue muy positivo, así como el de la industria: “todos aplaudieron, gritaban ¡Bravo! Recibí felicitaciones de directores generales de otras óperas alrededor de Europa y América. Ernst Fleisheman, director ejecutivo de la filarmónica de Los Ángeles escribió diciendo: «Alguien tenía que decir basta. Es bueno para todos»“.

“Desde ese momento me pregunté y cuestioné si la decisión de echar a Kathleen Battle fue parte para establecer mi autoridad en el MET. Tal vez. Pero no hay dudas de que ese acto me facilitó muchísimo el manejo de las estrellas. Desde ese momento, todos los que venían a trabajar al MET sabían que había un límite a la tolerancia de la compañía al comportamiento no profesional (…) Cuando todo se calmó, llamé a Kathleen Battle con la intención de sugerirle que requiriera apoyo y ayuda. Dejé un mensaje. Nunca me lo devolvió”. Al autor de esta nota también le fue imposible contactar a la cantante para que comente sobre este tema.

Luego de 22 años de su despido del MET, Kathleen Battle volverá a cantar en la ópera de New York el 13 de noviembre invitada por el sucesor de Joseph Volpe, Peter Gelb. El despido de Battle fue letal para su carrera: ningún teatro lírico la contrató jamás para cantar ópera. Battle, sin embargo, se reconvirtió y fue una exitosa cantante de música sacra, jazz y spirituals.