Vía: www.jornada.unam.mx | Por Mónica Mateos-Vega

Agencias. Ciudad de México. Más que convertirse en un director de orquesta rodeado de fama y éxito, Joshua Dos Santos (Caracas, 1985) aspira a ser reconocido como un músico humanista, capaz de estremecer almas, corazones y, ¿por qué no?, de cambiar un poco la vida de las personas a través de la música.

Esa es una de las grandes enseñanzas que comparte con el mundo quien se formó en el Sistema Nacional de Orquestas Infantiles y Juveniles de Venezuela y que ahora se encuentra en México como invitado para dirigir cuatro conciertos con la Orquesta Filarmónica de la Universidad Nacional Autónoma de México (Ofunam), en el inicio de su Segunda Temporada 2016.

Discípulo del maestro José Antonio Abreu, asistente de Gustavo Dudamel, debutó como director a los 15 años de edad con la presentación de la ópera Caballería rusticana, de Pietro Mascagni. Luego vino su primera presentación internacional en el Carnegie Hall de Nueva York, durante el festival Voices from Latin American, y su participación en el Proyecto Mahler, junto a la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de su país.

Recientemente recibió una gran ovación como único artista latinoamericano que dirigió la Filarmónica de Kódz, en el encuentro Lutoslawski Centenary Week, realizado en Polonia para celebrar los cien años del nacimiento del compositor polaco Witold Lutoslawski, considerado el más importante en ese país, después de Chopin.

Nada de forzar las cosas

Joshua Dos Santos reconoce que su juventud sorprende en primera instancia a los músicos con los que ha llegado a trabajar; no han faltado los que lo miran con incredulidad, aunque también son muchos los que echan por tierra el escepticismo al conocer su trabajo.

No he sido precoz, no he forzado nada, todo ha llegado en el momento justo, pues he estado preparado para cada uno de los retos que se me han puesto, y así voy, muy cómodo y contento, explica en entrevista con La Jornada.

En un principio, añade, “el maestro Abreu veía en mí a un futuro gran gerente, pero yo quería ser músico. Lo bueno es que aprendí de las dos cosas. Pero la primera vez que tomé una batuta y me paré frente a la orquesta fui el hombre más feliz del mundo. En El Sistema hemos crecido con la idea de que todo es posible, no existe el temor de hacerlo mal, no pensamos en qué van a pensar o decir los demás. No existe ese ego. Porque tenemos esa inocencia de la niñez que aún no está corrompida por los prejuicios de la sociedad.

“Fue así que me monté en el podio a dirigir, a hacer música. En la orquesta tocaba el violonchelo y la idea me vino en los ensayos; pensaba: ‘¡cónchale!, esta frase podría salir mejor’, es decir, se me iban ocurriendo ideas musicales.

“En ese momento, Gustavo Dudamel no dirigía como ahora lo hace; tocaba el violín con nosotros, todos los directores eran mayores. Cuando vimos que Gustavo comenzó a dirigir, fue la gran llave para otros, porque muchos dijimos: ‘ah, si él puede, yo también’, y se abrió una puerta enorme para los jóvenes directores de orquesta.

El maestro Abreu por supuesto me apoyó, me mandó a unos cursos con grandes pedagogos y de una manera muy natural llegué. A los 17 años ya estaba de director titular de mi orquesta juvenil.

Joshua Dos Santos señala que El Sistema celebrará 41 años en 2016, “y cada día está más fuerte porque todos los que creemos en esa gran obra tenemos la convicción de que es nuestra vida; no es nuestro trabajo, no estamos ahí por obligación, somos una familia.

“Por supuesto, en algunos momentos no estamos todos de acuerdo, pero sí unidos, sobre todo al momento de hacer música. Somos uno solo y creemos en eso, porque lo hemos vivido. Esa es la fuerza, la base de la institución.

Hemos tenido altibajos; estos años han sido muy duros, no sólo para El Sistema, sino para todo el país; no es un secreto para nadie, pero ahí estamos, haciendo música, que es lo que nos corresponde. Si Venezuela, como otros países, pasa por un momento de pesadez, qué mejor herramienta que la música para poder limpiar un poco el espíritu. Nosotros mismos nos sorprendemos cuando vemos a las nuevas generaciones de niños y jóvenes interpretar con madurez, ¡están geniales! Es magia. No hay explicación.

Con Dudamel, cercanía y respeto

Dos Santos lleva cinco años trabajando, además, de director asistente de Dudamel; tenemos una relación laboral y personal muy cercana; el respeto es enorme, sobre todo porque él sabe que necesito hacer mi carrera y que no intento ser como él; a él le gusta eso, y así sucede con las orquestas juveniles de Venezuela: Dudamel es una gran inspiración, pero sabemos que cada uno debe crecer con rumbo propio, pues sabemos que en esa medida crece El Sistema, donde el maestro Abreu todavía tiene mucho que enseñar, por ejemplo, que todos los días siempre hay algo que aprender. Ese es nuestro espíritu.

Considera que en Venezuela existe un sonido característico de sus orquestas: cuerdas que suenan en grande, al igual que los metales, “muy salvajes, pero eso no se puede lograr siempre con otras orquestas; uno como director debe conocer las bondades de la agrupación con la que va a trabajar y hacerlas florecer.

“Sería un error convertir a cada orquesta por la que uno va pasando en lo que uno cree que es, pues también influyen las zonas geográficas.

Lo principal es que la comunicación entre director y orquesta sea de la manera más amistosa; ese pequeño secreto permite que la música fluya y a partir de ahí todo es natural. No tienes que ser un dictador, tampoco dejar que te consuman las opiniones; tienes que ser gran diplomático, gran negociador.