Cuando el jazz se cruzó en la vida de Pannonica Rothschild, olvidó que pertenecía a uno de los clanes más influyentes y ricos del mundo. Se enamoró de Thelonius Monk y se dedicó a acoger a músicos: Charlie ‘Bird’ Parker murió en su casa

Vía: ISABEL IBÁÑEZ | http://www.lasprovincias.es
Había clubes de jazz en sótanos, lugares en tinieblas donde esconderse entre el humo y el olor a bourbon para disfrutar de esa música de negros que es, es… Mejor que hable Duke Ellington: «El jazz siempre ha sido como el tipo de hombre que no te gustaría para tu hija». Resumen de la vida de Pannonica Rothschild (1933-1988), sí, de los Rothschild banqueros, esa familia obscenamente rica e influyente que vio cómo uno de sus miembros tomaba un camino más que alternativo.

Hannah Rothschild

Hannah Rothschild

Hanna Rothschild, sobrina nieta de Nica, así la llamaban, publicó un libro en 2012 que la editorial Circe acaba de traducir (‘Pannonica’) y en el que repasa la vida de su tía abuela. Atención a las líneas en las que describe su primer encuentro, en 1984, cuando la encontró sentada en la mejor mesa de un club de Nueva York, la única blanca del lugar, tenía ya 71 años: «La Nica que tenía ante mis ojos no tenía nada que ver con la Nica joven: desvanecida su radiante belleza, sus rasgos, tan delicados en otro tiempo, se habían vuelto hombrunos. No se me borrará nunca su voz, castigada con dureza como la orilla del mar, pero con olas de whisky, tabaco y noches en blanco (…). Fumando en una larga boquilla negra, con el abrigo de pieles colgando del respaldo de una exigua silla (…). Se llevó los dedos a los labios y con un ademán en dirección al escenario, dijo: ‘Ssss, escucha la música, Hanna, escucha’». En otros tiempos, sobre la mesa tenía siempre una ‘Biblia’, que en realidad era una botella camuflada.

Nica pasó su niñez en mansiones llenas de obras de arte. Se casó con el barón Jules Koenigswarter y tuvieron cinco hijos. Vivió en un castillo en Francia, amontonaba ropa y joyas, pilotaba aviones y coches deportivos, se codeaba con reyes, políticos e intelectuales, se alistó en el Ejército de la Francia libre junto a su marido… «Pero un día de 1951, lo dejó todo y se fue a vivir a Nueva York, donde sustituyó a sus amistades de la alta sociedad por una retahíla de brillantes músicos negros ambulantes».

La escritora preguntó a sus familiares sobre Nica. «Hablábamos poco de ella», le contestó su padre. «¿Y cuando os enterasteis de que la metían en la cárcel o cuando encontraron muerto en su apartamento al famoso saxofonista?». «Supongo que nos sorprendió, nos dejó desorientados». La joven se volcó entonces en una frenética búsqueda para entender qué había llevado a aquella mujer a dejarlo todo, incluso sus cinco hijos (a los que, según la autora, nunca abandonó: una de ellas se fue a vivir con Nica cuando cumplió 16). «Vas a mover mucha mierda», le advirtió el trombonista Curtis Fuller. «Tienes que llevarlo a cabo. Su historia es nuestra historia. Hay que contarla», le dijo el saxofonista Sonny Rollins. Hizo caso al segundo y el resultado está en este volumen y en el documental ‘La baronesa del jazz’ (2009).

Medio libro desgrana una existencia apasionante con la Segunda Guerra Mundial de por medio y donde ya se atisba que Nica no es una mujer al uso. Con la paz, su marido fue nombrado embajador y la vida se le hizo demasiado ‘normal’ como para soportarla. Sus días en París la habían acercado más al jazz del que ya era devota. Y en la página 167 se detalla el momento de la ruptura. Vivía en México acompañando a su marido, y en casa de un amigo pincharon el ‘Black, Brown and Beige’ del gran Ellington. «El mensaje que me llegó -confiesa la propia Nica en una entrevista- fue que yo pertenecía al sitio del que procedía aquella música. Tenía que hacer algo (…) Aquello no tardó mucho en ocurrir: corté por lo sano con todo. Fue una llamada de verdad. Algo muy extraño». Empezó a viajar sola a Nueva York. Y en una de esas escapadas escuchó un tema del pianista Monk, al que no conocía: «En mi vida había oído mencionar a Thelonius (…). Lo que escuché me pareció increíble. Jamás había oído nada parecido ni por casualidad. Debí de escucharlo veinte veces seguidas. Perdí el avión. Bueno, el hecho es que nunca más volví a casa». Aquel tema era ‘Round Midnight ‘ «y a partir de aquel instante decidió que debía conocer al tipo que interpretaba esa música».

Se instaló en una suite de un lujoso hotel que hacía entrar a los negros por la puerta de servicio. Se dedicaba a disparar a las bombillas con una pistola y a conducir su Bentley como si aquello fuera un circuito de carreras. Su hijo mayor, Patrick, cuenta que ella tenía «un fondo de inversión, aunque siempre andaba con problemas de dinero». Gastaba lo que no tenía, esperando que su familia la sacara de apuros, y así era. El Cotton Club había abierto sus puertas en los años 20 y allí acudían muchos blancos, «pero lo que diferenciaba a Nica era que no quería volver a casa cuando aquellos antros cerraban», dice la escritora. Se la relacionó sentimentalmente con el baterista Art Blakey y el saxofonista Al Timothy. Aún no conocía a Thelonious porque le habían retirado la licencia para tocar por haberle encontrado heroína (al parecer se echó la culpa para proteger a un amigo). Vivía en la indigencia en su diminuto apartamento. Tenía mujer, Nellie, y dos hijos. En 1954, Nica seguía sin conocerle y se trasladó a Londres. Pero cuando se enteró de que actuaría en París, tomó el primer avión.

Monk salió a tocar drogado y borracho, y según los críticos fue un desastre. Pero a Nica le pareció sublime. «Hicimos buenas migas -contó ella- y pasamos juntos todo el tiempo que se quedó en París. Bailamos». Y dice su sobrina nieta en el libro: «Nadie sabe qué clase de baile disfrutaron Nica y Monk, tal vez consumaron su relación, tal vez no».

El caso es que el pianista regresó a casa con su mujer, pero pronto se plantó allí Nica con su Rolls Royce, y al poco paseaban los tres juntos en el coche. El músico decía: «Mira, tengo una perra negra y una perra blanca». Pocos entendían una relación que explica así Toot, hijo del músico: «No sé si lo hablaron o no, pero decidieron que las dos se ocuparían de él. Llevaban la carga por igual. Desde que tuve unos 8 ó 9 años, mi familia estuvo formada por mi madre, mi padre, mi hermana, yo y Nica». Añade que cuando los críticos le dieron la espalda a Monk, Nica siempre estuvo a su lado: «Y él la amaba por ello».

A la comisaría

Para desesperación de sus racistas dueños, la habitación de hotel de Nica se convirtió en una fiesta permanente para los músicos negros de la época; muchos de ellos, además, drogadictos. Como el saxofonista Charlie ‘Bird’ Parker. El 12 de marzo de 1955 llamó a la puerta de Nica desesperado, se había intentado suicidar tras la muerte de su hija y el abandono de su mujer. Y ella lo acogió. Esa noche, mientras veía un show de humor en la tele, el músico se atragantó y murió. Nica dijo después que en aquel preciso momento de la muerte oyó un trueno, algo confirmado por su propia hija. El detalle forma parte de la leyenda del jazz. Pero todo tipo de rumores corrieron a partir de aquella noche, especialmente relacionados con el consumo de heroína. La Policía empezó a investigar a Nica, la echaron del hotel y su marido se divorció. La familia Rothschild estaba espantada, pero la ayudaron. Le compraron un piso ‘modesto’ con vistas a Manhattan que ella llenó de gatos, más de 300, y donde siguió acogiendo a sus amigos músicos y financiando sus discos. «La gritaban ‘puta de negros’ -recuerda el trombonista Curtis Fuller-. Ella lo soportaba bastante bien y nosotros se lo tuvimos en cuenta. Por ella habríamos peleado hasta morir».

Un incidente con la Policía en abril de 1959, cuando acompañaba a Monk a dar un concierto acabó con ella en comisaría; dijo que la marihuana que había en el coche era suya. Le cayeron tres años que finalmente no cumplió por un fallo de forma en la detención. A partir de ese momento, todo se complicó; Nellie estaba siempre enferma, Monk era una celebridad, pero tenía crisis que obligaban a internarlo en psiquiátricos, y finalmente se retiró. En febrero de 1982 sufrió un ataque al corazón y entró en coma. Murió a los 17 días acompañado por Nica y Nellie.

La baronesa vivió hasta 1988. Falleció tras una intervención quirúrgica para implantarle un triple bypass. Había dado instrucciones precisas de que esparcieran sus cenizas en el río Hudson alrededor de la medianoche… Como la canción con la que se enamoró de Monk, ‘Round Mid-night’. Su frase favorita era: «Recuerda que solo se vive una vez».