La Orquesta Sinfónica de Venezuela (OSV), le rinde homenaje a sus profesores jubilados este domingo 21 de febrero en la sala José Félix Ribas, Una Vida de Héroe, un poema sinfónico del compositor alemán Richard Strauss, es el que da nombre a este tributo a quienes son sangre y vida de la orquesta más antigua del país.

El presidente de la OSV, el profesor Pedro González, señala que se escogió la obra Una Vida de Héroe, porque la Sinfónica de Venezuela, “fue creada por un grupo de músicos que podemos considerar héroes, como héroes también fueron los maestros de la generación del 87 a los que les tocó una etapa de quiebre, donde la orquesta por muy poco estuvo a punto de desaparecer, de no haber sido por ese entusiasmo y el amor a la institución, no hubiese sido posible que este año la OSV estuviera cumpliendo 86 años”.

González expresa que el homenaje también tiene la intención de servir como estímulo a las generaciones actuales de la orquesta, para que comprendan que “una institución como ésta no sólo se mantiene con un alto nivel artístico, sino que además es necesario tener una gran voluntad de trabajo, con sentido de pertenencia y vocación de servicio”.

Cinco maestros jubilados en representación de sus colegas homenajeados, se dieron cita para contar sus experiencias, anécdotas y sueños vividos durante sus años en la Sinfónica de Venezuela, muchas emociones afloraron en lo que pretendió ser una entrevista y se convirtió en un maravilloso reencuentro entre compañeros que compartieron momentos entrañables, situaciones de profundas angustias y logros épicos.

Hubo lágrimas disimuladas, mejillas sonrojadas, miradas cómplices en la nostalgia compartida, admiración profunda entre colegas, pero sobre todo se podía sentir el amor que tienen por la música y el orgullo de vivirlo con la Orquesta Sinfónica de Venezuela, en un viaje incomparable realizado entre amigos de toda una vida.

El maestro Filiberto Núñez (fagotista), uno de los protagonistas de la generación del 87, expresa con determinación, “pasamos por momentos muy difíciles y siempre digo que por la Sinfónica de Venezuela, si fuera necesario, sin lugar a dudas volvería a pasar por lo mismo. Núñez afirma que uno de los grandes aportes de la OSV a la nación, es ser “la génesis de todo el movimiento musical que existe en el país y que se conoce en el mundo, la Sinfónica de Venezuela no sólo dejó una huella importante desde el punto de vista artístico musical por sí misma, sino que a través de muchos de sus músicos, hizo posible que ocurriera ese fenómeno mundial”.

Por otra parte el maestro Domingo García (violinista), señala que su formación se la debe a la Sinfónica de Venezuela, “no sólo desde el punto de vista musical, sino también desde el punto de vista humano y las actitudes que se deben tener frente a la vida”. Con relación a la creación de la OSV en la Venezuela precaria del año 1930, destaca que definitivamente “fue un acto de heroísmo de un grupo de profesores de música encabezados por el maestro Sojo, que sembraron tal mística y fuerza en la institución que perdura hasta el día de hoy, nos dejaron ese legado y con él una influencia muy importante en todo lo que ha sido el movimiento musical en Venezuela”.

El maestro José Bergher (cellista), recuerda que la OSV, “era el núcleo de la vida cultural del país, una orquesta que se nutrió con músicos de diferentes nacionalidades, y que conquistó una gran devoción en el público, devoción que aún hoy está vigente”, elementos que “hacen de la Sinfónica de Venezuela una orquesta con una tradición viva, con mucho fuego”. Bergher expresa con emoción, “aquí estamos, 86 años que parecen pocos en la vida de una persona, pero que para una institución son muchos, un ejemplo de tenacidad”.

“El momento que tocas en una orquesta y quedas atrapado en su sonido es único, es el amor a primera vista que se siente con gran fuerza, eso fue lo que sentí con la Sinfónica de Venezuela, en la que hay un ambiente mágico porque somos una familia”, palabras del profesor Jorge Alcarra (oboista), que comenta visiblemente emocionado que su mayor sueño era tocar al lado de los maestros de la OSV. En este punto el maestro Núñez, narra que hay algo que Alcarra, no va a contar, y con cierta picardía afirma: “pero yo sí lo voy hacer, muchos aquí lo recuerdan, cuando Jorge manifestó su deseo de ser parte de la orquesta, la Sinfónica estaba pasando por unos de sus peores momentos económicos, y yo le dije: ¡estás loco, no le estamos pagando a nadie! Su respuesta fue: “es que tu no entiendes lo que significa para mí tocar con ustedes en la Sinfónica de Venezuela, para mí ese es el mejor pago”.

Asimismo la satisfacción de haberlo entregado todo por la institución, se percibe en el maestro Sigfrido Chiva (violinista), cuando afirma que el legado que deja su generación para los jóvenes que hoy son parte de la OSV, “es haber mantenido una institución como esta por tantos años y hacerlo con la sonoridad, con la conducta, el profesionalismo y el respeto entre los compañeros”, les recomienda a las generaciones de relevo, tener humildad y mentalidad de equipo”. El maestro se queda en silencio y deja escapar un suspiro, mira a sus colegas y con alegría expresa “aquí hemos dejado el alma, no ha sido un trabajo, ha sido un placer”.