Vía: www.lavanguardia.com |  Por Concha Barrigós

Madrid, 9 mar (EFE).- Evita las orquestas, no graba discos de estudio ni concede entrevistas, pero el ruso Grigory Sokolov es como una epifanía y a la convocatoria de sus dedos se llenan las salas de todo el mundo, como ha sucedido esta noche en el Auditorio Nacional, entusiasmado con su forma de “no actuar”, de “solo” tocar el piano.

Sokolov (Leningrado, 1950) ha interpretado el mismo repertorio que ha llevado desde el día 1 por varias ciudades españolas, es decir, Bach -Partita 1-, Beethoven -Sonata 7-, y Schubert -Sonata en La menor y Seis Momentos Musicales-, tres de sus especialidades.

Ajeno al espacio y el tiempo universal, atento solo al suyo propio, pleno “tempo Solokov”, el artista ha sido completamente ajeno a lo que no fuera su propia dinámica, ritmo y precisión.

El pianista, que tocará este mismo repertorio en sus conciertos hasta agosto, adorna con arpegios improvisados la Partita 1 BWV 825 (1726) de Bach, da alas a la melancolía de la Sonata número 7 de Beethoven pero con Schubert consigue plasmar su maestría en los contrastes, su dominio del tempo.

El prodigio concluye con la quintaesencia de la elegancia pianística, es decir, los Seis Momentos Musicales (1823-28), desgranados como si no hubiera nada más en el universo que la apenas tibia -para respetar las muchas exigencias del piano Steinway- sala, envuelta en una penumbra escénica.

Pero eso solo ha sido el concierto, dos horas largas, porque luego han llegado los bises: cinco mazurcas de Chopin, un clásico también de su repertorio, y una delicada pieza de Bach.

Los aplausos han sido la constante tras cada pieza, que él ha recibido con una robótica inclinación de cabeza y ha escuchado apenas unos segundos porque desaparecía hacia camerinos, así que su generosísima propina, acogida con entusiasmo desbordado, ha sido una sorpresa.

España, un país donde debutó en 1986 y que visita con frecuencia desde 1996, ya conoce su introspección, su actitud de íntima conexión con sus dedos, de su autismo escénico.

Todo su interés se concentra en la música y desconfía profundamente de cualquier cosa que no sea interpretar partituras, descubrir sus segundas y terceras lecturas.

De ahí que no le interese nada grabar discos de estudio y que se piense mucho permitir la publicación de un concierto suyo, lo que acaba de suceder, después de 20 años de espera.

Para el que acaba de salir se ha pensado durante siete años si daba su autorización porque se grabó en 2008, en el Festival de Salzburgo.

Contiene las Sonatas de piano de Mozart KV280 y KV332, los 24 Preludios y 2 Mazurcas (68 y 63) de Chopin, “Les savauges”, de Rameau y “Ich ruf zu dir, Herr Jesu Christ”, de Bach.

Supone su fichaje por Deutsche Grammophon y es todo un acontecimiento, porque su último disco oficial es el que editó Naïve con las Sonatas de Franz Schubert, cuatro años después de haberlas grabado Sokolov, que las sometió a “hibernación” todo ese tiempo.

La mayor parte de sus grabaciones discográficas están registradas en vivo e incluyen un amplio repertorio, con obras de Bach, Beethoven, Brahms, Chopin, Prokofiev, Rachmaninov, Scriabin y Schubert.

Nacido en Leningrado, Sokolov comenzó sus estudios de música a los 5 años y se consagró como estrella del piano cuando solo tenía 16 años al ganar el Primer Premio en el Concurso Tchaikovski en Moscú.

La gira, después de pasar por Valencia, Alicante y Zaragoza, Bilbao y Madrid, terminará el día 11 en Barcelona, en el Palau de la Música.EFE