La tradicional canción vive su mejor momento con jóvenes intérpretes que han revolucionado el género con nuevos públicos nacionales e internacionales


Vía: www.lavanguardia.com | SÍLVIA COLOMÉ | Arte callejero en Lisboa que muestra una imagen de la fadista Amália (Creative Commons)

Barcelona acoge este verano el Festival de Fado que empezó hace ocho ediciones en Madrid y que cada año se extiende a nuevas ciudades de todo el mundo

“Ser fadista é triste sorte” dice uno de los fados más célebres del repertorio tradicional y que cantantes como Camané, máximo exponente masculino del género, interpreta identificándose con la letra y con el “trinar” de las guitarras como lamento acompañante. Quizás sea una triste suerte ser fadista, pero lo que sí resulta innegable es que un boom de jóvenes artistas se está sumando a ella en los últimos tiempos con la dual y difícil voluntad de modernizar el género manteniéndose fiel a la tradición.

Algo ha pasado en Portugal. Su popular y urbana canción de la ‘saudade’ está viviendo su momento más álgido en todos los sentidos, tanto por el número de fadistas y guitarristas de alto nivel, la mayoría jóvenes que apenas han vivido para poder expresar sus motivaciones vitales más íntimas pero cuya calidad está fuera de dudas, como por la aceptación del público autóctono y por su mayor difusión internacional. El fenómeno es tan indiscutible como casi inexplicable.

“Cuando era pequeña mis amigos me decían que escuchaba música de viejos”, confiesa Gisela João, una de estas voces nuevas que acaba de participar en el Festival de Fados de Madrid. Camané, de los más veteranos, con poco más de 50 años, se muestra todavía más rotundo: “Los jóvenes de mi generación no escuchaban fado, era solo para turistas y gente mayor”.

La muerte de Amália, el revulsivo

Pero todo empezó a cambiar un día. El 6 de octubre de 1999 Portugal se cubrió de luto con el fallecimiento de la mayor fadista de todos los tiempos, Amália Rodrigues, considerada la reina del fado. Lo que podría haber significado también la muerte del fado más genuino, supuso, en cambio, un revulsivo que ha acabado dando sus frutos en la actualidad.

Casi dos años después, el 8 de julio de 2001, los restos de Amália se trasladaron al Panteón Nacional, lugar reservado a los personajes célebres, como el poeta Camões. “Este hecho tuvo una gran carga simbólica porque se le daba al fado el más alto honor y el país se reconcilió con él, reconociéndolo como parte de su matriz identitaria”, explica Sara Pereira, directora del Museo del Fado de Lisboa.

“Después de la muerte de Amália, los jóvenes empezaron a cantar fado por la repercusión que supuso su fallecimiento también a nivel internacional”, explica Camané, que, como muchos fadistas, se inició cantando de niño y cuya carrera fue seguida de cerca por la propia Amália quien, con tan solo 23 años, lo llamó para que participara en el homenaje que Portugal le dedicó en vida.

“Fadistas como Camané o Ricardo Ribeiro hicieron el camino difícil”, revela Pereira. Y es que el cambio de chip de los portugueses no fue tan instantáneo y otros factores jugaron a su favor. “A medida que avanza el siglo XXI, el fado adquiere proyección y mucha presencia en la vida cultural portuguesa”, añade. Su proclamación por la UNESCO en 2011 como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad supuso el colofón final al proceso que también se ha notado a nivel internacional.

Proyección internacional

“Nos dimos cuenta que, en contra de otros géneros como el flamenco o el tango, no había festivales de fado ni en Portugal”, explica el productor musical Frederico Carmo. Junto con el también productor Álvaro Covões decidieron llevar el fado fuera de las fronteras lusitanas. “Por proximidad y relación ibérica, empezamos en Madrid”. Este julio, la capital española ha celebrado ya la octava edición de la iniciativa con las actuaciones de Camané, Raquel Tavares y Gisela João además de un programa de actividades culturales complementarias.

La buena acogida de la propuesta ha provocado que se haya ido extendiendo a otras ciudades y países de todo el mundo, como Buenos Aires, São Paulo, Rio de Janeiro, Rabat… y este verano llega por primera vez a Barcelona. El propio consulado ya ha dado a conocer la novedad y las fechas del evento a toda la comunidad lusitana de la ciudad. Será el 2 y 3 de setiembre en la Sala Barts con la presencia de las fadistas Carminho y Ana Moura.

SARA PEREIRA
Directora del Museo del Fado de Lisboa

“Vivimos un momento único. El fado es la música portuguesa más escuchada, un 60% a nivel internacional. Hay unas 40 casas de fado en Lisboa con más de 200 artistas residentes, sin contar a los top. Se celebran miles de conciertos al año solo en Portugal. Hoy es objeto de estudio científico y se publican libros de investigación”, detalla la directora del Museo del Fado, institución creada en 1998 que se encargó de impulsar la candidatura de Patrimonio de la UNESCO y que ahora vela por su salvaguarda.

“Nos encargamos de preservar, promocionar, investigar, divulgar… el fado, tenemos una escuela de guitarristas…” ¿Y de cantantes de fado? “Eso no. Hay una idea en la comunidad fadista que respetamos y es que se nace siendo fadista, no se puede enseñar”.

Algunos de los cantantes más reputados en la actualidad que nacieron con este ‘don’ son los más veteranos Carlos do Carmo, Camané, Mísia, Mariza, Ricardo Ribeiro, Kátia Guerreiro o los más jóvenes Raquel Tavares, Carminho, Ana Moura, Gisela Joao, Cuca Roseta o Marco Rodrigues. Dos de ellos, Mariza y Rodrigues fueron nominados en los pasados Grammy latinos.

“El fado vive una dinámica tan fuerte que cada año aparecen nuevas voces y nuevos guitarristas de alto nivel”, comenta Pereira. Un ejemplo es el intérprete de guitarra portuguesa Gaspar Varela que está causando sensación con tan solo 15 años. En sus venas corre, no obstante, sangre fadista, ya que es bisnieto de Celeste Rodrigues, la hermana también cantante de Amália.

“Conviven muchos artistas jóvenes y diferentes entre si, todos con estilo propio”, analiza Pereira, que destaca “el esfuerzo de modernizar sin perjudicar la raíz original”. “No hay problema con innovar y dialogar con otros lenguajes musicales, a pesar de que los más puristas lo vean como un peligro. Un fadista puede subir una batería en el escenario, pero también cantará fado tradicional”, argumenta.

Quien últimamente cuenta con un batería entre sus músicos es Raquel Tavares, una de las fadistas de la nueva generación más fieles con el fado tradicional. “Existe una contemporaneidad necesaria para que el fado pueda seguir su rumbo”, comenta sin dejar de recordar que siente “mucho respeto por las generaciones anteriores”. Es por eso que en todos sus conciertos homenajea a Beatrice de Concepção. “Lo aprendí todo de ella y solo cuando murió pude cantar el fado ‘O meu corpo’, que explica cómo nos queda el cuerpo cuando alguien que quieres se va para siempre”.

“Todos los fados que canto son más viejos que yo”, apunta Gisela João que escandalizó en sus inicios a los más puristas descalzándose en el escenario y vistiendo muy diferente al tradicional aspecto fadista de vestido y chal negros. “Me fastidiaba cómo hablaban y vestían las antiguas cantantes, eso las alejaba de los jóvenes”.

Para Pereira, la nueva generación de fadistas “aporta nuevos públicos”, lo que ayuda a que el fado se consolide. Además, muchas intérpretes incorporan en sus trabajos canciones pop que se convierten en hits y que contribuyen, colateralmente, a la popularización del género tradicional.

El efecto ‘Eurovisión’

También existen otros cantantes que en Portugal no son considerados fadistas tradicionales pero que internacionalmente se los asocia con el género por el mero hecho de ser portugueses o porque han introducido fados en sus repertorios. Se trataría de nombres como Dulce Pontes, Teresa Salgueiro, António Zambujo o, ahora, Salvador Sobral, ganador de Eurovisión.

Precisamente, el éxito eurovisivo también puede significar un nuevo impulso para el fado. Raquel Tavares interpretó la canción ganadora en su concierto de apertura del Festival de Fado de Madrid y a Pereira no se le escapa que el triunfo de Portugal puede “ayudar a la proyección internacional” del fado. “Es una canción, no fado, pero sí transmite el alma y las emociones portuguesas”, considera.

Los tiempos han cambiado, pero los sentimiento no”

CAMANÉ
Fadista

Y ante tanta diversidad, fadistas como Camané apuestan por volver a los orígenes más puros con un disco que saldrá en otoño y que homenajea a uno de los grandes fadistas y compositores de todos los tiempos, Alfredo Marceneiro.

“Es un trabajo muy tradicional con un lenguaje muy propio”, apunta. “Canto sus letras originales, aunque algunas suenen un poco distantes porque los tiempos han cambiado”, argumenta. “Pero los sentimientos, no”. Y, esto, en el fondo, es lo que caracteriza al fado y lo que transmiten sus intérpretes, esos cantantes que nacieron con la triste suerte de ser fadistas.