A propósito del Estreno Mundial de Cantata Simón Bolívar

Profundamente reflexivo, siempre consciente del momento histórico circundante, Juan Carlos Núñez no pierde ningún detalle de lo que pasa en la Venezuela de los últimos tiempos. La agitación social le atrae porque se están gestando procesos que tomará en cuenta en sus próximas obras. Pianista, compositor, director de orquesta, arreglista y profesor, Juan Carlos Núñez, es considerado uno de los más importantes creadores musicales en el ámbito de la música clásica de nuestra contemporaneidad. No es ajeno a su entorno y mucho menos a su prójimo, para quien –como él mismo dice- compone. La música y el entorno son uno y su Cantata Simón Bolívar, basada en el poema Canto para Bolívar de Pablo Neruda, busca acercarnos a su visión sobre cómo el ícono de El Libertador, puede tocar la fibra del venezolano actual –inmerso en un mar convulso de contradicciones- para llevarnos a reflexionar sobre qué significa el valor de la paz.

Venezuela Sinfónica –como noticiero digital líder, dedicado exclusivamente al mundo sinfónico de nuestro país- conversa con este prolífico compositor, quien estrena mundialmente Cantata Simón Bolívar el viernes 25 de abril a las 7 p.m. en la Sala José Félix Ribas del Teatro Teresa Carreño. La Orquesta Sinfónica de Venezuela (OSV) y el Coro de Ópera Teresa Carreño estarán bajo su batuta, siendo acompañado por Betzabeth Talavera (soprano), Amelia Salazar (mezzosoprano), Francisco Morales (tenor), Franklin de Lima (barítono) y Fanny Arjona (narradora), como solista

EVELYN NAVAS ABDULKADIR | EXCLUSIVO WWW.VENEZUELASINFONICA.COM

Juan Carlos Nuñez

Juan Carlos Nuñez

El músico no es ajeno a su entorno. Juan Carlos Núñez es un creador cabal, fiel a su pensamiento y a su accionar, que escribe todavía con lápiz de grafito y pentagrama, una obra que refleje cómo siente y ve a la Venezuela actual. Su creatividad vuela entonces y recurre a todo un arsenal de elementos que surgen en ebullición para reflexionar sobre los acontecimientos de un país cada vez más complejo: “El creador musical se debe a su prójimo” sentencia y no es para menos. Prolífico como compositor, sin aceptar etiquetas, su música busca ser un elemento de análisis, de discusión, de reflexión, para quienes decidan abordarla, ya sean otros músicos, una institución como una orquesta sinfónica o por el público mismo.

Fanny Arjona en Amazonia

Fanny Arjona en Amazonia

Nacido en una Caracas tranquila y aburguesada -casi adormilada de la que hoy quedan muy pocos rastros y rostros- hace 66 años en Santa Rosalía, el propio maestro Núñez revela la fortuna histórica de haber nacido en el reino de Los Nacionalistas, producto particular de un proceso político generado en los tiempos de Juan Vicente Gómez, que pasó en muy poco tiempo y con total precariedad, de un atraso en todos los ámbitos de la vida al desarrollo de una conciencia nacional.

Juan Carlos Núñez tuvo una niñez afortunada en medio de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, jugando con un acordeón de juguete a muy corta edad y sin ninguna instrucción musical –pues sus padres no eran músicos- donde tocaba Cuando Vuelva a Tu Lado de la mexicana María Grever. Aún así contempló y lo recuerda vívidamente, la caída de la tiranía: “Fue algo similar a los ataques aéreos en Irak. Una situación muy dura y como niño presencié todo eso. Me quedó ese trauma de lo que es ser venezolano y eso me ha acompañado musicalmente”, nos cuenta. Presenciar la creación de la democracia en Venezuela y el surgimiento de los movimientos de izquierda, toda una búsqueda por lograr una identidad política nacional, ha sido parte de su historia y como hombre y como músico, no ha sido ni ajeno ni inmune a ella.

Hoy suele ver desde su ventana -en su residencia en Parque Central- a una capital totalmente diferente a la de 1947, llena de enormes contradicciones, como un volcán que despierta de un aletargado sueño. Y todo ese frenesí -y hasta locura- le llama la atención, nada pasa desapercibido para un músico que ha franqueado sus 43 años de vida artística creando su propia estética, sin rótulos, sin remilgos, sin categorizaciones, porque eso de El Nacionalismo, no va con él: “Esa época pasó y todo lo que tenía que darse ya se dio. Además, el joropo o cualquier elemento folklórico, siempre estarán allí. Expresar elementos de Venezuela en una obra, no es nacionalismo, eso sería un nacionalismo eterno. Como creadores musicales tenemos esa capacidad de traducir a Venezuela en nuestras obras”.

La búsqueda y las vueltas de la vida

A los 3 años de edad, mucho antes de articular coherentemente frase alguna, ya Juan Carlos Núñez se sentía plenamente identificado con la música. Tenía la sensación que conocía de siempre el Réquiem de Mozart, aunque en su casa, confiesa, nadie oía música clásica. Con su acordeón de juguete desarrolló una capacidad intuitiva para abordar el lenguaje musical con total claridad y determinación. A sus padres no les quedó más remedio que contratar clases particulares de piano. Adquirió una sólida formación básica sustancial sobre la música universal y a partir de allí toda la vocación por sus estudios musicales fue posible.

Así que bajo la égida de Sergio Moreira comienza a estudiar y luego pasó al Conservatorio de Música José Ángel Lamas, donde estudió con Vicente Emilio Sojo, líder fundador de la Orquesta Sinfónica de Venezuela. Recuerda con cariño su paso por allí: “Fui afortunado, con Sojo saqué 20 puntos en todos los exámenes de Armonía. Estudié con Inocente Carreño, Francisco Rodrigo, el pianista Moisés Moleiro y Evencio Castellanos, ¡grandes maestros!”.

Nombres que forman parte esencial de la historia de nuestra música académica, pues muchos de ellos conformaron el movimiento denominado El Nacionalismo, una estética con un tiempo y autores concretos. Para Juan Carlos Núñez, lo que había que explorarse en esa época ya se hizo: “La gran incógnita para las generaciones juveniles venezolanas sobre el aspecto de la creación musical es preguntarse ¿Qué es el pasado? y ¿Cuál será el futuro? A partir de esa reflexión buscar una estética propia. Lo que esos grandes maestros dieron a la composición es invalorable, pero está caduco y atrasado en la Venezuela actual. Por eso me aparté de la Escuela de Música José Ángel Lamas y salí al mundo, a crear una obra diferente y así llego a Tocatta N°1, producto del rompimiento con el dogmatismo, con lo académico, con la cual participo en el Premio Nacional de Música en 1971 y gano. Dato curioso, el propio Inocente Carreño –un gran maestro para mí y un nacionalista- dirigió a la Orquesta Sinfónica de Venezuela en el estreno de mi obra, y eso marcó una relación que no se romperá nunca con La Sinfónica, será una conexión eterna”.

Desde 1972 ha compuesto con ritmo frenético una cantidad de obras muy diversas en sus estilos, timbres, colores, sonoridades y acordes, que hasta el día de hoy son interpretados por orquestas y agrupaciones musicales en todo el orbe. Su nombre internacionalmente brilla por sí solo. Su obra orquestal es de gran dramatismo y variedad, desde ópera, música para orquesta, música de cámara, música para cine y teatro, y obras sinfónico-corales. Su relación con el grupo teatral Rajatabla le dio grandes satisfacciones, así como también la sublime música de La Casa de Aguas, de Jacobo Penzo, film venezolano que rinde homenaje a la vida del poeta oriental Cruz Salmerón Acosta.

Juan Carlos Núñez dejó Venezuela un tiempo para perfeccionar su educación y egresó del Curso de Dirección de Orquesta del PWSM de Varsovia, con el maestro Stanislaw Wislocki. En esa búsqueda por desarrollarse a cabalidad, llama la atención del Maestro José Antonio Abreu y le acompaña en los inicios de la creación de El Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela. Desde 1993 dirige la Cátedra Latinoamericana de Composición Antonio Estévez, fundada por él mismo, donde ejerce la otra pasión en su vida: la enseñanza.

Música para enfrentar la neurosis y la necesidad de un logos

Según Juan Carlos Núñez, la creación del arte en América Latina es una instancia con una característica principal: “Basándose en una visión universalista, el continente ha sido bombardeado con ideas extranjeras, conformándose una sustancia indefinida donde el camino facilista ha sido la creación a través del epígono, la copia de los grandes maestros mundiales en todos los campos del arte, y la música no es la excepción. Friedrich Nietzsche –quien se denominó a sí mismo ‘ciudadano del mundo’- es el primero que cuestiona El Nacionalismo, que era producto de una Europa Central que tomó conciencia de lo nacional para hacerse sentir. Esa conceptualización además de permear la filosofía del Siglo XIX y parte del Siglo XX se extendió a la música, influenciando, incluso, a países de nuestro continente como Estados Unidos, México, Brasil y Argentina, y en Venezuela tuvo su lugar. Pero es una etapa alejada de lo nacional, porque el arte no puede ni imitar ni adueñarse del folklore, que no es de nadie precisamente”.

En la concepción del maestro Núñez, la realidad artística es subversiva: “Pero no violenta, porque en esa búsqueda de contrastar los elementos de la vida misma para expresarlos o revelarlos, se está creando: podríamos decir que la única estética es lo subversivo”.

Como compositor, Juan Carlos Núñez se acercó a la vanguardia más radical que surgió de la Europa amilanada por la Guerra Fría, la cual confrontó a la burguesía complaciente de su tiempo: “había un despertar de una conciencia y luego esa vanguardia se convirtió en un establishment. Eso confundió a los latinoamericanos que pensaron que había que copiar esa estética, exclusivamente europea, producto de esas relaciones entre la Unión Soviética y Occidente, y avanzaron con ella. La idea era evaluar y estudiar desde la semiótica –disciplina científica que estudia los signos y aborda la interpretación y producción del sentido- pero nunca copiar”.

Y en el campo musical esto hay que aceptarlo: “Hay que ver la creación musical como un lenguaje susceptible de poseer un análisis científico en el área de las ciencias sociales –Historia y Ciencia de la Información- incluyendo la investigación documental. Es importante para el creador, el compositor, enfrentar sus obras con pleno conocimiento de lo histórico. No imagino una obra nueva con fallas en Teoría y Solfeo. Eso sería diletantismo, una irresponsabilidad”.

Para Juan Carlos Núñez la música no es entretenimiento: “No podemos abordar la música como una pose, lo que se podría decir por ejemplo, del Mambo de Leonard Bernstein, quien leyó un ritmo cubano y mexicano. Eso nos debe llevar a la reflexión porque como venezolanos tenemos nuestros propios logos, nuestra temática y desde allí podemos partir”. Esta es una reflexión que va para las orquestas sinfónicas que tratan de identificarse a través de temas que no responden a nuestra identidad como país.

“Se trata de una búsqueda neurótica que revela que Venezuela desde hace más de 30 años tiene la necesidad de un logos –una imagen, un ícono- que la identifique también en lo musical. Va a requerir un esfuerzo tremendo de nuestros jóvenes creadores por dar con ese logos, que vaya más allá de adueñarse o copiarse del folklore”. Por eso, insiste Juan Carlos Núñez, en que las nuevas generaciones sean estudiosas de los verdaderos maestros, para luego crear nuevas estéticas: “Si repetimos a los nacionalistas, entonces, se repite la historia”.

Venezuela vive un momento ‘catastrófico y espeluznante’ para este creador musical: “No hay piedad en este período histórico del país de la última década. Una nueva generación trata de surgir ante esta raza cósmica. Los símbolos del pasado surgen en estos jóvenes que repiten lo absurdo y decadente. Eso me hace reflexionar porque recuerdo a Rocco Mangieri, especialista en Semiótica en la Universidad de Bologna (Italia), quien me preguntó si creía que debía existir una semiótica musical en Venezuela. Algo difícil de responder, porque musicalmente estamos hechos de una sustancia imposible de palpar sin una morfología. Es por eso que les insisto a mis estudiantes en la Cátedra Latinoamericana de Composición Antonio Estévez que estudien el capítulo sobre Íconos en el Tratado de Semiótica General de Umberto Eco. Para la composición o la creación musical, mostrar íconos es una propuesta para revelar al arte como algo más profundo”.

Con ello quiere elevar la reflexión, pues en su última obra Concierto para Orquesta, aborda una estética que involucra aspectos de las raíces árabes, judíos sefardíes e indígenas, como una mirada sobre la estructura subversiva minimalista, una estética por cierto que constituyó la respuesta de los Estados Unidos ante los dogmas europeos. Y con ello hace referencia a que los venezolanos somos producto de un mestizaje múltiple: “contenemos todas las culturas del mundo en nuestros genes. Estamos neuróticos buscando saber quiénes somos y hacia dónde vamos”.

Juan Carlos Núñez se toma muy en serio este tema: “El arte está en relación con la comunicación como ciencia social. El Nacionalismo respondió a la sociedad de su momento histórico. Ahora no es la misma sociedad, las necesidades de expresión son otras y tiene que haber comunicación con la sociedad, en su sentido más puro, sin caer en los tentáculos de la industria del entretenimiento apegada a los resultados de taquilla. La estética musical de la Venezuela actual debe liberarse de esa dinámica que se implantó de excluir de manera dictatorial a los compositores, dada por una mecánica de difusión de la música acoplada a los resultados de ventas en taquilla en los conciertos. Sometieron al compositor al ostracismo, lo enviaron a la Caverna de Sócrates, en aras de la venta de una boletería segura. La industria musical venezolana pasa por una mafia de sacerdotes ortodoxos y académicos y por los subsidiados por El Estado, que hacen prevalecer la venta masiva de entradas en los conciertos, en detrimento de un arte libre. Son radicales, excluyentes y dogmáticos. Lejos de mostrarnos un esplendor, la cultura musical de hoy muestra un inmenso cúmulo de problemas”.

Sin embargo, el maestro mantiene la esperanza: “Se está cuestionando a las instituciones y figuras hasta ahora intocables y allí está el reto para el joven creador desconocido. Se reconoce que hay Festivales y Premios que alientan la producción musical, pero esa es una solución de un 10% para el problema. Esto conlleva a determinar que todo sistema es vulnerable y la crítica y el acto reflexivo son determinantes, pues nutren la discusión y el intercambio en este sistema. En el caso de las disciplinas elementales de ejecución (violín, piano y otros instrumentos) se ve como, ante el talento juvenil, los padres optan por enviar a sus hijos fuera del país a continuar estudios, para librarles de las mafias y dogmas radicales del subsidio estatal. Pero así, se desarraiga al músico, pues allá en el exterior hará arte universal, no vivirá la contextualización venezolana. Y un músico extranjero si observa la realidad venezolana y se encuentra con una muestra de nuestro arte donde las personas se disfrazan de Bolívar y otros personajes históricos o de indígenas, sólo podrá llegar a la conclusión de que este es un país híper surrealista. Así que estamos ante una visión neurótica de la realidad, asumiendo personajes que no somos nosotros para explicar nuestro presente”.

Bolívar, Neruda y la Paz

El músico no es está más allá del bien y del mal. Está inmerso en su contexto, el mundo o el país en donde vive. Si además se dedica a la composición, entonces debe convertirse en un sociólogo prácticamente, y estar atento a los signos que su sociedad impone, en estos últimos tiempos con ritmo delirante. Juan Carlos Núñez se ha dado a la tarea de estudiar a la sociedad venezolana para traducirla en la música y hace un ejercicio científico de esa contextualización. La iconografía no la ignora, es imposible, porque el venezolano recurre a sus grandes íconos para explicarse a sí mismo, la realidad en la que está inmerso. De allí que le componga a Bolívar: “En Cantata Simón Bolívar se expresa el Bolívar del gran poeta chileno –que era marxista, por cierto- Pablo Neruda. No es un Bolívar complaciente, es un Bolívar crucificado por sus congéneres y en el río de sangre que él mismo derrama a través de la guerra, se hace un ejercicio de reflexión sobre la paz. A partir del poema de Neruda compuse con el estilo de una pieza de teatro religioso llamada auto sacramental. La Libertad –personaje que narra el poema, encarnada por Fanny Arjona- hace un viaje a la eternidad y se encuentra con Bolívar crucificado. Cuatro ángeles, deidades con distintas fuerzas, van hilando la historia y Bolívar termina siendo consagrado como un símbolo de paz, pero es una paz que invita a una reflexión mayor. Ese aporte reflexivo es para la sociedad venezolana de hoy. Pablo Neruda en Un Canto para Bolívar nos muestra a El Libertador como un símbolo de paz, un símbolo de lucha y es que ambos vienen de ser mártires en sus propios procesos y terminan siendo crucificados por sus coetáneos. En ambos, la lucha fue por la paz en la América del Sur. Nos habla de la paz como la mayor herramienta de la subversión contra la guerra”.

Juan Carlos Núñez le apuesta a un Bolívar guerrero y pacifista: “Como Neruda, busco presentar a un Simón Bolívar que cuestiona la guerra y la esclavitud, como el cáncer del pensamiento latinoamericano. Un chileno como Pablo Neruda nos lo pinta como el único símbolo de paz al que podemos aferrarnos y lo hace con claridad meridiana”.

Nuevamente se reencuentra con la Orquesta Sinfónica de Venezuela (OSV), con quien mantiene una sólida relación desde 1972: “Felicito a la Orquesta Sinfónica de Venezuela, siempre vanguardista, por exponer esta visión de mi obra que no es complaciente, pues a Bolívar lo crucifican sus prójimos y a través de un río de sangre derramada, se llega a la paz luego de la guerra. Así que es un poema atroz, que da para una profunda deliberación, que incluye esa dialéctica, la de que para alcanzar la paz se debe pasar por la guerra. Bolívar vivió la guerra hasta el fondo en un continente oscuro. Y esa misión de alcanzar la paz todavía no se ha consumado totalmente. América Latina, y especialmente Venezuela, siguen construyendo su paz. La invitación es a que el público se acerque a Cantata Simón Bolívar y reconozca al Bolívar más polémico de la historia y pueda reflexionar sobre la paz”.

Es relevante que el estreno mundial de esta obra se dé con la Orquesta Sinfónica de Venezuela con la cual estrenara su primera obra hace 42 años: “Es la primera institución musical del país con una legítima trascendencia histórica y con una fidelidad hacia sus orígenes. Es de gran valor que estrene una obra de un autor venezolano en los momentos históricos que se viven”.

Juan Carlos Núñez advierte que por cantarle a Bolívar no trata de ser nacionalista o de complacer políticamente a un sector u a otro: “De El Nacionalismo lo interesante sería rescatar las piezas, muchas de ellas compuestas para la Orquesta Sinfónica de Venezuela y volverlas a interpretar, siquiera una vez, para que el público las aprecie. Está la obra Las Torres Desprevenidas de Rhazés Hernández López, por ejemplo y hay muchas más. Tendría un valor documental histórico. Hay una gran cantidad de compositores nacionalistas que no han sido escuchados porque a veces priva el criterio comercial y es una violación al derecho de un país de acceder a estas obras que tienen un peso y un valor documental único y trascendente. La OSV es depositaria de una herencia histórica que es muy grande y a través de los años se ha afianzado en ese legado que es para todos los venezolanos”.

Juan Carlos Núñez conduciendo a la Sinfónica de Venezuela

Juan Carlos Núñez conduciendo a la Sinfónica de Venezuela

 

Juan Carlos Núñez conduciendo a la Sinfónica de Venezuela

Juan Carlos Núñez conduciendo a la Sinfónica de Venezuela

El proceso creativo, la inspiración y la exigencia de un contexto

Hablar sobre el rol de la enseñanza es para Juan Carlos Núñez un ejercicio de alegría. Las palabras brotan cargadas de emoción, quizás porque es un verdadero maestro a tiempo completo, y ejerce esa pasión en dos instituciones: desde hace 20 años está al frente del Programa de Formación Musical de El Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela a la par con su labor en la Cátedra Latinoamericana de Composición Antonio Estévez. Tiene su propio punto de vista y no ofrece concesiones: hace vanguardia al decir que lucha por liberarse de una “ortodoxia académica disfrazada de conocimiento inaccesible. La crítica hacia el sistema reinante, las reflexiones, resultan beneficiosas para los jóvenes”.

En su Cátedra Latinoamericana de Composición Antonio Estévez, desde el Museo del Teclado, en pleno centro de Caracas, sigue atento al surgimiento de la generación de nuevos compositores e insiste que hay entre 6 y 8 nuevos talentos creadores que serán el futuro. Y a pesar que sufrió los embates del cierre bajo la tutela del ministro Farruco Sesto, sigue en actividad gracias al amparo de Fundarte. Son cientos de estudiantes que pasan por su aula, donde sobresale un proceso de independencia y libertad: “No hay ideología prevalente, hay una dinámica pedagógica madura. El método comparativo y la creación son referentes a seguir, donde lo importante es relacionar el conocimiento con nuestra propia musicalidad. No se trata de formar copiadores de estilo, ni de que aprueben con 20 puntos para salir del paso. Es la instancia más creíble a nivel de pregrado”.

Juan Carlos Núñez está en contra de los epígonos, no acepta la copia de los estilos anteriores. Busca trascender lo ya conocido y explorado: “El director es un gran intérprete, si no ha tocado un instrumento es sospechoso. Como director, tenemos que tocar un instrumento y analizar y estudiar la evolución de los grandes maestros de la música. Si no, seríamos epígonos”.

Sobre los intérpretes dice que en Venezuela tenemos grandes nombres que deslumbran en escenarios internacionales: “Como el caso de Gabriela Montero, que es una extraordinaria pianista. Es apreciada en el ambiente académico y consultada como una autoridad, por ejemplo, en Beethoven. La ejecución debe ir siempre acompañada con buenas obras. De allí el gran papel del compositor. También tenemos el caso de Gustavo Dudamel, un gran violinista que resalta como director gracias a sus versiones de Mahler y Beethoven. Cuenta con el respaldo de una sólida formación sobre la estructura de la música. Ambos pertenecen al mundo de la música sinfónica, donde la competencia es atroz, donde deben brillar en una industria internacional de conciertos y llenar salas con rapidez. Entre la dinámica de la música y la industria del entretenimiento hay un gran abismo que es muy difícil de conciliar. Allí está Dudamel, que está entrando en esa categorización con un estatus similar a Mick Jagger en la música clásica. Resulta grandioso tener un director venezolano de talla internacional”.

Sobre las críticas recientes que ha recibido Dudamel en relación a su postura sobre la actual situación venezolana, Juan Carlos Núñez simplemente dice: “Los tiempos que vive el país son de gran interés. El que el Socialismo del Siglo XXI nos quiera vender la carencia de papel higiénico como cosa de otro mundo o que haya todo un proceso para redescubrir a los Diablos de Yare ¿es responsabilidad de Gustavo Dudamel? O no tener pasta de diente es un asunto económico que nos lleva a la economía del futuro, ¿es la pura verdad económica? Habrá que reflexionar sobre eso”.

Prefiere volver al aspecto creativo del compositor: “Sin compositor no hay música, sin obras no hay grandes intérpretes”. Por eso el maestro Núñez se mantiene activo, y la musa cuando le visita se expresa a través de un proceso creador cuidadoso: “Mantengo una discusión estética interna y soy incapaz de violar el espacio acústico de una orquesta sinfónica. Así que siempre conservo en mente la disposición de la orquesta, sus instrumentos, la sonoridad de cada uno, para poder expresar la música tomando en cuenta todos estos elementos. Sigo fiel al pentagrama y a mi lápiz de grafito y uso sólo la tecnología para la edición. Usar el conocimiento verdadero de la acústica para componer es determinante. La tecnología y las nuevas aplicaciones hay que abordarlas con cuidado, porque la globalización puede resultar alienante y victimizante para el creador musical. El compositor debe mantenerse fiel a su contexto”.

Como arreglista, Juan Carlos Núñez, revela que se trata de una labor más compleja: “No se trata de un pintor de brocha gorda. Tiene que ser alguien capaz de interpretar para enriquecer a otro compositor y traducir su obra a otro nivel. En el caso de los arreglos para Seis Tonadas de Simón Díaz, la obra de un verdadero creador cobra vida nueva. El público será juez implacable, pues conoce la versión original y no será indulgente de ninguna manera”.

Además de la música, Juan Carlos Núñez siente pasión absoluta por el teatro y la poesía. Libros de Federico García Lorca, Walt Whitman, Pablo Neruda y de los clásicos del Período de Oro Español forman parte de su biblioteca. Suele oír música de Stephen Reich, Philip Glass y La Monte Young, así como a las grandes figuras del Jazz. El cine también le atrae y es que ha compuesto para este género, como la música de El Rebaño de los Ángeles, del cineasta venezolano Román Chalbaud en 1979.

Entre los sueños por cumplir le queda escribir teatro lírico: “una ópera o un gran musical que no se haya escrito. El teatro musical es una de las formas que suele resolver ecuaciones que no ofrece el academicismo ortodoxo y dogmático. Es una forma más libre. En el teatro, los dogmáticos no pueden tocarte. Existe una absurda creencia de que se pueden masificar las artes como el teatro, contemplándose la taquilla y eso conlleva a la mediocridad, por la carencia de un guía, un director con una estética. La dramaturgia como ciencia social es necesaria, porque los dramaturgos guían a la sociedad”. Igual sucede en el mundo de la música clásica.

Juan Carlos Núñez:

Obras para orquesta: Tocatta sinfónica (1972), Alejo Carpentier 1930 (1975), Concierto para órgano (1976), Ritos solares (1976), Salmo popular y doliente (1978), Tango a Cortázar (1978), Concierto Poullet para chelo (1985), Doble concierto para flauta y violín (1986), Concierto Casablanca, para oboe, fagot y ensamble de jazz (1987), Tres cuadros de Anita Patin, para guitarra (1993), Toie Ezigane, para violín (1993), Seis tonadas de Simón Díaz (1999), Tocatta N°2 (2001), Vals (2003). Obras sinfónico-corales: Más música del hombre en otra historia (1978), Réquiem a la memoria de don Simón Bolívar (1986), Poeta en Nueva York (1991), El árbol de Chernobyl (1992), Misa de los trópicos (1994), Tres poemas de César Vallejo para barítono (1999), Música para los espacios cálidos, con poesía de Vicente Gerbasi (1999), Tres cantos de trabajo para barítono (2002). Óperas: Doña Bárbara, basada en el texto de Rómulo Gallegos; Chúo Gil, basada en el texto de Arturo Uslar Pietri y El tambor de Damasco, basada en el texto de Yukio Mishima. Música para teatro: Historia sentimental del merengue (1970), El rebaño de los ángeles (1970), Alfabeto para analfabetos (1976), Bolívar (1981), A petición del público (1984). Peer Gynt (1992), La tempestad (1992). Música de cámara: Trío para violín, violonchelo y piano (1992), 1994: Homenaje tropical a Arvo Pärt para dos pianos (1994), Pezzo concertante para nueve instrumentos solistas (1995). Obras del último período: 4 Movimientos para violín y orquesta, dedicado a Alexis Cárdenas (Comisión Orquesta Sinfónica de Venezuela, Estreno en Roma, Italia, 2008),Concierto para trompeta y orquesta (Comisión Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela, 2009, Inédita), Tangos y Mambos para orquesta (Comisión Eduardo Marturet, 2010, Inédita), Concierto para Oboe y Orquesta (Comisión Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela, dedicado a Andrés Eloy Medina, 2010), Amazonía (Comisión Parlamento Amazónico y Asamblea Nacional. Basado en textos yanomami recopilados por Marie Claude Muller, Estreno 2010 con la Orquesta Sinfónica de Venezuela), Concierto para orquesta (Comisión Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela, Estreno bajo la dirección de Joshua Dos Santos, 2013).

Pablo Neruda

Un canto para Bolívar

Padre nuestro que estás en la tierra, en el agua, en el aire
de toda nuestra extensa latitud silenciosa,
todo lleva tu nombre, padre, en nuestra morada:
tu apellido la caña levanta a la dulzura,
el estaño bolívar tiene un fulgor bolívar,
el pájaro bolívar sobre el volcán bolívar,
la patata, el salitre, las sombras especiales,
las corrientes, las vetas de fosfórica piedra,
todo lo nuestro viene de tu vida apagada,
tu herencia fueron ríos, llanuras, campanarios,
tu herencia es el pan nuestro de cada día, padre.

Tu pequeño cadáver de capitán valiente
ha extendido en lo inmenso su metálica forma,
de pronto salen dedos tuyos entre la nieve
y el austral pescador saca a la luz de pronto
tu sonrisa, tu voz palpitando en las redes.

De qué color la rosa que junto a tu alma alcemos?
Roja será la rosa que recuerde tu paso.
Cómo serán las manos que toquen tu ceniza?
Rojas serán las manos que en tu ceniza nacen.
Y cómo es la semilla de tu corazón muerto?
Es roja la semilla de tu corazón vivo.

Por eso es hoy la ronda de manos junto a ti.
Junto a mi mano hay otra y hay otra junto a ella,
y otra más, hasta el fondo del continente oscuro.
Y otra mano que tú no conociste entonces
viene también, Bolívar, a estrechar a la tuya:
de Teruel, de Madrid, del Jarama, del Ebro,
de la cárcel, del aire, de los muertos de España
llega esta mano roja que es hija de la tuya.

Capitán, combatiente, donde una boca
grita libertad, donde un oído escucha,
donde un soldado rojo rompe una frente parda,
donde un laurel de libres brota, donde una nueva
bandera se adorna con la sangre de nuestra insigne aurora,
Bolívar, capitán, se divisa tu rostro.
Otra vez entre pólvora y humo tu espada está naciendo.
Otra vez tu bandera con sangre se ha bordado.
Los malvados atacan tu semilla de nuevo,
clavado en otra cruz está el hijo del hombre.

Pero hacia la esperanza nos conduce tu sombra,
el laurel y la luz de tu ejército rojo
a través de la noche de América con tu mirada mira.
Tus ojos que vigilan más allá de los mares,
más allá de los pueblos oprimidos y heridos,
más allá de las negras ciudades incendiadas,
tu voz nace de nuevo, tu mano otra vez nace:
tu ejército defiende las banderas sagradas:
la Libertad sacude las campanas sangrientas,
y un sonido terrible de dolores precede
la aurora enrojecida por la sangre del hombre.
Libertador, un mundo de paz nació en tus brazos.
La paz, el pan, el trigo de tu sangre nacieron,
de nuestra joven sangre venida de tu sangre
saldrán paz, pan y trigo para el mundo que haremos.

Yo conocí a Bolívar una mañana larga,
en Madrid, en la boca del Quinto Regimiento,
Padre, le dije, ¿eres o no eres o quién eres?
Y mirando el Cuartel de la Montaña, dijo:
“Despierto cada cien años cuando despierta el pueblo”.