Juan Francisco Sans

Juan Francisco Sans

Caraqueño de fina sepa lleva más de 35 años haciendo de la música su opción de vida. Nunca ha dejado de interpretar sus instrumentos –piano, flauta dulce y órgano- para seguir con una carrera multifacética. Es compositor, director orquestal y orquestal coral, musicólogo con especialización en la música latinoamericana, escritor e historiador musical y principal editor de los clásicos de la literatura pianística venezolana, profesor de alma y corazón, amante de las Bellas Artes y hombre de radio, un gran comunicador para quien sería ideal que la educación formal en nuestras escuelas primarias incluyera a la música como elemento clave para construir valores en nuestra sociedad. Hoy se desempeña como director de la Escuela de Artes de la Universidad Central de Venezuela y Venezuela Sinfónica –como primer noticiero digital dedicado exclusivamente al mundo sinfónico- presenta con orgullo a este venezolano insigne que ha hecho de la música, algo más que su pasión: Juan Francisco Sans. Conversamos con él a propósito de su participación en el Ciclo de Cámara ¡La Música de Salón Revive en Caracas!

Evelyn Navas Abdulkadir, Entrevista Exclusiva para Venezuela Sinfónica

Nacido en Caracas en 1960, en una década significativa de muchos cambios para el planeta, Juan Francisco Sans, decidió a muy temprana edad seguir la vena musical familiar, eso sí, por voluntad propia. Y ya a los 7 años tocaba la flauta dulce. Dos años más tarde ingresa formalmente en la Escuela de Música Juan Manuel Olivares, de donde egresa como profesor ejecutante de piano. Estudió en el Conservatorio Nacional de Música Juan José Landaeta, en donde se gradúa como maestro compositor. Mientras tanto, estudió durante varios años piano, órgano y dirección orquestal y de coros. Actualmente sigue tocando la flauta dulce como profesional y en su haber cuenta con varias giras internacionales con este magnífico instrumento. Y de vez en cuando ejecuta el órgano en montajes sinfónicos o sinfónico-corales, siendo una de las actividades más placenteras para este profesor de tiempo completo.

No habla de una pasión por la música en sí, porque le atraen también la historia y la ciencia, y en cierto modo toma elementos de éstas para aplicarlos a la música. “No hay tiempo para todo”, cuenta Juan Francisco Sans, quien se ha convertido en un gran recopilador de la música de los siglos XIX y XX, revelando sus misterios, rescatándola del olvido. Y ávido de las nuevas tecnologías, se impulsa en este boom que vivimos para poner al servicio de los músicos y del público, toda nuestra historia musical al alcance de un clic.

Se le considera también un gran pianista y un revolucionario –en el mejor sentido- del piano a cuatro manos, gracias a ese especial nexo que tiene con su esposa, la pianista Mariantonia Palacios. “Disfruto haciendo música en el sentido más amplio de la expresión y el piano es un instrumento extraordinario. Una vez me invitaron a una de las salas de la Corporación Venezolana de Guayana a tocar un recital de música de vanguardia. Cuando llego, el afinador me dice: ‘Menos mal que viene un pianista serio como usted, que sí sabe cómo tratar y tocar un piano, no como la gente de por acá que no sabe. Esta noche lo vengo a escuchar’. No quiero ni imaginarme la cara del pobre señor cuando en la noche empecé a meter tornillos, arandelas, clips y gomas en las cuerdas para tocar Amores de John Cage, para piano preparado”.

Juan Francisco Sans y Mariantonia Palacios

Juan Francisco Sans y Mariantonia Palacios

Con todo ese bagaje musical a cuestas, quizás lo que le faltó fue tiempo para estudiar algún instrumento de cuerda como el Cello, por ejemplo. Juan Francisco Sans no tiene tiempo libre, imposible con tanta ocupación, e incluso la lectura –algo que disfruta mucho- significa trabajo, seguramente son libros por editar, prólogos y las tesis de grado y trabajos de sus alumnos de la Universidad Central de Venezuela.

Como hombre de medios no deja de oír la radio en su carro, donde aprovecha de escuchar música. “No puedo oír música leyendo o haciendo un trabajo intelectual, porque no me puedo concentrar”, asevera. Fue locutor y productor por años en varias emisoras como Radio Capital, La Emisora Cultural de Caracas y Radio Nacional de Venezuela.

Una cenicienta por rescatar: la composición
Juan Francisco Sans comenzó a dar clases desde muy temprano, con tan sólo 17 años. Así que son varias generaciones de músicos las que han recibido su influencia. “Nunca he parado –nos confiesa. Estudié con extraordinarios maestros como Gerty Haas y Harriet Serr en el piano; Ángel Sauce, Primo Casale y Antonio Mastrogiovanni en la composición y Pablo Castellanos en el órgano y la dirección”.

Es un hombre sencillo y de carácter afable, admirado y querido por todos. A pesar de su trayectoria tan extensa e intensa, no intimida y conquista más con una sonrisa. Nos revela también sus propias anécdotas: “Tuve un estudiante de composición que además de ser extremadamente talentoso, era sumamente ocurrente y le era imposible no hacer un chiste de cada cosa. En su examen de grado como compositor, uno de los jurados que yo había invitado de manera especial, le preguntó en qué consistía el acorde de sexta aumentada. Él le contestó que no tenía idea de cómo era la sexta aumentada, porque lo único que él sabía era que la ‘cesta básica’ estaba muy disminuida”.

Para Juan Francisco Sans, la música es vital y como profesor se ha propuesto insistir en que debe ser materia de estudio en nuestras escuelas: “A pesar del indudable desarrollo musical alcanzado en el país, el mismo seguirá siendo endeble hasta tanto no se haya incluido la música como materia obligatoria -como lo es la lengua o las matemáticas- en la educación básica. Ese milagro musical no ha ocurrido aún”.

Y sigue confiando en ver que ese milagro ocurra pronto. También le preocupa el desarrollo de la composición en nuestro país, tan descuidada: “Los compositores venezolanos han sido hasta ahora La Cenicienta en toda esta historia. Se ha prestado atención a orquestas, coros, instrumentistas y directores y se ha descuidado de una manera ominosa al compositor, que al fin y al cabo es quien elabora la materia prima de la música. Cuando en Venezuela había una sola orquesta –la Orquesta Sinfónica de Venezuela, un solo coro –el Orfeón Lamas, y una sola escuela de música –la Santa Capilla, los compositores escribieron una página estelar de la historia de la música. Eso falta hoy en día, está totalmente desequilibrado”, asevera Sans.

Aunque hoy hay un movimiento importante de compositores en Venezuela todavía falta mucho por hacer: “Siendo presidente de la Fundación Vicente Emilio Sojo en 1998, se propuso al CONAC la elaboración de un decreto que obligase a aquellas instituciones musicales que recibían dineros del estado, a destinar al menos el 1% de su presupuesto a subsidiar la composición, bien fuera a través de programas como el compositor invitado o residente, el encargo de obras, el estreno de nueva música, la edición de partituras de obras nacionales, etc. Estos programas funcionan muy bien en países como México y Holanda y tienen impacto importante en el desarrollo de la composición local y el sostén de esa actividad. Algo parecido a lo que hace el CENAC con el cine nacional. Sin embargo, no hubo ninguna receptividad al respecto y más bien les dio miedo hacer algo. Nunca entendí por qué. Habría que rescatar esa idea. Eso sí sería un paso importante, tanto como el de poner obligatoria la educación musical en la escuela básica”.

Un estudioso de la música latina y venezolana
Juan Francisco Sans obtuvo la Licenciatura en Artes, la Maestría en Musicología Latinoamericana y el Doctorado en Humanidades en la Universidad Central de Venezuela y esta formación ha sido determinante en su práctica como investigador y musicólogo. Su repertorio ideal está centrado en tocar música latinoamericana, con énfasis en la venezolana, de cualquier época y estilo. “Sin embargo, he hecho especial énfasis en el siglo XIX, por la importancia que el piano tuvo en ese período”, cuenta.

Aunque oye toda clase de música no tiene compositores preferidos: “Cada compositor ofrece algo particular, insustituible, que otro no te da”. Del repertorio latinoamericano le apasiona el siglo XIX: “Por ser un período extraordinario, interesantísimo, pero muy desconocido. La base de toda la música latinoamericana actual está allí y aún está por conocerse y descubrirse. Igual ocurre con la música barroca latinoamericana: nuestro desconocimiento de la misma es muy grande, y hacen falta aún muchos estudios para conocerla. Es toda música extraordinaria y me llama especialmente la atención”.

Suele interpretar música de sus amigos compositores y nos aclara que: “En el piano me encanta Ramón Delgado Palacios porque es música excelsa, de un pianismo elevado. Y luego, el compositor sinfónico del nacionalismo, Juan Bautista Plaza”.

El piano también le ha dado otra satisfacción, la de rescatar la música escrita para piano a cuatro manos y para dos pianos en nuestro país y Latinoamérica, a través del Dúo Sans-Palacios. “Cuando dos pianistas se casan, no queda más remedio que compartir el instrumento, a menos que seas millonario y tengas dos pianos en dos salas isonorizadas. Eso hicimos hace 31 años y en eso seguimos. El repertorio a cuatro manos es simplemente gigantesco: ningún otro conjunto de cámara tiene tanta música original de tan buena calidad como ése. Todos los grandes compositores escribieron obras estupendas para el conjunto: de Haydn a Stravinsky y desde sonatas hasta conciertos con orquesta. De modo que te puedes pasar la vida tocando a cuatro manos y nunca acabarás con el repertorio.

Eso lo hemos hecho en la medida de las posibilidades. Pero poco a poco nos fuimos dando cuenta que había además un repertorio local original, y mejor aún, que el piano a cuatro manos era la rocola en los salones de la Venezuela del siglo XIX. No había baile que no estuviese animado por el piano a cuatro manos. Decidimos indagar en este repertorio, sacarlo a la luz. En eso andamos. Es infinito. Pero también hemos encargado un repertorio original a compositores actuales, venezolanos y latinoamericanos y lo hemos tocado y grabado. Son más de quince obras que nos han dedicado”.

Es todo un arte ser pianista a cuatro manos y por eso le pedimos nos amplíe detalles de esta forma tan particular de interpretación: “Piano a cuatro manos es la mitad de un piano para cada uno. La misma banqueta para los dos, que tiene que ser ancha. Es el único caso donde dos músicos tocan al mismo tiempo el mismo instrumento. Se pisan ambos a cada rato los dedos, se dan codazos, debes cruzarte por arriba o por debajo del otro pianista. Demasiado compromiso. Además, la sincronización debe ser perfecta, si no, se nota de inmediato. Las teclas de ambos pianistas deben bajar exactamente en el mismo momento, el ataque debe ser preciso y eso es muy difícil. Es más fácil sincronizarse con las cuerdas o con los vientos que dos pianistas”, explica Juan Francisco Sans.

Junto a su esposa Mariantonia Palacios, es pionero en la investigación y en la recopilación de material musical de época: “Desde hace muchos años nos hemos dedicado a rescatar la música para piano de Venezuela. Tenemos una colección, Clásicos de la literatura pianística venezolana que ya llega a once volúmenes editados, con toda la música para piano de Teresa Carreño, Gerry Weil, Modesta Bor, Juan Vicente Lecuna, Juan Bautista Plaza, Ramón Delgado Palacios, Federico Vollmer, Inocente Carreño y Luisa Elena Paesano. Tenemos 20 volúmenes más listos que esperan para ser publicados. Es un trabajo de décadas. Es música excelsa, magnífica, digna de ser tocada en cualquier escenario del mundo. Algunos pianistas de fama internacional como Cyprien Katsaris o Alberto Portugheis la hacen en sus repertorios a partir de nuestras partituras. Aspiramos que pasen a formar parte del repertorio obligado en universidades y escuelas de música de Venezuela, como lo es Antonio Lauro en la guitarra. ¿Por qué no?”, comenta.

La música se reinventa desde un click
Hoy las tecnologías modernas permiten resguardar la memoria musical de una época y de un país y la música no es la excepción. Le preguntamos al respecto, porque también ha sido una labor de vanguardia: “En la Universidad Central de Venezuela, donde trabajo desde hace 25 años, hemos desarrollado bases de datos electrónicas con más de 12.000 registros de hemerografía musical venezolana, que prontamente podrán ser consultados en línea. También estamos desarrollando ediciones críticas electrónicas, donde puedes comparar la edición con el manuscrito original, algo que sólo es posible digitalmente. También estamos desarrollando bases de datos con reproducciones facsimilares de documentos manuscritos que permiten consulta virtual. Hemos propuesto al Sistema de Orquestas una biblioteca sinfónica venezolana virtual, para que estén disponibles en ediciones críticas las obras más importantes del repertorio nacional para orquesta sinfónica. ¡Tantas orquestas que hay en el país tocando algunas de estas obras con las particellas hechas a mano por los propios compositores allá por 1940!”.

Aunque Juan Francisco Sans se siente de maravilla con esta revolución tecnológica, no está presente en las redes sociales, ni Twitter ni Facebook. “Las redes son la verdadera revolución del conocimiento. Sólo tienes que ver ISMLP, la librería Petrucci en línea, donde consigues prácticamente cualquier partitura, cosa que cuando yo estudié era simplemente impensable. En lo personal he logrado concretar proyectos como el libro ‘Música popular y juicios de valor: una reflexión desde América Latina’ que publiqué con el CELARG hace dos años, todo a través de la red, con 8 colaboradores de grandes ligas, uno en Alemania, dos en Brasil, uno en España, dos en Argentina y uno en Chile, sin vernos nunca la cara. Estoy escribiendo contribuciones en tres libros más que se están haciendo del mismo modo: uno en Argentina, otro en Estados Unidos y otro en Londres, con los mejores especialistas del área de América Latina. En la UCV estamos organizando unos seminarios por web, webminarios los llaman, sobre temas álgidos de la música en Venezuela. Estamos trabajando en una maestría en música en línea. Soy tutor de varias tesis hechas en otros países, vía web. Incluso las defensas de esas tesis las hemos hecho por Skype o Video conferencia. La manera de entender la música y la educación musical ha cambiado sustantivamente, y eso no es posible echarlo atrás. Hay que adaptarse”. Seguramente, por falta de tiempo, no está en las redes sociales.

Hoy la música en general tiene que renovarse, la industria discográfica sucumbió ante el tsunami que representa Internet y para atraer gente a las salas de concierto, las redes sociales se han vuelto la mejor herramienta de mercadeo, nada más ver como el pianista chino Lang Lang usa Youtube y otras redes sociales para promocionar sus trabajos. Juan Francisco Sans tiene su propia opinión: “Creo que mucha gente está haciendo cosas maravillosas por la web, internet, con las TIC. Y esas tecnologías te imponen inevitablemente una nueva estética. No hacerlo es simplemente quedarse atrás. El repertorio que se considera clásico fue escrito para una época, para un contexto histórico, para unos teatros, para una gente, para una tecnología, para una circunstancia que no son las de hoy. Si queremos que hoy se siga consumiendo esa música, debemos darle nuevos significados, si no, desaparecerá como todo lo que pierde sentido en la historia. O nos reinventamos, o perecemos. Es la ley de la vida”.

De aguinaldos a música electrónica, un compositor ecléctico
Si bien Juan Francisco Sans es apasionado de la historia de la música, su discografía es amplia y muy variada: desde aguinaldos venezolanos del siglo XIX hasta música contemporánea escrita para nosotros, incluso música electrónica. “El problema es que estos discos son de edición limitada: publicas 1000, los vendes y la inflación y los costos te impiden hacer una reimpresión de los mismos. Algún día los volveremos a editar. Tengo en mente grabar un disco tocando al piano los valses y danzas de Ramón Delgado Palacios y otro dirigiendo Los Maitines de Navidad para 1653 de Juan Gutiérrez de Padilla, compositor mexicano del siglo XVII, con el Grupo Vocal Camino y Voces.

Nació el Redentor

Nació el Redentor

El maestro Sans ha compuesto varias obras: “Últimamente el trabajo musicológico me ha absorbido tanto que apenas he tenido oportunidad de hacer orquestaciones de obras históricas, pero no composiciones propias. Mi catálogo es pequeño, pero debo decir con satisfacción que lo han tocado casi todo, y lo siguen tocando todavía”.

Cuando habla de inspiración, sigue a Rossini: “Cuando le preguntaron que era la inspiración, contestó que consistía en tener una hoja pautada en blanco sin saber qué escribir en ella y de pronto el empresario le tocaba la puerta y le preguntaba ansioso ¿Terminaste?. Allí comienza la inspiración”.

Cello Romántico

Cello Romántico

Canto Aborigen

Canto Aborigen

Para Sans la composición es un ejercicio básico como músico: “La composición es un oficio, bien sea para el cine, para el concierto, para la radio, para el teatro, no importa de qué estilo. Hoy en día, en plena postmodernidad, el término clásico perdió todo su significado. En este contexto, la composición dejó de ser lo que era. Ahora cuenta más la espectacularidad. Y un compositor, escribiendo solito en su escritorio, no es espectacular”.

La revuelta

La revuelta

Otro logro de Juan Francisco Sans es que sus obras ya han sido estrenadas casi todas: “Eso sí, muchas las estrené yo mismo tocándolas o dirigiéndolas. Pero también las han hecho extraordinarios músicos, como Luis Julio Toro, Omar Acosta, Marisela González, el Trío Raúl Borges, Ivan Adler, Jaime Martínez, Luis Gómez Imbert y Pablo Castellanos, por mencionar sólo a los del patio. Entre las obras tocadas, grabadas y/o editadas están Canto aborigen, para flauta y arpa; Toccata, para piano a cuatro manos y dos percusionistas; Tañidos (para orquesta y tres guitarras); Nova et vetera (para trio de guitarras); Fantasía Casale, para quinteto de vientos con piano; Marisela, para arpa; De la liberación de las formas, para contrabajo y piano; Lasciatemi morire (para oboe y procesos electrónicos); La contadera, para quinteto de metales con piano; Cuento sin fin, para arpa y orquesta. También he realizado muchas orquestaciones para orquesta de obras importantes del repertorio venezolano, como las 17 piezas infantiles para piano de Antonio Estévez; la Fantasía Bolivariana para banda de Pedro Elías Gutiérrez; Prelude Vals et Rigaudon para arpa y orquesta de Reynaldo Hahn; la Fantasía Venezolana para dos pianos de Juan Vicente Lecuna; Mi Teresita y Un bal un reve para piano de Teresa Carreño. Tengo el proyecto de orquestar Tres valses venezolanos para piano a cuatro manos de Federico Villena y convertir la Sonata para violín y piano de Ángel Sauce en un concierto para violín y orquesta”.

Luis Gómez Imbert & Juan Francisco Sans

Luis Gómez Imbert & Juan Francisco Sans

El Director
Siendo un músico tan estudioso, también desde muy joven emprendió la dirección orquesta y coral orquestal. “Para dirigir debes primero comprender todos los problemas de la música, analizar la partitura e interpretarla, para luego tratar de resolverla en el contexto práctico y concreto. No basta mover los brazos con movimientos bonitos, necesitas conocer la música en profundidad. Y saberla no es haberla oído en una grabación y aprendido de memoria: con un disco por delante, todos somos directores. ¿Qué pasa con la interpretación cuando te enfrentas a música nueva, a música que no se ha tocado nunca, que no está grabada? Y no me refiero sólo a la música moderna, sino a música del siglo XIX, incluso a la de épocas anteriores. Estás obligado a interpretarla en el sentido más hondo de la palabra, antes de llegar al podio y dar el levare”.

Aún con toda su experiencia, tener la batuta significa responsabilidad: “Sin duda da miedo. Un director es un maestro, en el sentido más lato del término: un pedagogo, alguien que enseña a otros lo que se debe hacer. Pero los músicos de orquesta saben muy bien lo que deben hacer, son profesionales. Entonces un director debe tener toda la autoridad, pero la autoridad que da el conocimiento profundo de la música, no la imposición de su criterio a troche y moche ‘porque yo soy el que mando, y aquí se hace lo que yo digo’”, revela Sans.

Los retos del repertorio de hoy son amplios: “Mucha música contemporánea es muy difícil y nuestras orquestas no la hacen. Extrañamos oír más obras del siglo XX en los repertorios de nuestras orquestas. Ni hablar de música venezolana del siglo XIX”.

Con el auge del movimiento sinfónico actual en nuestro país y el interés del público hacia la música, le preguntamos al maestro Juan Francisco Sans, que opina y agudiza su ojo crítico: “El movimiento es excelente, pero muchas veces falta profundidad. Cantidad no es calidad. Y no me refiero a que las orquestas toquen mal. Casi todas tocan estupendamente bien. Pero hay tanto repertorio que no se hace nunca, que nunca se ha tocado en Venezuela y uno ve siempre las mismas obras, los mismos conciertos, las mismas sinfonías, los mismos festivales Beethoven o Brahms, que no despierta interés para el público más especializado. Muchas obras, incluso de grandes compositores, se hacen poco o nunca, simplemente porque no son el canon, lo que todo el mundo quiere oír. Hay que arriesgarse con los repertorios”.

Con un país tan musical, donde hay talento de sobra a lo largo y ancho de la nación, Venezuela Sinfónica pregunta por qué somos así: “Básicamente porque tenemos una tradición musical muy larga, que comienza en la colonia, sigue en la República, se afianza en el siglo XX y se potencia con los ingentes ingresos petroleros. Nuestro desarrollo musical no empezó ayer, ni hace 30 años. El primer gran auge musical fue en la colonia cuando Venezuela se convirtió en una potencia exportadora de café y cacao. Y ese impulso duró todo el siglo XIX. Cuando la Orquesta Sinfónica de Venezuela (la OSV) recibe en 1948 el primer presupuesto estadal, es una de las primeras del continente en contar con una suma tan cuantiosa para poder desarrollarse. Eso se lo debe al petróleo. Los maestros italianos que vinieron en ese entonces, la mayoría de ellos refugiados de la postguerra europea, dieron una vitalidad única al movimiento musical. Y de esos polvos tenemos estos lodos hoy. Pero hay que decir algo: si en algún área hemos sabido sembrar el petróleo, ha sido en el musical”.

El futuro, ¡que promete!
Juan Francisco Sans –con razón- no tiene tiempo libre. Desde su amada Escuela de Artes de la Universidad Central de Venezuela sigue animándose para emprender nuevos proyectos. “Actualmente participo en diversos proyectos de edición crítica, principalmente de música venezolana del siglo XIX. Hay demasiado trabajo por hacer en esta área, y muy poca gente calificada para hacerlo, a pesar de que llevamos ya un par de décadas formando excelentes musicólogos en la universidad. Se trata de un trabajo muy especializado y hace falta más dinero para tener a más gente dedicada a esto. La edición musical es una de las columnas vertebrales de un movimiento musical: sin ella, falta el insumo básico para tocar, la partitura”.

A futuro quiere ver un sueño cumplido: “Me gustaría mucho terminar de publicar la colección Clásicos de la literatura pianística venezolana, alcanzar los volúmenes previstos en el proyecto original, unos 40. Tengo otro proyecto a largo plazo: hacer una colección de partituras de música sinfónica latinoamericana. Existe un extraordinario repertorio, prácticamente inédito y desconocido, un tesoro musical, pero no hay dinero ni recursos humanos suficientes para abordarlo. Poco a poco iremos consiguiendo lo uno y lo otro. Eso espero”. Ojalá lo consiga, sería algo muy importante para el desarrollo musical del país.