Vía: El País.com | Escrito por Norman Lebrecht | Traducción de News Clips

Tras una primera lectura, el informe de tres historiadores sobre las actividades de la Orquesta Filarmónica de Viena (OFV) de la época nazi confirma lo que ya sabíamos: que el grupo y muchos de sus músicos eran instrumentos voluntarios de un régimen asesino. La historia oficial de la OFV, escrita en 1992 por su actual presidente, Clemens Hellsberg, señalaba que 13 miembros judíos de la orquesta fueron expulsados y que seis de ellos fueron asesinados, y que la Filarmónica dio una vez un concierto en un cuartel de las SS, amenizando así la noche de los autores de un asesinato en masa. Uno pensaría que no pasó de ahí. Pero sí lo hizo.

El gobernador de Austria Arthur Seyss (izquierda) y el director de orquesta alemán Wilhelm Furtwängler, con la Filarmónica de Viena en 1938. / afp

El gobernador de Austria Arthur Seyss (izquierda) y el director de orquesta alemán Wilhelm Furtwängler, con la Filarmónica de Viena en 1938. / afp

Al exponer los datos de forma objetiva, uno detrás de otro, como han hecho los historiadores, lo que descubrimos es una orquesta que no solo estuvo infectada por el nazismo entre el Anschluss [la anexión de Austria] en marzo de 1938 y la muerte de Hitler en abril de 1945, sino antes de eso y mucho tiempo después. En 1942, casi la mitad de la orquesta —60 músicos de un total de 123— pertenecía al Partido Nazi, lo que constituye una muestra inusual de entusiasmo en un país en el que solo el 10% de la población estaba afiliada a la formación que sostenía el régimen.Además de todo eso, el acontecimiento más longevo y de mayor éxito popular de la música clásica —el Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena— fue creado en 1939 como un espectáculo de propaganda para la raza superior. El codiciado Anillo de Honor de la OFV fue concedido hace relativamente poco tiempo, en 1966, a un criminal de guerra, Baldur von Schirach, quien como gauleiter [JEFE]de Viena fue el responsable de organizar el asesinato en masa de cientos de miles de ciudadanos. Veinte años después del final del nazismo, la Filarmónica de Viena todavía quería premiar a Von Schirach.

La primera reacción del presidente de la orquesta ante estos hallazgos fue culpar del incidente de Von Schirach a la esquiva figura de Helmut Wobisch, trompeta principal de la OFV desde 1939 hasta 1945, y nuevamente desde 1950 hasta 1968. Wobisch era un nazi ardiente y sin pelos en la lengua que se unió al partido en 1933 cuando era ilegal y se convirtió en oficial de las SS al año siguiente. También era un espía de la Gestapo.

Después de la guerra, Helmut Wobisch fue uno de los 10 músicos suspendidos de la orquesta por sus actividades nazis, pero fue readmitido cinco años más tarde, y en 1953 fue elegido por la cooperativa para ser su director empresarial, o de hecho, su cabeza visible ante el resto del mundo de la música. Wobisch sabía cómo caer simpático. Leonard Bernstein, el director de orquesta judío-estadounidense, se refería a él como “mi queridísimo nazi”.

El hecho de que hubiese sido oficial de las SS y de la Gestapo no era ningún secreto, y la idea de que hubiese podido concederle el Anillo a Von Schirach sin el conocimiento de sus colegas le resulta absurda a cualquiera que conozca el funcionamiento de un conjunto en el que todos los músicos son copropietarios a partes iguales.

Lo que se extrae del informe de los historiadores ahora difundido es que la Filarmónica de Viena conspiró no solo para encubrir su colaboración con el régimen nazi en el poder, sino su prolongado apoyo a nazis prominentes décadas después de la derrota del régimen. El encubrimiento fue tan eficaz que algunos de los documentos fueron ocultados a su propio historiador oficial y presidente, cuya reacción esta semana ha sido de estupefacción y defensiva.

¿Por qué debería importar todavía esto, tantos años después? En primer lugar, porque el Concierto de Año Nuevo es el programa de música clásica más visto del mundo, con 50 millones de espectadores de televisión a lo largo de todo el planeta. Ya es hora de que esta solemne ocasión venga precedida de un minuto de silencio por los músicos expulsados de la Filarmónica de Viena y asesinados por sus aliados nazis.

Y en segundo lugar, el informe de los historiadores hace que los miembros actuales de la orquesta tengan la gran responsabilidad de demostrar que han aprendido del pasado. No hay muchos indicios de que lo hayan hecho. Hoy en día, la OFV es una organización con prejuicios y discriminatoria, y que incumple la normativa europea al contar con solo seis mujeres entre sus miembros y al negarse obstinadamente a admitir a músicos asiáticos y afrocaribeños. La única forma de que la Filarmónica de Viena deje atrás la sombra de su desagradable pasado es pasando página y convirtiéndose en una orquesta abierta, justa e igualitaria. Es una solución necesaria, pero no tengo ninguna esperanza de verla en mi vida.