Ivor Bolton

Ivor Bolton

El nuevo responsable del foso del coliseo madrileño llega con la sensación de “grandes cosas están por Ivor Bolton (Blackod, 1958) nació en los suburbios de Mánchester. “Mi abuelo fue minero y mi padre conductor de trenes”, recuerda sobre sus orígenes. Pero la música apareció en su vida y, primero en el festival de Glyndebourne y luego en Salzburgo y la Ópera de Munich, fue construyendo su nombre como director de orquesta. El lunes, mientras se encontraba preparando el inminente estreno del ‘Alceste’ de Gluck en Madrid, se anunció su nombre como director musical del Teatro Real, acompañando a Joan Matabosch. Una “progresión natural”, como dice él, mientras toca con sus manos ‘working class’ las ‘Variaciones Goldberg’ al piano.

¿Cómo recibe el nombramiento?
Acepto el cargo con una gran emoción. Tuve que tomar algunas decisiones, porque continúo al cargo de la orquesta Mozarteum de Salzburgo hasta el 2017, creo, pero esto no supone un conflicto con el Teatro Real, porque no hago ópera allí excepto durante el Festival, que es agosto.

¿Qué imagen tenía del Real?
Desde que estuve aquí en 2009 con Jenufa, de Janácek, tengo un grato recuerdo. Ésta es una Ópera nueva, históricamente hablando, porque su reinaguración es relativamente reciente y porque éste es el momento de su apertura internacional. Es un sitio donde no se siente el peso del pasado, y sin esa opresión uno siente que hay grandes cosas por venir.

¿Cree que estos son buenos tiempos para la ópera y, más concretamente, para los cantantes?
Antaño, en los tiempos de Margaret Price, los jóvenes cantantes ingresaban en una compañía de ópera y podían estar cinco años de formación. Pero esto ya no sucede, porque vivimos en una época de impaciencia y de satisfacción inmediata:_las casas de discos están buscando continuamente la nueva generación de cantantes. Es el caso de Rolando Villazón, que está en un momento de su carrera más frágil de lo que merecería, porque tuvo que hacer una montaña rusa vocal cuando era muy joven. El sistema actual difícilmente permitiría una evolución como la que vivió Alfredo Kraus.

¿Qué planes tiene para Madrid?
Primero, quiero merodear por aquí y ver cómo funcionan las cosas. He podido ver que la sección de cuerdas está bien desarrollada, pero quiero trabajar los detalles. Mi especialidad es el clasicismo y creo que si se toca bien esta parte del repertorio resulta un buen ejercicio físico y mental. Pero el objetivo final es uno:_hacer algo de calidad.

¿Cómo definiría a su director artístico?
Matabosch es una fuerza de la naturaleza. Controla el negocio completamente y conoce a todo el mundo:_sabe a la perfección quién puede cantar cada papel.

¿Y al predecesor?
Mortier es especialmente brillante para sentar las bases filosóficas de una programación y para trabajar con los gustos del público, ampliándolos o desafiándolos. En cualquier caso, un teatro de ópera es más significativo después de que Mortier haya pasado por él. Y es lo que ha hecho con el Real:_lo ha puesto en el mapa

Pero su relación con el público no ha sido fácil en Madrid.
Yo no veo el público como una entidad fija. Incluso cuando el 80% de los asistentes a un montaje se vayan echando pestes, en el otro 20% hay una semilla. El auténtico legado tarda tiempo en aparecer y, a pesar de que en el mandato de Mortier en Salzburgo hubo grandes escándalos, ahora le echamos de menos.

Y, en su caso, ¿cómo ve usted la relación con los espectadores?
Con el tiempo suficiente, se puede desarrollar el gusto del público. Pero nunca deberíamos pretender educarlo o guiarlo de forma condescendiente, porque tiene implicaciones de superioridad moral y arrogancia. Hay que ser consciente de que la gente va a la ópera porque quiere entretenerse y paga un buen dinero por ello. En esta dimensión, el elemento crucial es que los cantantes canten bien y que la orquesta toque correctamente. Pero también puede ser algo estimulante que, sin evadirte, te dé una nueva perspectiva de tu vida. Peter Jonas, que dirigió la ópera de Munich, dice siempre que estos teatros no son una sauna, donde vamos a relajar los músculos.

Mortier impuso un sistema de director musical rotatorio. ¿Será complejo volver al director fijo?
En realidad, las orquestas están más que acostumbradas a trabajar con diferentes directores. Como yo concibo el rol del director musical es como alguien que establece unas pautas de trabajo y una confianza en el estilo propio.