Vía: www.elmundo.es | JAVIER BLÁNQUEZ

La virtuosa Hilary Hahn interpreta el concierto de Brahms con la OBC

Hilary Hahn fue la última niña prodigio del violín del siglo XX -publicó su primer disco, un programa de partitas y sonatas de Bach, en 1997, cuando sólo tenía 18 años, después de irrumpir en el circuito como un huracán-, y sin duda es la más completa, perfecta e inteligente intérprete de su instrumento en lo que va del XXI.

Su currículum causa impresión:ya son más de 15 discos repletos de versiones virtuosas de los conciertos de Brahms, Paganini o Chaikovski los que lleva publicados, siempre con un complemento más oscuro, difícil, con vocación altamente didáctica;si grababa el concierto de Beethoven, completaba el disco con el de Britten; si rescataba el de Sibelius, lo enfrentaba con la matemática del de Schoenberg.

«Creo que los contrastes son iluminadores», explica Hahn. Está en su camerino en L’Auditori, apurando los últimos ensayos antes de subirse esta noche -también el sábado y domingo- para tocar el primer concierto para violín de Brahms junto a la OBC, en un programa completado por una nueva pieza de Benet Casablancas y la segunda sinfonía de Rachmaninov.

Hilary se relaja y sigue. «Cuando enfrentas obras alejadas en el tiempo o el estilo, ayudas a que se puedan escuchar de forma distinta. Esta semana toco a Brahms, la próxima volveré a Korngold, y dentro de un mes retomaré mi programa de Schumann y Debussy:no sé trabajar si no es dando saltos bruscos. Lo hago sin pensar en el público, pero al público siempre le ha gustado».

Hilary Hahn ha amasado su prestigio gracias a su técnica inmaculada -se conocen pocas violinistas tan técnicas, tan estudiosas, y a la vez tan líricas-, pero sobre todo a la curiosidad con la que investiga nuevo repertorio. Ella no quiere convertirse en una máquina de repetir lo de siempre, y ni siquiera acude a la música contemporánea como un turista. Uno de los mayores placeres de su trabajo, indica, es poder trabajar con autores no sólo vivos, sino además jóvenes.

«Una de las frustraciones de tocar música escrita, por ejemplo, hace 200 años», explica, «es que al compositor no le puedes enviar un email para preguntarle qué significa cierta anotación, o saber exactamente cuánto debe durar una nota. Así que te guías por intuición. Pero cuando puedes llamar al autor y descubrir la música en un diálogo, tus sentidos se afinan».

Para su último disco hasta ahora, In 27 pieces:The Hilary Hahn encores (Deutsche Grammophon, 2013), Hahn encargó 27 piezas breves a compositores de diferentes ámbitos de la contemporánea -desde autores de bandas sonoras como James Newton Howard o Max Richter a fronterizos con el jazz y el pop como Elliot Sharp o Nico Muhly-, todas pensadas para cerrar sus conciertos a modo de propina.

El proyecto Encores es la culminación de un proceso de búsqueda:Hahn ha tocado en piezas para cine como el soundtrack de The village (M. Night Shyamalan), estrenó el Violin concerto de Jennifer Higdon, una de las principales compositoras norteamericanas del siglo, y ha iniciado un proyecto de improvisación junto a Hauschka, un intrigante músico alemán con un pie en la electrónica y el otro en la vanguardia heredada de John Cage. Tienen un disco juntos:Silfra (2012).

«Me gusta cuando la partitura no lo deja todo claro», reflexiona. «Incluso con piezas muy conocidas hay una parte de mi cerebro que me pide improvisar, cambiar algo. Si surgen nuevas ideas tocando a Brahms, aún más cuando tocas con Hauschka. No tengo formación como improvisadora, pero hay algo fascinante en crear algo nuevo a partir del silencio».

2015 será un año para Hahn de vuelta al clasicismo -su próximo disco, a editarse en marzo, unirá a Mozart con el belga romántico, poco conocido, Henri Vieuxtemps, «el tatarabuelo de mi profesor»-. Pero hasta rascando en el siglo XIX, su misión sigue siendo descubrir música poco frecuentada y tocarla como si se estrenara por primera vez.