Vía: LaOpinionCoruna.es | Por: Manuel Varela

“Siempre pensamos en los errores del pasado para aprender de ellos, pero han pasado muchos años y todavía no hemos sabido cómo captar el mensaje”

Hace un mes irrumpió en el plató del mítico presentador norteamericano Jay Leno para presentar su último disco al ritmo de clap your hands. “Hace algunos años ya hice algo en el show de David Letterman, aunque esta era la primera vez que cantaba jazz”, matiza Gregory Porter, llamado a marcar un punto de inflexión en la historia del jazz. Antes de estrella musical, pasó por pequeños locales de San Diego haciendo bolos, un paso que solo fue posible tras sufrir una grave lesión jugando al fútbol americano en la universidad.

Gregory Porter

Gregory Porter

-¿Qué supuso esa lesión?

-Me dio tiempo para poder ir a conciertos y explorar música. Siempre creí que llegaría a ser cantante y algo más, no dedicarme profesionalmente a esto. Nunca pensé que podría vivir de la música.

-Sin embargo la crítica lo comparó con Nat King Cole en su concierto en el Royal Albert Hall.

-Es genial, pero a la vez peligroso (risas). Esta comparación es un honor porque son ídolos que he escuchado toda mi vida, desde que era un niño. Es difícil aceptar el elogio aunque siempre es algo positivo.

-Y en la revista Esquire hablan de usted como la “futura gran voz del jazz”. ¿Nota alguna presión?

-Realmente no siento presión, porque sé que solo puedo seguir siendo yo mismo y será siempre así. Cantaré como he cantado toda mi vida y seguiré escribiendo las letras que quiera. No siento la presión que viene con esas altas expectativas? I am what I am! (risas).

-¿No le gusta ser comparado con todos estos grandes artistas?

-No es que no me guste, porque lo veo como algo positivo. Tengo la sensación de que hay cierto nivel de compenetración. Nuestras músicas congenian, sobre todo después de que estas estrellas comenzasen cantando música gospel en las iglesias. Agradezco y, a veces, hasta estoy de acuerdo, pero es muy difícil ver cómo te comparan con Nat King Cole, Joe Williams o Donny Hathaway. Son grandes voces que han producido mucha música y son auténticos ídolos.

-¿El gospel es una de sus grandes influencias?

-Cuando era pequeño escuché y canté mucha música gospel. Diría que sí, tanto aquella experiencia como la música secular de todos esos grandes artistas fueron importantes para mi carrera.

-En Liquid Spirit habla de la llegada de una “nueva ola”. ¿Simboliza su música?

-Es una nueva ola que la gente ha pedido. A veces, cuando estoy firmando álbumes después de un concierto, la gente me pregunta dónde puede conseguir música como esta porque no la encuentra en ningún otro sitio. Creo que el jazz estaba preparado y abierto para mi tipo de sonido. Eso sí, uso elementos como el soul, blues o gospel en mis interpretaciones de jazz. No hay nada completamente nuevo en ello, porque estos géneros son primos hermanos del jazz.

-¿Por qué el agua tiene tanto peso en su trabajo?

-El agua siempre encuentra su sentido hacia mi música. Cuando era un niño, mi madre siempre predicaba discursos sobre las propiedades del agua, su fortaleza y su poder renovador. Por eso cuando escribo me vienen cosas de aquella infancia para reforzar y dar sentido a mis letras.

-¿Qué le aporta el jazz?

-La gran variedad de cosas de las que puedes hablar, cantar y tocar. Siempre me conmovió la música de Nina Simone o Carmen McRae. Sus canciones suelen hablar de amor, pero son también sobre todo tipo de temas: cultura, esfuerzos, dolor, celos, desafíos o política. El espectro de asuntos que puedes tratar es amplísimo y muy atractivo. En mi nuevo trabajo hay ciertos momentos de protestas y, desde luego, una buena conversación sobre amor.

-En su carrera también ha tratado asuntos comprometidos, como en el tema 1960 What?

-Sí, hago referencia a Detroit diciendo que ‘la ciudad del motor está en llamas’, pero la uso como ejemplo. En realidad es algo global, la situación es la misma en cualquier lugar y momento. Siempre pensamos en los errores del pasado para aprender de ellos, del dolor sufrido por la lucha de los derechos civiles. Han pasado muchos años pero todavía no hemos sabido cómo captar el mensaje.