Vía: versionfinal.com.ve/

¿A quién no se le eriza el alma cuando se acerca a la casa de la Chinita? Huáscar Barradas es el primero en la fila, su fe mariana llegó al cielo, y desde lo más alto de la Basílica le dio una serenata a la virgen morena.

No fue casualidad, el flautista zuliano tomó un avión a las 4:00 am hasta Maracaibo, para verse con el productor Ramón Castillo y darle forma a una producción audiovisual que exalta el sentido profundo de las artes y la restructuración del techo que realizó la empresa Bituplast.

Y así fue. Huáscar subió al techo del templo y al compás de las campanas que sonaron sin avisar, “comencé a improvisar, fui desarrollando música a partir del sonido de las campanas, fue algo muy natural que tiene que ver con el hecho más puro del arte que es la creación inmediata”.

Estaba en casa, lo sentía y la China lo sabía, “su presencia estuvo todo el tiempo”, por eso “la influencia de la virgen estaba impregnada en cada nota que toqué”, lo dice con la seguridad que caracteriza a un devoto chiquinquireño. Y es que se le hace inevitable no sentir la conexión a penas entra al templo y reflejarla en cada tono que expulsa por su flauta.

No podría repetir alguna estrofa que nació aquella tarde y que con las mismas fuerzas murió, “todo lo que pasó en ese momento no se puede repetir”. Arte nato.

Está agradecido por participar en un proyecto al que define único en su clase, que de forma muy moderna y vanguardista expone elementos artísticos, nuestros, que muchos desconocen y “hasta suelen confundir con Rusia”.

Tono mágico
Allá arriba, en el techo también se escuchó la voz delicada de Mirem de Ondiz, quien destacó que este proyecto se presentará en formato digital el próximo 30 de junio en el estacionamiento de la Basílica, después de la misa de las 6:00 pm, romperá paradigmas en lo cultural.

Cantar sobre el techo de la Iglesia ha sido gratificante para ella. “Llegué a ellos, y ellos harán llegar la música y todo lo que hacen lo demás artistas de una manera distintas al resto de la población”.

También improvisó, lo hizo de la mano de Huáscar, pero antes afinó sus letras y aprovechó la altura y la cercanía del ardiente cielo, para recordar unas notas que le había escrito a Maracaibo: “el calor agobia las nueves que quieren lamer la tierra para hacer el amor”.

Ambos artistas forman parte de las siete líneas culturales que se destacan en esta muestra audiovisual. Ellos son la música, el canto, complemento directo de la danza y la tambora que también hizo historia en las alturas de la Basílica.