Vía: ABC.es | Por Susana Gaviña

El director de orquesta estadounidense visita España por partida doble. Esta semana, al frente de la Sinfónica de Montreal. A finales de mes dirigirá por primera vez a una formación española, la ONE

Kent Nagano

Kent Nagano

Kent Nagano (California, 1951), uno de los directores de orquesta más prestigiosos del panorama internacional, visitará nuestro país durante las próximas semanas al frente de dos formaciones. La primera cita (días 19 y 20), en el ciclo Ibermúsica, será con la Sinfónica de Montreal (OSM), formación con la que acaba de renovar hasta 2020 (con ella visitará también Oviedo), y después liderará a la Orquesta Nacional de España (28, 29 y 30) en el que supone su primer acercamiento a una formación de nuestro país.

-Lleva al frente de la OSM desde 2006, y le quedan por delante otros seis años. ¿Cómo se mantiene la «pasión» y se evita la rutina después de tanto tiempo?

-Cuando se pasa tiempo en cualquier relación, incluso una relación personal, existe el riesgo de caer en la rutina. Depende mucho de la gente y, en este caso, del grupo. En Quebec hay tanto talento y tanto potencial con la OSM que nos encontramos en un momento de crescendo sin fin, siempre encontramos nuevas áreas que explorar y nuevas cosas para desarrollar. La orquesta crece junto con la ciudad de Montreal.

-Vienen con dos programas: el primero, con obras de Ravel, Stravinski y una obra contemporánea de Unsuk Chin…

-Hay dos razones para configurar este programa: el repertorio de Ravel y Stravinski está muy ligado con el repretorio tradicional de la OSM, principalmente de los últimos 20 o 25 años, con el gran número de maravillosas grabaciones que la OSM hizo con el maestro Charles Dutoit. La vinculación con las obras de Ravel y, en un sentido más amplio, con el repertorio francés, así como con Stravinski, Prokofiev y Shostakovich, era una tradición que está muy presente y profunda dentro de la orquesta. Esa es una razón. La segunda es que las obras de Ravel, Stravinski y Chin son ejempos de piezas que fueron concebidas para tener una parte teatral o dramática muy fuerte y que funciona muy bien en el escenario de concierto. En el caso de Ravel y Stravinski, las raíces en el ballet son muy claras, y en Chin esta obra es un extracto de una ópera que ella escribió, Alicia en el país de las maravillas.

-El segundo programa lo protagoniza la «Séptima» de Mah-ler, compositor que también estará presente en su segunda cita en Madrid, con la ONE, a la que dirigirá en la «Quinta». ¿Cómo ha evolucionado su manera de entender la obra de este compositor?

-Es una coincidencia interesante, no fue planeada originalmente. A pesar de que Mahler es una parte importante del repertorio sinfónico de hoy, en mi repertorio personal lo he dirigido regularmente pero no con mucha frecuencia. Diría que la diferencia principal es que en los ochenta lo hacía como alguien que había sido educado y formado principalmente desde la perspectiva americana, como alguien que vivía en los EEUU; desde entonces, la mayor parte de mi trabajo creativo y profesional se ha ido desarrollando en muchas otras tradiciones culturales -Francia, Austria y Alemania-, así que ahora me acerco a estas obras no únicamente como un americano, sino como alguien que ha tenido el privilegio de entablar relaciones con las culturas en las que Mahler mismo se inspiró para crear estas obras. La Novena corresponde al tiempo en el que Mahler estuvo viviendo en los Estados Unidos, así que allí también consideramos a Mahler de cierta manera como americano. Mahler es un compositor muy moderno en muchos aspectos, entre ellos se puede decir que fue compositor que vivió en un mundo internacional y no solo circunscrito al marco nacional.

-Con la ONE dirigirá el estreno absoluto de una obra de Arnaldo de Felice.

-Es una partitura transparente, muy compacta y lírica. Utiliza el cello y las capacidades líricas y melódicas del instrumento, en vez de usarlo como una propulsión rítmica o la idea de exploración armónica o espectral. La orquesta no es muy gruesa, más bien es transparente, y él es un compositor que le permite al cellista tocar en una manera muy cantabile y lírica.

-¿Es la primera vez que dirige a una orquesta española?

-Sí. Estoy entusiasmado de visitar España y deseando dirigir a una orquesta española por primera vez.

-El año pasado concluyó su contrato con la Bavarian State Opera, pero ya tiene un nuevo compromiso con la de Hamburgo. ¿Qué aporta la ópera a su carrera?

-La ópera es importante, especialmente para un amante del género y para cualquier músico académico. En nuestros tiempos contemporáneos hay a veces la tendencia a separar el repertorio de ópera y sinfónica en dos géneros distintos pero, históricamente hablando, esto no es del todo preciso e incluso diría que no es natural. El repertorio sinfónico nació del concepto operístico; si consideramos la «obertura francesa» y las raíces de lo que ahora llamamos la «forma sonata» tienen sus raíces en las oberturas de ópera, una extensión de una idea musical que, después de un periodo de varios cientos de años, dio lugar a la sinfonía. Históricamente hablando, una nació de la otra. Por ello, separar ambos repertorios se puede decir que es poco natural.

-Siempre ha estado muy vinculado con Alemania, donde algunas orquestas han desaparecido víctimas de la crisis, al igual que ha sucedido en EE.UU. ¿Cómo ve el futuro de la música y de la cultura?

-Este tipo de problemas no solo suceden en Alemania o Estados Unidos, es una cuestión global. Vemos un número alarmante de grandes tradiciones musicales y operísticas que empiezan a desaparecer, por ejemplo, podemos pensar en lo que ha pasado en Italia en los últimos veinte años o en cualquier país, Holanda, Bélgica… Es un periodo de transición. Lo que es importante recordar es que, en mi opinión, la música sobrevivirá. Si vemos las nuevas generaciones de músicos nos damos cuentas que es un momento muy emocionante, hay tanta energía y creatividad viniendo de ellos, una capacidad técnica brillante y tanta imaginación. La música continuará, es una parte esencial de la Humanidad. La cultura continuará existiendo y desarrollándose; debe, es una definición de la Humanidad. Pero cuando la sociedad y la cultura crecen y los tiempos cambian, las instituciones deben ser capaces de adaptarse para los nuevos tiempos y nuevos contextos. Si no lo hacen corren el riesgo de ser vistas como irrelevantes.

-También el año pasado comenzó su compromiso con la Sinfónica de Gotemburgo, en la que sustituye a Gustavo Dudamel que tiene un perfil muy diferente al suyo. Sobre usted se ha dicho que es un director intelectual, y algunos le acusan de ser un poco frío. ¿Le va a dar otro aire a la orquesta?

-La orquesta me pidio profundizar mi relación con ellos, es una orquesta con la que he trabajado desde hace muchos años, desde la década de los 80. La orquesta quería reflexionar en su identidad en el contexto del siglo XXI, algo que pensé que era muy interesante ya que una idea o concepto que ha servido en el pasado, en este caso en el siglo XX, no significa automáticamente que funcione en el futuro, en el siglo XXI. Y la preocupación de la GSO era explorar cómo su gran tradición, tradición que es muy importante en Escandinavia y a nivel internacional, puede crecer y en qué dirección pueden orientarse para navegar el siglo XXI, que como ya sabemos es un mundo muy distinto del siglo pasado.

-Usted iba para diplomático. ¿Se ha arrepentido en alguna ocasión de haberse dedicado en cuerpo y alma a la música?

-Nunca. Admiro mucho las mentes brillantes de nuestros grandes diplomáticos y políticos, no necesitamos recordar que vivimos en tiempos extremadamente complicados ahora, y la única manera de salir y superarlos es con el diálogo, esto está claro. Este diálogo es a veces tan complicado que gente normal como nosotros no puede siquiera imaginar esta complejidad. Por otro lado, la música es un idioma que no tiene fronteras ni límites, ya que es una expresión de humanidad. En ese sentido también se puede entender por qué la música ha sido llamada la gran embajadora: porque transmite humanidad de una manera universal. Como la mayoría de las personas que entienden, creen y disfrutan de la música, creo que la comunicación de la naturaleza más esencial se encuentra en la música.