Vía: guayoyoenletras.net | Por Mónica Duarte

En 1284, tras una invasión de ratas, un flautista logra salvar de la invasión a la ciudad de Hamelín. Esta es la historia mágica que cuenta la leyenda de los Hermanos Grimm que hoy es traída a las tablas caraqueñas de la mano de Huáscar Barradas. El conocido músico maracucho explora una nueva faceta como actor en el musical para dar vida al protagonista de esta historia: el flautista cazador de ratas. Guayoyo en letras se sentó con Huáscar Barradas a conversar de este nuevo paso en su carrera para dar a conocer totod los detalles detrás de esta gran producción.

Huáscar Barradas

Huáscar Barradas

Guayoyo en letras: ¿Cómo comenzó con la música?
Huáscar Barradas: La música comienza de una manera muy natural como cualquier niño que quiere tocar un instrumento y sus papás lo llevan al conservatorio, donde comencé a los nueve años. Quería tocar flauta desde muy chamo, en mi casa siempre existió la música, así que pasó muy natural. Además, tuve la suerte de que, en ese momento, comienza el sistema de orquestas del maestro Abreu y allí comencé a tocar música venezolana desde muy temprano. Comencé en la estudiantina a los 12 años, entonces tuve esa vida en la dualidad entre a música académica y la música popular de manera natural desde niño, y eso marcó mi carrera hasta el día de hoy. Esa posibilidad de jugar con dos mundos diferentes.

G.L.: ¿Y qué le deja cada uno de esos mundos? ¿Qué rescatas de la música académica y de la música popular?
H.B.: Son idiomas distintos. Pienso que tocar la música sinfónica me dio una visión muy profunda del poder de la música al tocar música de los grandes maestros, porque la música es muy pasajera en cambio una sinfonía de Beethoven tiene más de 200 años y todavía se toca y se aprecia. En cambio, la música popular no perpetúa en el tiempo. También creo que la música clásica me dio una disciplina, un dominio técnico del instrumento que te obliga a tener ese tipo de música. Mientras que la popular me dio lo espontáneo, lo natural, lo maracucho, la improvisación, el tumbao, la guataca que se desarrolla con el día a día. Es salirte de la partitura e ir un poco más al oído. Y esa ventaja de haber tocado música sinfónica y música popular, gaita, guaracha, todo lo que yo sé de chamito marcó mi personalidad musical atípica. Y algo que yo agradezco a la vida.

G.L.: Claro, porque esa mezcla se ha convertido en parte de tu sello.
H.B.: Sí, porque yo sin querer he venido haciendo eso. Ahorita mismo en el Flautista de Hamelín se compuso mucho tipo de música. Hay música estilo opereta, la canción de Adelaida, la melodía del flautista de las ratas es una cosa Maler, indú, hay una salsa cabilla que va en la fiesta del rey. Entonces, un proyecto como este me permite a mí desarrollar toda esa capacidad que puedo tener de jugar con muchos tipos de música.

G.L.: ¿Cómo nace esta idea del proyecto de El Flautista de Hamelín?
H.B.: Todo flautista quiere ser el flautista de Hamelín por lo fascinante que es el final, que tú tengas el poder con tu instrumento de hipnotizar a las ratas, a los niños o a una ciudad entera. Entonces, siempre he pensado en eso pero como yo no soy actor lo veía muy lejos de la realidad. Pero cuando el BOD me planteó hacer un proyecto diferente yo ya lo tenía medio armado, venía ya desde hace un año pensando eso. Así que cuando se habló comencé a definir cómo lo iba a hacer, contacté a Iris Dubs, la escritora, le plantee esta idea y le dio la forma, le dije que esta historia tenía que tener una especie de Disney, Broadway, que tenga todas esas características para que fuese interesante para los niños. Entonces ahí se fue armando un elenco extraordinario con tanta gente talentosa. Buscamos a Eva Ivanyi que hizo el vestuario, que es muy importante.

G.L.: ¿Siempre fue, entonces, un proyecto ambicioso?
H.B.: Esa puesta en escena tiene un gran valor, económico y artístico pero al final mi preocupación siempre fue que los niños están acostumbrados a ver muchas cosas buenas, muchas películas buenas, y ¿cómo ser competitivos? porque así no querramos, estamos compitiendo con todo eso. Había que crear una música que tuviese de todo. Pero siempre la idea fue esa, que fuese algo competitivo, importante e impactante, es un proyecto muy ambicioso. Y, en una situación económica como la que Venezuela está viviendo, atreverse a hacer estas cosas y asumir los costos siempre queda en tu mente si estás haciendo lo correcto.

G.L.: ¿Qué sigue para El Flautista de Hamelín? ¿Tienen pensado llevarlo a otro teatro o al interior?
H.B.: Por supuesto, tenemos pensado hacer una gira nacional en el 2015 e ir a donde se pueda, porque somos 25 personas más la producción y eso ya es una handycam muy grande. Pero de alguna manera vamos hacerlo, y ¿por qué no? fuera de Venezuela también. A veces, la gente es un poco incrédula pero al entrar y ver la escenografía se dan cuenta que no es un juego. Somos un grupo de personas qué dijeron “vamos a arriesgar todo a ver qué pasa”. Y eso también crea un efecto en los niños que entran y están maravillados.

G.L.: ¿Cómo fue la preparación a nivel actoral?
H.B.: Más que todo fue con mis compañeros, aprenderme el libreto e imaginarme las escenas. Por ejemplo, eso de ser gago me lo inventé yo mismo, porque me pareció que como era una persona insegura que no sabe conquistar a su amor debía ser así. Aunque el flautista es muy poderoso cuando está con el instrumento. Pero a la hora de la verdad es un hombre tímido y eso para mí, como yo no soy tímido, es como el anti Huáscar. La obra tiene algo que me parece muy importante que son los valores que describe, la honestidad, el sentido de la justicia, la fuerza del amor, la fuerza de la música.

G.L.: ¿Y eso es lo que quieren que llegue a los niños?
H.B.: No solo a los niños. La idea es que todo el que vaya salga diciendo “wao”. Que recuerden que la justicia es muy importante, cómo se olvida el poder de la palabra, cuando tú prometes algo y no lo cumple, lo que puede pasar cuando no se es honesto. Eso es un valor que interesa mucho en la obra, porque es importante que trascienda, que dejé algo más allá de una diversión de una hora.

G.L.: Comentabas que siempre has tenido un acercamiento con la obra ¿En esta ocasión descubriste algo nuevo de la historia que no habías visto antes?
H.B.: De El Falustíta de Hamelin hay varias versiones, una donde él hipnotista a los niños por venganza, qué es la historia original, del ser humano que se siente traicionado y a través de la venganza da una lección a quién le hizo daño. Pero, en este caso, el flautista no se lleva a nadie, todo es por la magia de la música. Lo que se quiere es que una persona vea esto y diga “Dios me dio este don y no me doy cuenta de lo que puedo lograr”. Y eso es lo fascinante de esta versión, la misma historia en sí.

G.L.: ¿Qué tiene de diferente este proyecto en comparación con otro musicales?
H.B.: Hay una cosa básica, que es que la música es original. Un porcentaje importante de los musicales que han traído Venezuela son remakes. La diferencia es que este es un proyecto 100 por ciento hecho en Venezuela. Creo que allí hay un valor histórico importante. Y, también, el libreto es original.

G.L.: ¿Cómo fue trabajar con los niños en la obra?
H.B.: Primero, ellos son profesionales, muchos de esos niños tienen tiempo haciendo “Consentidos estrellas” y tienen mucha experiencia. Para nosotros era fácil porque son niños más disciplinados, que conocen el medio Y agradecerle a Osman Aray que fue quien los puso a la orden. Pero, realmente, hay niños que se comportan como actores y actrices extraordinarios, son muy talentosos.

G.L.: ¿Cómo manejan la dificultad que tiene la sala con la doble audiencia?
H.B.: En algún momento pensamos hacer un solo lado, pero la idea es intentar atraer el máximo público porque es un proyecto muy grande. Simplemente, todas las salas tienen una dificultad particular, la de esta es que el público está dividido. Pero ensayamos para sentirnos cómodos y hacer los ajustes para no volvetearte al público.

G.L.: ¿Cómo es la receptividad del público ante el teatro musical, un género no muy común en las salas de Venezuela?
H.B.: Yo pienso que poco a poco el venezolano ha ido descubriendo esta forma artística. Y hay algo mágico en un musical que es la única forma teatral donde encuentras tres cosas muy importantes: actuación, danza y la música en vivo. Y esas tres características lo hacen único. Después que la gente se engancha en esto no quiere devolverse, ese es el peligro de hacer musicales, para el público y para uno mismo.

G.L.: ¿Le ves una proyección en futuro a la obra?
H.B.: Yo pienso que es una obra hecha para perpetuar en el tiempo, porque si no no se hubiese mandado a hacer esas escenografías y vestuarios, tanto trabajo y tiempo invertidos. Decidimos hacer todo eso porque sentíamos que era algo a largo plazo. Yo siempre trato de hacer proyectos que perpetúen, nunca he manejado mi carrera artística como si fuese algo pasajero, que es lo común. Muchos artistas quieren pegar una canción y ya, yo pienso que debo dejar una huella o marcar de una manera. ¿Cómo lograr trascender en la mente de quien nos escucha? esa es la clave.

G.L.: Una frase que defina la esencia de la obra
H.B.: La capacidad de soñar. Porque desde el hecho mismo de realizarla, hasta el cuento que es tan mágico. Yo me he preguntado a mí mismo ¿será que todavía tenemos la capacidad de soñar en Venezuela?

G.L.: ¿Qué mensaje le dejarías a una nueva generación de músicos que no le ven futuro a la música como una carrera dentro de Venezuela?
H.B.: Todo en la vida tiene un riesgo, hay gente que prefiere andar por el sendero muy perfecto, que ya el camino esté hecho. Otros decidimos agarrar otros caminos. Yo diría que todo artista debería intentar anda por el camino que no es seguro, que tiene alunas piedras que hay que saltar, o que tenga un río o una lluvia que no te deje pasar. Pero, al final, si haces las cosas con entrega algún tipo de efecto va a tener. Resulta un gran error el ver la imitación como una solución. La clave es buscar tu propio camino, tu personalidad, eso es lo que hace un artista único más allá de que le guste o no a la gente.

G.L.: ¿Hay alguien que admires en este momento por su música, algún venezolano que creas que vale la pena mencionar?
H.B.: Mi gran inspiración siempre fue Aldemaro Romero, una persona que tuvo una visión muy amplia del arte y la música. Pero hay mucha gente haciendo cosas maravillosas. Venezuela es un país con muchas sorpresas cotidianas, a cada pueblo que vas hay algo. Gente, niños, con mucho talento y sin miedo, con ánimos de comerse al mundo.

G.L.: ¿Y crees que eso signifique un mejor desarrollo a futuro para la música en el país?
H.B.: Sin duda va a traer una consecuencia positiva. El artista debe estar con la mente muy abierta y poder mirar, descubrir. El triunfo tiene un poquito de eso, de ese factor riesgo, atreverse, no hacer lo que hace todo el mundo, decir ¿por qué no? yo creo en mí, creo en la historia, en el libreto, en la escenografía, eso pasó esta vez. Es algo que se siente.

G.L.: ¿Cuál es el mayor reto que se te ha presentado en estos años de carrera?
H.B.: Siempre ha sido cómo lograr que la música que hacemos en Venezuela ocupe un sitial más importante que el que tiene hoy en día. Quizá el músculo económico es un factor determinante para que eso pase. Pero siempre se quiere lograr una identidad más allá de ser parte del grupo de los colombianos, mexicanos, latinos. El cómo trascender y cómo llegar más a la gente. Yo creo que si se consigue el propio sonido y se logra mercadear, tiene resultados increíbles.

G.L.: ¿Cuál es el sonido más característico de Venezuela para Huáscar? ¿Qué la representa musicalmente o qué la caracteriza?
H.B.: Pudiera ser el sonido de un guacamayo cuando sale de El Ávila y lo ves. Quizá ese es el sonido de Venezuela, la libertad. El mar al golpear las rocas en cualquier costa, en Choroní, Higuerote, Mochima. O un bebé pequeño en un barrio de Caracas llorando. Creo que es difícil definir cuál es el sonido de Venezuela porque está impregnado de muchas cosas.

G.L.: ¿Hay algún lugar de Venezuela qué te inspire o en el que te guste estar?
H.B.: En algún momento yo pasé mucho tiempo en Mochima, en una isla llamada Arapo. Por allá, en esa casa, estaba yo solo pintando, iba con un snorkel a ver los peces unas horas y volvía con muchas ideas y seguía. Pero creo que la inspiración puede estar en cualquier lugar, en mi caso viene muy natural. O en caso de una circunstancia particular, con Hamelín fue como hacer música de película, tú le dabas música para respaldar la emotividad a la situación. Y eso es fascinante, la posibilidad de que la música puede crear la forma detrás de la historia.

G.L.: ¿Tienes una canción que te traiga recuerdos especiales?
H.B.: Frank Quintero, las viejas, que me recuerdan el hecho de haberme ido de mi país para lograr un sueño. Hay muchas que me han marcado. Suite de Flauta piano y jazz Trio de Claude Bolling que muchos años después la toqué. Y lo mismo con las gaitas que he podido tocar en tarima. Canciones de Simón Díaz. La música es atemporal y te permite volar de un momento a otro de tu vida en un segundo. Yo veo mucho a la música así, con ese poder que tiene. Muchas veces pasa que hay momentos en mi vida que están asociados a canciones. Me marca de dos maneras, de recordar lo que me causó esa música en el momento y, al revés, ahora esa música me lleva al pasado.

Café con…

G.L.: ¿Qué endulza tu café?
H.B.: El sol.

G.L.: ¿Qué lo amarga?
H.B.: Las injusticias.

G.L.: Un libro para acompañar un café…
H.B.: El principito.

G.L.: Una canción o una pieza musical para un café
H.B.: Un concierto de Mozart.

G.L.: Un lugar
H.B.: Praga, solo he ido una vez pero es una fantasía.

G.L.: Alguien con quien compartir un café
H.B.: Con mi mamá. Pero de músicos, Sting y Ruben Blades. Ambos son personas con mentalidad muy amplia, preocupadas por el mundo, pacifistas. Pero serían visiones de mundo distintas.

G.L.: Una película
H.B.: Fantasía de Walt Disney o Propuesta Indecente, que es una película de amor.

G.L.: Un lugar donde nunca has tocado y te gustaría hacerlo.
H.B.: Moscú, la tradición musical en Rusia es muy poderosa.

G.L.: Y un lugar donde siempre te gusta volver a tocar
H.B.: Maracaibo. El volver siempre a tu casa. Allí se une todo, el pasado, el presente y el futuro.

G.L.: Si Huáscar fuese un café ¿Cómo sería?
H.B.: Sería un cortado fuerte que pudieses echarle un poquito de leche, la crema chantillí, la canela, un poquito de alcohol, chispas de chocolate. Sería un café compuesto, tendría muchos sabores. Y concentrado porque yo en el estilo en como vivo mi vida y mi música soy muy enfocado.

Los 11 temas del soundtrack de “El Falautísta de Hamelín”, compuestos por Huáscar Barradas, estarán disponibles en un CD que saldrá a la venta el próximo 15 de noviembre, junto con la historia original de la obra, narrada en forma de cuento, para los más pequeños de la casa.