José Mena Polo, director de coros formado en la Escuela de Dirección de Alberto Grau y María Guinand en Venezuela, es actualmente uno de los músicos más ocupados de España. 

 

Vía: actualy.es | Por Elssen Lombó, socióloga venezolana. Escribe desde Madrid (España).

Dirige siete coros y también canta como contratenor. Llegó en 2010 a Madrid después de haber sido víctima de un atraco en Caracas del que logró salir ileso, pero que marcó su existencia y lo llevó a tomar la decisión de salir del país.

-¿Cómo iniciaste tu trabajo en España?

-Durante los primeros 3 meses me enteré de la existencia de la Escuela Coral de Madrid. La coordinadora conocía el trabajo que yo realizaba como director del coro del colegio Emil Friedman en Caracas. Tuve una reunión con ellos e inmediatamente hubo una conexión y al año escolar siguiente ya estaba dando clases. La Escuela Coral de Madrid es una iniciativa de Alfredo Flores que tiene ya unos 8 o 9 años y la idea es formar gente que se desempeñe de manera efectiva en un coro aunque no haya tenido experiencia coral anterior: tomamos gente que no tiene experiencia y la preparamos para cantar.

-¿Cómo encontraste el mundo coral español, después de la experiencia venezolana?

-Puedo hablar de Madrid porque en otros sitios de España la situación coral es bastante diferente. En Madrid hay un movimiento coral muy grande, hay muchos coros pero su nivel no es especialmente alto. Hay unos que despuntan, hay gente profesional que hace muy buen trabajo, pero la media de los coros no tiene un nivel bueno. En verdad a mí al principio me pegó un poco porque yo tenía otra idea de lo que me iba a encontrar, y lo vi más bien como una oportunidad. Yo he centrado mi trabajo en mostrar las otras cosas que un coro también puede hacer, porque me he encontrado con que todos los coros cantan música sacra, de forma muy estática. También hay que tomar en cuenta que la media de edad de los cantantes de coro es muy alta y es difícil que la juventud se acerque a la música coral. Entonces lo que he intentado es variar el repertorio, que la gente vaya al concierto y escuche cosas que no está acostumbrado a escuchar en un concierto coral y de esa manera creo que incluso logramos captar nuevos cantantes para los coros.

-Actualmente en Madrid hay un grupo de músicos venezolanos que ha emigrado y que se encuentran trabajando. ¿Crees que esto está influyendo dentro del medio coral madrileño?

-Yo siento que aquí se quedó todo como en una época y la música coral no ha avanzado y no tenemos que ir muy lejos ya que con cruzar la frontera con Francia nos podemos dar cuenta de cuán diferente es el movimiento coral francés e incluso el movimiento coral portugués. Madrid se ha quedado un poco en los años 50. Los coros cantan “Tomás Luis de Victoria” de una manera que ya no se hace. Yo tengo un coro que tiene una larga trayectoria que ha cantado mucha música y he tenido que dirigir cosas que ellos han hecho hace mucho tiempo y se sorprenden de lo diferente que puede sonar la misma obra. Y también es cierto que en todos los conciertos siempre hay una palabra de aliento por el repertorio, que el público lo nota diferente. Supongo que eso progresivamente irá haciendo algo en este medio.

Yo no sé si necesariamente porque somos venezolanos, que sabemos que hay una tradición coral importante en nuestro país o si es porque el territorio en el que caemos está muy árido, que cualquier cosa que hagamos nueva implica moverse. Sí es cierto que somos unos cuantos directores venezolanos que estamos aquí y además directores que venimos, si no todos algunos de la misma escuela, de manera que uno va sembrando lo que sembraron en uno.

Cuéntanos ¿Que estás haciendo en este momento?

-Estoy dirigiendo el coro ConSonante en Escuela Coral de Madrid, el Coro de Cámara Noialtre, que es un coro de voces femeninas, el coro Semicírculo de la Escuela de Ingenieros Industriales de la Universidad Politécnica de Madrid, estoy dirigiendo el Coro de hombres gays de Madrid, el coro de la Fundación Fernando VI y llevo dos cursos integrales de canto coral de la Escuela Coral de Madrid a los que les busco el repertorio para dar uno que otro concierto en el año. Así que dirijo siete en total.

-¿Qué ha sido lo más fácil de hacer en esta experiencia que estás desarrollando aquí y cuál ha sido tu mayor reto?

-Hacer música no ha sido nada difícil. Creo que el problema ha sido cambiar la mentalidad, la forma de hacerlo para los coralistas, introducir piezas nuevas lo he tenido que hacer con mucha mano izquierda porque hay mucha resistencia al cambio y hay que ir poco a poco demostrando que lo que tú planteas da buenos resultado y entonces lo más difícil ha sido ese estira y encoge: le doy un poco lo que quieren, pero por otro lado les doy un poco de lo que yo quiero hacer. Estoy seguro que si yo hubiese impuesto lo que yo quería hacer desde el principio no tendría 7 coros y no estaría haciendo prácticamente nada.

-¿Cuál es el proyecto que consideras más importante?

-Me cuesta hablar de uno porque todos mis coros son muy importantes para mí.
Hay unos con los que puedo hacer más cosas que con otros, como por ejemplo, con el coro ConSonante que es como un hijo porque la idea partió de mí, la escuela confió, me dio la oportunidad y me abrió las puertas para crear ese proyecto y puedo ver la evolución constante del coro que voy moldeando a mi manera de hacer música coral.
A nivel del tipo de repertorio que puedo hacer, en este momento por la envergadura del repertorio que es muy alta, es Noialtre. Semicírculo me plantea ciertos retos importantes porque es un coro que tiene mucha trayectoria, donde la media de edad es muy alta pero son muy entusiastas, entonces el reto para mí más importante es que ellos sigan sintiendo que están cantando con un buen nivel, que están haciendo obras importantes, que son y que están defendiendo la trayectoria que tienen a pesar de que las condiciones no son las que tenían hace unos años atrás y entonces para mí eso representa un reto.

¿Tu experiencia en el Coro de Hombres gay de Madrid, qué tal ha ido?

El Coro de hombres gay es un capítulo aparte porque el tipo de música que se hace es diferente y además la música es un vehículo para hacer llegar un mensaje de normalización, de visibilidad de un colectivo al que se le achacan ciertos estereotipos. Este es un grupo muy particular sobre todo porque la música no es el fin, a pesar de que se busca la excelencia. Es un trabajo interesante y divertido. Hacemos espectáculos donde hay actuaciones y hay puesta en escena. Tenemos una coreógrafa que nos monta la coreografía para cada canción, entonces es muy divertido para el que canta y para mí es estupendo porque me hace trabajar cosas que cuando estoy parado frente a un coro moviendo los brazos normalmente no trabajo y para el público es una propuesta totalmente diferente porque aunque en el nombre está la palabra coro, llegan al concierto con una idea de que verán algo y se van habiendo visto cualquier otra cosa. Tengo 2 años dirigiendo ese grupo y me ha dado muchísima satisfacciones.

¿Qué planes tienes para 2018?

-2018 para mí va a representar un reto muy importante porque acabamos de hacer con el coro ConSonante el primer proyecto con un grupo instrumental y yo quisiera en 2018 afianzar esa alianza que busco con la orquesta para poder hacer por lo menos una vez al año una obra en la que los cantantes se enfrenten al trabajo con los instrumentos que es un trabajo completamente diferente al trabajo a capella y que es un trabajo muy enriquecedor.  En líneas generales mis proyectos apuntan a seguir elevando el nivel de los coros con los que estoy trabajando y de alguna manera mostrar a mis colegas y coros amigos las otras cosas que uno puede hacer, los repertorios que  se pueden abarcar, que no es necesario cantar las mismas piezas toda la vida y que no hay que meterse con obras extremadamente complejas que al final terminan frustrando al cantante si no salen del todo bien, si no que se puede hacer dignamente una obra que esté a nivel de cada coro.

Creo que esa es una de las cosas que aprendí de mis maestros y cada vez que tengo que escoger repertorio no pienso en mí, en lo que yo quiero hacer, en lo que yo quisiera montar, sino que pienso en lo que el coro puede hacer y en lo que puede significar para el coro poder alcanzar un escalón más. No intento que suban cinco escalones, intento solo que suban uno. Eso hace que el coro se enfrente a retos que puede llevar a buen puerto, y de esa manera no se frustran y sienten que poco a poco van avanzando y mejorando.

Esto lo aprendí cuando me formé con Alberto Grau y Maria Guinand en la escuela de dirección que ellos llevan años conduciendo. Esa escuela no es un sitio, es una escuela de vida, de experiencias, todos los que hemos pasado por ahí, no solo hemos ido al aula de clase sino que hemos cantado en sus coros y participado de lo que son ellos como directores.