Hace dos temporadas, Javier Camarena grabó su nombre en la historia del Teatro Real al ofrecer dos bises en La hija del regimientode Donizetti ante un público enfervorizado. Antes, lo había hecho nada menos que en Metropolitan de Nueva York. El tenor mexicano, uno de los grandes intérpretes actuales del bel canto, es un habitual de los escenarios españoles. Tras participar la semana pasada en la gala de los veinte años del Teatro Real cantando Favorita, realiza ahora una serie de recitales en diversas ciudades con programas muy diversos. | Vía:  www.abc.es | Stefano Russomanno


 

El recital de Sevilla está dedicado a Manuel García

Sí. Es un homenaje al Manuel García compositor y cantante, con arias de sus óperas y de su repertorio preferido. El recital madrileño, en cambio, será mi primera incursión en la zarzuela. Es una cita que me tiene muy emocionado, incluso con cierta ansiedad.

¿Conocía el género con anterioridad?

Sólo arias sueltas, las más célebres. Pero a raíz del concierto fui profundizando y estoy entusiasmado.

El estilo vocal de la zarzuela parece en las antípodas de su especialidad, el «bel» canto.

Hay romanzas que no tienen nada que envidiar a ninguna aria operística. «Flor roja» es de una belleza melódica y una profundidad poética… Voy con la intención de pintar con la música las palabras y todas las emociones contenidas en cada una de ellas. Hay tantas situaciones diversas.

Según entiendo, buscará también aquí la belleza del canto.

Así debe ser. Mi referente principal es Alfredo Kraus, que grabó mucha zarzuela. Su pulcritud de canto, su elegancia y su sobriedad dan a estas piezas la dimensión justa. Aunque yo soy un poco más emocional.

«La gente está acostumbrada a cantantes de gran poderío vocal, pero que dejan de lado las sutilezas»

Su recital canario será precisamente un homenaje a Kraus.

El concierto será un recorrido por el repertorio que él hizo. Kraus es una referencia obligada para cuantos hacemos un repertorio lírico y lírico ligero. Aunque no cantó mucho Rossini, su pulcritud, su limpieza de estilo y su inteligencia vocal permiten apreciar técnicamente lo que es correcto hacer.

¿Hacia dónde le gustaría evolucionar?

Me gustaría incorporar papeles más pesados, pero vendrán con el tiempo. Es parte del desarrollo vocal. Hoy en día, por ejemplo, me encuentro más cómodo con Bellini y Donizetti que con el Rossini que he hecho en los primeros cinco años de carrera. Rossini es muy saludable para la cuerda de tenor: en mis inicios, me auydó a consolidar la técnica y la flexibilidad para hacer las cosas que hoy en día me gustan como el «filado» sobre notas sobreagudas, ataques en piano cuando está escrito en partitura. La gente está acostumbrada a cantantes que apabullan por el poderío vocal pero que dejan de lado lo que el compositor ha escrito para el personaje, las sutilezas. Para «Favorita», analicé los «crescendi», los «diminuendi», los «pianissimi»: es lo que me gusta incluir en este repertorio. En un futuro, me apetecería ir hacia el lado de la ópera francesa: «Fausto», «Werther»… Hoffmann me encanta, pero no tengo todavía redondez y peso suficientes en la voz. Y ya pensaré en retomar Rigoletto e incorporar «Traviata». Mi rol cumbre sería Rodolfo, en «Bohème», y mi rol soñado, que no sé si cantaré alguna vez, es Cavaradossi.

¿Su tenor ideal?

Una mezcla entre la técnica de Kraus y la capacidad comunicativa de Pavarotti. Para Rossini y Mozart, admiro mucho lo que hacía Francisco Araiza. Y mi tenor top es Fritz Wunderlich.