Vía: sevilla.abc.es | Por LUIS MARTÍN

El legendario pianista de jazz publica «Hamburg’ 72», una grabación inédita que antecede a la explosión creativa que protagonizó dos años más tarde en Colonia

No es extraordinario que el veterano pianista y compositor estadounidense Keith Jarrett se convierta en noticia; sí, en cambio, que lo haga por dos razones simultáneas en el tiempo. En breve –el día 24 de este mes, por concretar más–, se conmemora el 40 aniversario de aquel célebre concierto que el músico ofreció en la Ópera de Colonia, más tarde publicado en el disco «The Köln Concert», que tiene en su haber el récord de ser el disco más vendido de la historia por un solista de jazz. Por otra parte, en estos días ve la luz otro de esos tesoros discográficos, hasta el momento arrumbado en los archivos de la fonográfica ECM, que también recoge un concierto que Jarrett ofreció en Hamburgo, en 1972, en compañía del contrabajista Charlie Haden y el baterista Paul Motian.

«Hamburg’ 72», título del álbum, fue grabado en el Taller de Jazz de la emisora de radio NDR de Hamburgo y recoge la música de un trío cuyo trabajo –con excepción, tal vez, del disco «Conception Vessel»– permanecía sin documentar en ECM hasta la fecha. Este trío, fundado en 1966, fue en realidad el primer gran grupo de Keith Jarrett, con el que sus pretensiones ya eran explorar todo el ámbito del jazz moderno. Desde las baladas más poéticas hasta el feroz y rugiente demonio del free jazz, incluyendo la posibilidad –como es el caso– de que Keith Jarrett interpretase otros instrumentos, como el saxo soprano. La interacción entre los tres músicos es tan perfecta que, en ocasiones, se olvida que Charlie Haden y Paul Motian ya habían aprendido su oficio en los primeros grupos de Ornette Coleman, el primero, y como batería del trío del pianista Bill Evans, el segundo.

Con el fin de mejorar el sonido original, Manfred Eicher, productor del disco, pidió en el mes de julio del pasado año a Jan Erik Kongshaug, uno de los ingenieros estrella de la fonográfica ECM, que remezclase cada uno de los temas. El trabajo fue arduo, pero el resultado demuestra que mereció la pena; los grandes clásicos, como la energía, no se destruyen jamás, tienen la virtud de adaptarse a cualquier tiempo y lugar. Así, la libertad tonal que respira cada una de las composiciones, la desinhibición instrumental que mostró en su resolución cada uno de estos intérpretes, da un compendio de música cuya sonoridad late al unísono y acorde con el espíritu de su tiempo.

La dilatada versión de «Song for Che» –única composición que no firma Jarrett en el temario (lo hace, como bien es sabido, Charlie Haden)– es de las que, por ejemplo, hacen historia. Y «Piece for Ornette», lógicamente dedicada a Ornette Coleman, con Jarrett en el saxo soprano, sugiere que la breve obra para saxo de Jarrett debe ser revisada. Y arranca la rítmica de «Everything that lives lament», y se pone de manifiesto cuán único es el paisaje mental de Jarrett, explícito también cuando entra en «Take be back» y opta por resolver la curva entrecortada de su ejecución llevando la melodía al límite.

Excéntrico e inteligente
Un disco muy oportuno para los aficionados más incondicionales y, por añadidura, un tesoro, por su carácter de guía, para los legos. Excéntrico, caprichoso, pero también inteligente, Jarrett ya estaba en la cima de una forma de interpretar que continúa suministrando vida a la historia del jazz. De hecho, hay quien ha dicho que si Liszt hubiera nacido en la misma época y lugar, habría tocado como él. Ahora solo queda esperar y descubrir la clase de acontecimientos que depara –si es que tienen intención de celebrarlo en ECM– el mencionado 40 aniversario de la creación de una obra que, como «The Köln Concert», prosigue marcando pautas de conducta en los músicos de cualquier generación y lugar.