Vía: abc.es

El 16 de julio se cumplió un cuarto de siglo del fallecimiento del considerado por muchos el mejor director de orquesta del siglo XX. Un aniversario que se celebra sin mucho eco

Herbert von Karajan, 25 años sin él «Dios de la batuta»

Herbert von Karajan, 25 años sin él «Dios de la batuta»

Hoy se cumplen 25 años del fallecimiento de Herbert von Karajan. Un director de orquesta que se convirtió en leyenda aún en vida. Una leyenda construida por él mismo a través de su carisma y la autogestión de su carrera, apoyada en su extensa producción discográfica y su vinculación vitalicia con la Filarmónica de Berlín. Sin embargo, no son muchos los festejos organizados para recordar su memoria: un concierto en el Festival de Pascua de Salzburgo o a través del canal digital de la Filarmónica de Berlín. Aún así, aquí queremos recordar al director que marcó una época recuperando algunos de los testimonios de quienes colaboraron con él o disfrutaron en directo de alguna de sus magnéticas y particulares interpretaciones (por momentos dirigía con los ojos cerrados).

«Con su muerte se cierra una página irrepetible de la historia de la música. Era el mejor, el número uno. Seguía la línea de maestros de la talla de Toscanini, Fürtwangler, Bruno Walter. Era el último de este abanico de directores que, además de su indudable talento, poseían un especial carisma. Karajan era genial. Pasarán muchos años hasta que se pueda encontrar un diector tan como él. Hoy, desde luego, no lo hay». Así se expresaba José Carreras en ABC el 16 de julio de 1989 tras conocer la noticia del fallecimiento del director austriaco, con el que colaboró en varias ocasiones.

Pura música

No fue la única voz española que estuvo a sus órdenes. También colaboraron con él Victoria de los Ángeles, Alfredo Kraus, Plácido Domingo y Montserrat Caballé, quien elogió entonces la «grandeza de su música, el deseo de servir a la música. No de buscar o investigar en ella, sino tan solo de servir al compositor». Y justificaba la imagen grandilocuente y comercial que de su figura trascendía. «Todo ese aparato que se ha montado en su entorno tenía poco que ver con lo que él era en realidad: Karajan era pura música», afirmó la soprano catalana hace ahora 25 años.

Nacido en Salzburgo en 1908, Herbert von Karajan, hijo de un clarinetista y con un hermano organista, debutó en 1929 en su ciudad natal. Tras pasar cinco años en la Ópera Estatal de Ulm, su militancia en el partido nazi, al que se adscribió en 1933, le brindó un importante impulso a su carrera en un momento en el que las grandes batutas alemanas se encontraban en el exilio (Erich Kleiber, Bruno Walter, Otto Klemperer). En esa época debutó en las óperas de Viena (1937) y Berlín (1938), la segunda de las cuales dirigió como titular desde 1939 hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Pero la moneda tenía dos caras y la derrota de Alemania puso freno temporalmente a su carrera al ser vetado el director por su clara vinculación con el nazismo. Unasombra que le persiguió durante toda su vida.


Karajan elevó la figura del director de orquesta a la de estrella mediática. Apasionado de los coches de carreras y los barcos, pilotaba su propio avión y tenía una mansión en Saint Tropez. Su carismática y egocéntrica personalidad quedó reflejada en sus interpretaciones creando lo que vino a llamarse el sonido Karajan que cultivó, durante casi cuatro décadas, en la Filarmónica de Berlín, formación que lideró entre 1954 y 1989. (Después sería sustituido por Claudio Abbado, que realizó una transformación del sonido dándole un cariz más transparente y camerístico).ç

«Karajan es el director que más se ha preocupado de la exactitud y la belleza del fraseo. Nadie ha alcanzado la magia del sonido que él tenía, especialmente en su última etapa cuando estaba enfermo y tenía noción de la muerte», aseguraba en 2008 otro gran director, Riccardo Muti, en una entrevista concedida a «El país».

Entre sus hitos se encuentran la dirección artística del Festival de Salzburgo desde 1957, en el que desembarcó acompañado por la Filarmónica de Berlín y para el que fichó a grandes nombres de la dirección escénica –Giorgio Strehler, Jean-Pierre Ponnelle, Götz Friedrich– y musical –Claudio Abbado, Riccardo Muti o James Levine-. Una década después fundó el Festival de Pascua de Salzburgo, liderando ambos eventos casi hasta el final de sus días. Salzburgo se convirtió entonces en el santuario exclusivo de las grandes estrellas y de las casas de discos, algo duramente criticado por quien le sucedería tras su muerte, Gerard Mortier, que rompió con años de tradición clásica y apostó por propuestas más contemporáneas y rupturistas, muchas de las cuales desembocaron en sonoras polémicas.

Impulsor del CD y los grandes cachés

La fascinación de Karajan por los disco dejaría como legado más de900 grabaciones, que venderían más de 300 millones de copias. El director de orquesta apoyó decididamente la creación del disco compacto, y hay quien asegura que promovió que su duración se extendiera de los 60 minutos iniciales a los 74 minutos para que se pudiera incluir en un solo disco la «Novena Sinfonía» de Beethoven. Y fue él quien grabó el primer CD comercializado, para el que eligió la«Sinfonía Alpina», de Richard Strauss.

Pero además de una legión de admiradores, también cosechó un buen número de detractores, entre ellos el crítico musical Norman Lebrecht, quien en su libro «El mito del maestro» (1991) responsabiliza a Karajan, a quien considera un músico inteligente a la hora de gestionar su carrera, despota en sus decisiones e inmoral en sus interpretaciones, de haber provocado el incremento desmesurado de cachés tanto para los solistas como para los directores, entre los que él encabezaba la lista. «Una vez que tenía en sus manos una orquesta, podía usarla para producir discos, quedándose la mayor parte de las ganancias para sí mismo y regrabando las obras preferidas por el público en cada nueva tecnología: LP, CD, cinta de vídeo, laserdisc. Además de complicar la grabación con dichas orquestas a otros directores, Von Karajan también elevó su minuta, y así también la de otros directores».

Descubridor de Anne-Sophie Mutter

Muy lejos de este criterio se encontraba otro crítico musical, Antonio Fernández-Cid, que se despidió del insigne director en las páginas de ABC con abierta admiración: «Karajan, para quien ha vivido el acontecer musical de este medio siglo, es, ni más ni menos, el símbolo máximo de la dirección de orquestal en la más plena, gloriosa y triunfal significación de algo tan dado al teatralismo, la mediocridad o el autoengaño de creerse figura cuando, simplemente, se hacen las veces de figurón». A lo que añadía una lista de elogios. «Ecléctico, fabuloso en la memoria, colaborador magistral, capaz de mimar a sus cantantesy de acompañar a solistas adolescentes [fue quien lanzó a la fama a una jovencísima Anne-Sophie Mutter] recién nacidos al arte y de calidad por él descubierta con una diafanidad insuperable. Karajan pudo permitirse todos los caprichos. “El dios Karajan”, decían de él. “¿Adónde, maestro?”. “A cualquier parte, en todas me están aguardando”. Era verdad: en la Filarmónica de Berlin, la Ópera de Viena, la Philharmonía de Londres, la Orquesta de París, la Scala de Milán».