El joven margariteño es -además de violinista- director de la Sinfónica Juvenil del estado Nueva Esparta con tan solo 16 años de edad. En esta entrevista comparte cómo, desde la más temprana juventud, ha escogido a la música y al rigor del estudio, como su camino de vida

Prensa FundaMusical Bolívar

José Ángel Salazar

José Ángel Salazar

La seriedad y firmeza de los propósitos de vida de José Ángel Salazar se temperaban con la libertad con la que se comía un chocolate. Con la liviandad que solo se siente en la elástica adolescencia, este violinista y director conversó con FundaMusical sobre su carrera, una que con tan solo 16 años de edad ha recorrido caminos llenos de responsabilidad: era el concertino de la Sinfónica Infantil de Nueva Esparta cuando decidió, con 11 años, montarse en el podio a dirigir. Hoy es la batuta titular de la Sinfónica Juvenil de su estado.

El joven margariteño encontró su estímulo para el futuro a los 7 años, cuando el Ensamble de Metales de Venezuela visitó, bajo la batuta de Thomas Clamor (Alemania), la cordial y calurosa isla. “Fue un contacto directo -sin palabras ni conocimiento- lo que me atrajo de la música”, rememora. Esa fue su puerta de entrada al núcleo de Guaraguao (Porlamar) del Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela.

Con cada explicación, la identidad insular brota de sus ojos desbordados de ganas de comerse el mundo; se ve en su cuello, del que pende la Virgen del Valle; se oye en su característico acento, pero sobre todo, se siente a través de su agradecimiento con las oportunidades -como él las llama- y se palpa a través del nexo familiar (muy típico del oriente venezolano) que ha creado con sus impulsores: los maestros Luis Villarroel, Felipe Izcaray, Eddy Marcano, Gregory Carreño, y por supuesto, José Antonio Abreu. A algunos –aclara– les pide la bendición.

-José Ángel, ¿cómo llegaste a El Sistema?
-Empecé a los 7 años porque en mi colegio estudiaban unas niñas que tocaban violín en el núcleo de Guaraguao. Siempre había tenido inclinaciones por la música y mi papá me preguntó si quería que averiguáramos. En ese momento no conocíamos El Sistema; no sabíamos que era gratuito. Nos acercamos al núcleo, y afortunadamente, estaba por aquí de gira el Ensamble de Metales de Venezuela con el maestro Thomas Clamor y me invitaron al concierto para ver si me gustaba antes de inscribirme. Ese concierto fue lo máximo, un momento que nunca se me va a olvidar; fue cuando entendí y acepté que iba a tomar la música para mi vida.

-Ahora trabajas como director de la Sinfónica Juvenil de tu estado, pero antes solo eras violinista, ¿por qué te gustó ese instrumento?
-En aquel momento iniciábamos en el núcleo con flauta dulce. Después del concierto del Ensamble iba a escoger la trompeta, obviamente, pero desde muy pequeño tuve la figura del maestro Eddy Marcano presente porque mi abuelo fue profesor de él en el liceo. Por eso escogí el violín, que para mí es un instrumento que da muchos dolores de cabeza.

-¿Por qué es un dolor de cabeza?
-Bueno, porque para mí es difícil tocar violín, no tengo facilidades. Sin embargo, siento que soy bueno porque es un reto. Estudiar violín en el día a día me hace sentir que no hay nada que sea imposible. Me muestra que hay cosas difíciles, pero que hay que echar para adelante.

-Tanto echaste para adelante con el violín que antes de dirigir eras el concertino de tu orquesta…
-Sí, poco a poco fui creciendo dentro de la orquesta hasta que el maestro Luis Villarroel me confió esa responsabilidad. En aquel momento -tenía 11 años- la tomé muy en serio; me ponía trabajar con la orquesta. Además, el maestro y yo creamos un vinculo muy bonito, teníamos mucha comunicación. Justamente creo que por eso empecé con la dirección: era diciembre y el maestro salió de un ensayo porque tenía una reunión, entonces yo pensé: “tenemos que seguir trabajando”, y me paré en el podio con el violín. Empecé el ensayo; después de marcar el tempo yo tocaba también, pero sin darme cuenta solté el violín, lo puse en una silla y comencé a escuchar y a dirigir. Cuando el maestro Villarroel entró y me vio, llamó a todos los profesores de núcleo. Después de eso el maestro Villarroel comenzó a enseñarme cómo hacer las cosas y me dejaba dirigir alguna obra en los conciertos.

Luego, el maestro Felipe Izcaray -que ha sido mi maestro abuelo- continuó encaminando esta oportunidad, porque fue él quien me llevó a Caracas a conocoer al maestro José Antonio (Abreu); fue quien me dio la confianza de dirigir a la orquesta sinfónica, y me pidió que fuera su asistente para que cuando él tuviera que viajar, quedara yo.

-Eras muy joven cuando descubriste esa habilidad, de hecho, la BBC Mundo publicó un trabajo en el que decía que tú eras el director más joven del mundo; tenías 14 años, ¿cómo fue esa experiencia para ti?
-Como siempre, muy agradecido por las oportunidades que se me dan. Para mí eso fue la entrada a un mundo nuevo; me paraba de la cama y tenía una cámara al lado. Era un compromiso. Mi mamá lo veía como muy apresurado, pero es lo que nos ha tocado. Siempre me preocupó también, y lo decía: yo no sabía, no podía afirmar con certeza, si era el más joven del mundo. Quizás en otro lugar hay un niño más pequeño dirigiendo o quizás hay uno más talentoso que yo, pero que no han tenido las oportunidades que yo he tenido.

-Más allá de la tarea musical, El Sistema ha llegado a todas partes del país; a zonas rurales, vulnerables… ¿sientes que en tu caso este proyecto ha hecho otro tipo de trabajo más allá del artístico?
-Bueno, en mi caso empecé a crecer y empezaron los viajes, el estudio, pero para mí lo más importante hoy, mañana y siempre va a ser conservar que sigo siendo ese mismo chamo de Villarosa. La urbanización donde vivo puede decirse que es un barrio, y en ese sentido, El Sistema ha hecho una labor increíble en todo el país. Aquí en nuestra orquesta hay muchachos que viven en todas las partes de la isla: en el Guamache (a orilla de la playa, cerca de Punta de Piedras); gente que vive en Juan Griego; otros que viven en Guaraguao, cerca del núcleo, muy cerca de la playa. Muchos no tienen condiciones para tener una buena vivienda y El Sistema les da la oportunidad de tener esperanza y de aprender a tener disciplina para alcanzar sus metas.

-Estás en quinto año de bachillerato y tienes a la par de tus responsabilidades, una vida muy joven y divertida ¿Hay algo que sientas que no has podido vivir respecto a la vida que lleva un muchacho de tu edad?
-No. Yo más bien siento una carrera contra el tiempo. Mi vida es un poquito complicada porque ahora también estoy comprometidísimo con un curso de inglés, porque también amo los idiomas. Estoy en el liceo, este año salgo de bachillerato y me he fajado en sacar buenas notas. Además, tengo el compromiso con la orquesta porque ahorita no hay otro director; estoy encargado de la juvenil y de la sinfónica… a veces debo viajar. Es un poco difícil porque estoy limitado de tiempo, pero siempre trato de hacer de todo; salgo con mis amigos, voy a la playa con la familia. Siento que nunca, nunca voy a tener un descanso porque adoro estudiar, tener un libro conmigo, montarme en un autobús e irme a donde me tenga que ir. Adoro eso.

-No podemos dejar de lado que eres de Margarita y es aquí donde has dado tus primeros pasos hacia el futuro. En ese sentido, ¿qué valor le darías al trabajo que El Sistema hace en el interior del país?
-Bueno, a veces pienso en que una gran parte de lo que está en Caracas se construye fuera de ella. Todo lo que se ve y oye allá viene construido en gran parte de Margarita -por hablar de mi caso- y de todas las regiones del país. Debemos seguir siendo una plataforma para seguir brindando lo mejor de nosotros a la nación, y en ese sentido enfoco mi trabajo acá en la isla: que sea de calidad, para que mis compañeros tengan una plataforma para crecer, para llegar a una (Sinfónica Juvenil) Teresa Carreño, a una (Orquesta Sinfónica) Simón Bolívar, o para que se vayan al exterior a estudiar.

-¿Qué significa la figura del maestro José Antonio Abreu para ti, que después de 39 años, representas a una de las generaciones más jóvenes de su proyecto?
-Él siempre ha estado muy pendiente de mi formación y lo veo con lo que demuestra; le envío mis videos y estoy estudiando en el programa de formación en Caracas gracias a él. En mi trabajo aquí está su consejo de por medio. Pienso que es lo que tenemos todos quienes formamos parte de El Sistema: sentimos que hay un padre, un líder, que además, es un ser humano irrepetible.

-¿Cómo ves tu futuro?
– Para mí lo más importante es mi formación. Creo que la persona que dice que ya está formada, acaba con su crecimiento. Uno siempre puede crecer más. Lo que voy a ser toda mi vida es músico, músico en todos los ámbitos. No quiero ser cerrado y dedicarme a un solo camino. Pienso que para mí lo más importante es hacer buena música en el rol que toque: desde el podio, desde el atril, como profesor o como alumno.

– En esa formación que has construido, ¿qué lugar ocupa la música, El Sistema?
– Bueno, El Sistema ha sido el pilar de mi formación; de la que he logrado hoy en día y de la que me falta también. Siento que El Sistema es algo que me pertenece. Es una parte fundamental. Siempre voy a poder decir, ya sea en China o en la luna: “yo soy del Sistema”, porque más allá de una cuestión de orgullo, es así. Me formó El Sistema y eso es algo que es mío y que nadie me va a poder quitar.