Blue Note arriba a sus ochenta años de vida. El grueso de su catálogo incluye vitales joyas del free jazz, hard bop, bebop, fusion, soul jazz y swing.

Alfred Lion huía del nazismo y buscaba concretar algo creativo y diferente. Por no decir, algo libre. Y lo encontró en su pasión por el jazz. Quizá era la música que debían impulsar para expresar el anhelo profundo del país que lo vio nacer, Alemania.

En el imponente Nueva York, el 6 de enero de 1939, fundó Blue Note Records. Sello que se convertiría en el más respetado y diuturno en el mundo. Prueba de ello son los 80 años de fundación que alcanza este año.

Por supuesto era astuto. Lo primero que hizo fue grabar a dos pianistas de boogie woogie. Hizo afortunadas alianzas, una con el optometrista de día Rudy Van Gelder, convertido en ingeniero de grabación de noche. Y años después, con el diseñador gráfico Reid Miles. Obviamente, todo ello acompañado de su enorme deseo de ofrecer un buen producto. Algo que lo llevó a fichar a los mejores músicos del planeta.

Cada miembros del equipo llevó al local, no un frasco de aspirina sino lingotes de oro en talento. Y vaya si no fueron deslumbrantes. En el caso de Van Gelder, considerado uno de los que cambió el curso de la historia de la música, definió una forma de grabar como pocos. Lion lo descubrió tras escuchar algunas grabaciones que Van Gelder había hecho en su casa y lo llevó a un estudio con mayores recursos localizado en un bosque.

Hablamos de un ingeniero en extremo meticuloso con su equipo. De hecho su juego de micrófonos Neumann U-47, solo él los podía tocar y a algunos aparatos les borró la marca por si acaso. Hacía que el músico se sintiera cómodo en el estudio y la colocación del equipo era vital y parte de su secreto. El trompetista Freddie Hubbard comentó: “Hay algo que llamo el toque Van Gelder. Para mí, ese toque es la definición perfecta de cómo debe sonar un disco de jazz”.

 

Ese sortilegio que poseía, podría decirse, está presente en grabaciones de lujo como A love supreme, de John Coltrane; Walkin’ de Miles Davis; Song for my father, de Horace Silver; Yesterday you said tomorrow, de Christian Scott.

Grabó para otros sellos y todas con su firma. Al final, se puede decir que el sonido de Van Gelder se reconocía por ser duro, no exactamente dinámico pero sí intenso, templado, incluso adaptado a las características o personalidad del músico. Él sabía cómo hacerlo, el sabía cómo definir el sonido del jazz.

En cuanto al diseñador Miles, fue otro punto a favor para Blue Note. Con su trabajo no solo precisó la iconografía de un sello, de una música sino también de una época. Así de sencillo. Después de estudiar diseño en el Chouinard Art Institute se fue a Nueva York, la meca del diseño y la publicidad. Trabajó para la revista Esquire. Y es aquí donde aparece otro importante miembro del equipo, el fotógrafo Francis Wolff cercano a Lion. Wolff, contrato al diseñador para una nueva colección que lanzaría Blue Note. Y ahí comienza la leyenda.

Cabe decir, que Miles para entender a qué contenido se enfrentaba, escuchaba las descripciones que hacía Lion y así hacía la imagen adecuada. Como hoy se ve, jugaba con las tipografías y empleaba dos o tres colores, con fotos en blanco y negro. Estas las superponía con un fondo de color o empleaba ilustraciones. Así trabajó durante once años con el sello hasta fijarle un estilo inigualable imborrable, al punto de ser imitado.

Los músicos que grabaron para Blue Note le dieron más sentido a todo aquello. Y más aún, al ver que el sello registró mucho de la historia del jazz, grabando desde hot jazz, boogie woogie, swing, hasta bebop, hard bop, post-bop, soul jazz, avant garde y fusión. A la fecha las expresiones de este vibrante sello recaen en las manos del músico y productor Don Was.

Durante este octogenario cumpleaños, la compañía realizará cerca de 15 actividades, algunas muy importantes. Este viernes 8 por ejemplo, se editan las primeras reediciones de algunos discos en vinilo, los menos conocidos del catálogo como Etcetera, de Wayne Shorter y Now he sings, now he sobs, de Chick Corea.

Tras estos se publicarán otras ediciones curadas por Don Was agrupadas por temas y boxset, sin olvidar otros en colaboración con Vinyl me, please. Otro acto será que Spotify ampliará 80 temas más de la música que hoy tiene de Blue Note en su servidor. También este año se proyectará el documental que está dando de qué hablar Blue Note Records: beyond the notes. Se espera que el mismo tenga una amplia distribución. Habrá una gira de conciertos en barco Blue Note at Sea. Pone la guinda a la fiesta el que en la ceremonia de los Grammy de este domingo 10 de febrero: diez de sus producciones están nominadas.

Hace pocas semanas también escribí sobre otro de los sellos discográficos más longevos de la industria: Deutsche Grammophon. Solo que se trataba de una empresa dedicada a la música clásica. Ahora, el reconocimiento es a este sello de igual larga vida, pero dedicado al jazz.

Un compañía que durante varias generaciones ha alimentado a “la única música universal del siglo, algo que acercaba a los hombres más y mejor que el esperanto, la Unesco o las aerolíneas. Una música bastante primitiva para alcanzar universalidad y bastante buena para hacer su propia historia”, como se expresó del jazz Julio Cortázar en Rayuela y quien seguramente coleccionó discos de Blue Note.