Vía: filomusica.com Por Li-Ching Wang

Después de conocer más o menos a Puccini como compositor y como músico nos queda una pregunta: ¿Cómo es ese hombre detrás del escenario, detrás de su música?

          Puccini alcanzó la fama en vida, sus obras tuvieron gran éxito, y, salvo sus años tempranos, vivió cómodamente sin preocupaciones económicas. Pero, ¿era feliz Puccini? Solo sabemos que el maestro era una persona hipersensible y fácilmente irritable. Quizás este complicado carácter de pesimismo, melancolía, y depresión tienen como origen los problemas familiares, las enfermedades que sufrió, la búsqueda de un tema o un libreto para su nueva creación operística, la guerra que le afecta no sólo a su vida personal sino también a su vida profesional, la crisis económica después de la guerra, cambios en los sistemas de gobierno, etc.

La muerte de su padre cuando tenía tan sólo 6 años supone su primer trauma familiar. La muerte de su querida madre, quien siempre le apoya, le ayuda y le anima, poco después del estreno de Le Villi sin verle triunfar como un gran compositor dejó un gran vacío en su corazón. La muerte de su hermano en circunstancias misteriosas en Argentina, lejos de su familia también fue un acontecimiento doloroso para el maestro. Los problemas familiares derivados de su relación con Elvira no cesaron con el tiempo. Desde el escándalo que montó cuando Elvira, una mujer casada, escapó con él, el dinero que le prestó un tío para sus estudios reclamado por causa del escándalo, los caprichos y celos de Elvira, hasta el caso de Doria Manfredi, la sirvienta que se suicidó para demostrar su inocencia ante la sospecha de Elvira, son causas de su crisis de creación. Un libreto siempre le supone un problema, Puccini había leído más de cien a lo largo de su vida, y sólo escogió unos pocos. La adaptación de una novela o una obra de teatro al libreto tampoco era tarea fácil. La guerra es lo que más afecta a la vida del compositor en aquella época. Su querida Torre del Lago dejó de ser un lugar tranquilo. El proyecto de La Rondinele trajo los ataques que le obligaron a realizar la única aclaración pública de su vida, y además tuvo que estrenar la ópera en Montecarlo en vez de Viena como tenía previsto. Las secuelas de la guerra hicieron en el maestro estragos irreparables. Tuvieron que estrenar Il Trittico en Nueva York sin la presencia del compositor porque no había artistas, músicos ni cantantes en Italia y Puccini no pudo ir a Nueva York por lo peligroso de viaje y las dificultades para conseguir un visado. Las enfermedades, además del malestar que causan, también afectan a la calidad de vida del maestro. Un problema de diabetes le privó del vino y del azúcar en el café, que tanto le gustaban; más tarde uno de garganta le privó incluso del vicio del tabaco. En los últimos años de su vida, el gran compositor se convirtió en la sombra de lo que fue, sintiéndose en todo momento un anciano solitario, a pesar de las visitas de sus amigos.

El maestro confesó en una ocasión: “Siempre he llevado conmigo una pesada carga melancólica. No tengo ninguna razón para ello, pero así me siento.” En realidad, el compositor nunca intentaba ocultar su estado de ánimo depresivo. Decía en sus cartas: “Estoy terriblemente cansado, agotado…”, o “tengo los nervios tan largos como serpientes…”, o “Mi soledad es ilimitada como el mar, lisa como la superficie de un lago, negra como la noche y verde como la bilis.” También decía en un poema de mayo de 1923 cuando sufrió una ansiedad nerviosa: “No tengo ningún amigo y me siento solo, me entristece también la música. Cuando la muerte venga a buscarme encontraré esa sosegada felicidad. ¡Oh! ¡Qué dura es mi vida! Y sin embargo, para muchos parezco feliz. …..”

Por otra parte, este hombre de carácter hipersensible también es un hombre de apariencia elegante. Se sabe de anécdotas acerca del compositor que giran siempre en torno a ese aspecto presumido, elegante, masculino y seductor. Por ejemplo, se cambia de ropa cinco o seis veces al día; y una mancha en el traje o un color que no entonase le irritaban. Puccini fue considerado como uno de los hombres más elegantes de su época, y por lo menos dos generaciones vieron en él a un hombre atractivo, encantador, adorado, y siempre rodeado de mujeres. Incluso Alma Mahler, mujer competente en este terreno, escribió en su biografíaMi vida: “Puccini fue uno de los hombres más guapos que conocí en mi vida, cuando me lo presentaron en Nueva York en el estreno de La Fanciulla del West”, teniendo en cuenta que se trataba de un hombre de cincuenta años en aquella época.

El compositor se denominó a sí mismo en una carta como “apasionado cazador de aves acuáticas, buenos textos y bellas mujeres”. Y también dice “Estoy siempre enamorado, enamorado como un joven de 20 años. El día que deje de estarlo, podréis enterrarme.” Sin embargo, no se encuentran claves biográficas en ninguna de sus obras como en Wagner y Strauss, porque los personajes de sus óperas son independientes.

No obstante, las aventuras amorosas de Puccini siempre han sido objeto de comentarios. Decía el propio compositor “Sono sempre innamorato quando scrivo” y veía en las mujeres a las heroínas de sus óperas. Podemos nombrar por lo menos 4 mujeres con quien tuvo grandes amores que duraron unos años, aunque nunca llegaron a más: Corinna, una estudiante de derecho de Turín; Bianca, hermana del compositor Erwin Lendvai, Josephine von Stängel, baronesa alemana, y Sybil Seligman, con quien inició un romance que se convirtió en una amistad para toda su vida. Sin embargo, surgió un poco de ternura al final de la vida del compositor y sus últimos pensamientos en su lecho de muerte fueron para Turandot y Elvira.

Aunque Puccini es un compositor de gran fama internacional, no le importó mucho la publicidad. A diferencia de muchos de sus compatriotas, el maestro no tenía facilidad de palabra, se mantenía discreto incluso sobre sus proyectos creadores con sus amigos, y se sentía incómodo ante aquellos inevitables compromisos sociales. Cuando se vio obligado a responder a los brindis en la cena que siguió al estreno de La Bohème, se levantó, permaneció de pie con la mirada perdida y al final dijo “Muchas gracias a todos”, acompañando sus palabras con un gesto que hizo que se cayeran los vasos y las botellas que estaban a su alrededor. Y por supuesto, el maestro no quiso volver a exponerse en una situación similar.

Una de las grandes diferencias entre Toscanini y Puccini, causa de discusión entre ellos, es que “Puccini era una persona apolítica”. Por tanto, no le resultó fácil escribir el Inno a Roma, que fue un encargo del príncipe Prospero Colonna como obra de circunstancias y dedicado a la princesa Yolanda de Saboya. El maestro se refirió a la obra en una carta a Elvira con un tono de disgusto definiéndola como “una bonita porquería” como si hubiera tenido una intuición del destino que iba a tener esta pieza: los fascistas la convirtieron en himno oficial tres años más tarde.           El encuentro con Mussolini fue aún más deprimente. El gran compositor no solo no tuvo la oportunidad de exponer sus ideas para que se crease una ley que defendiese derechos de autor de una forma más eficaz, sino que también fue rechazado por Mussolini en su proyecto de construir un teatro estatal de ópera. “No, no es posible.” Contestó el dictador. A diferencia de Wagner, quien no tuvo tantas dificultades con su rey, Puccini no tuvo tanta suerte.

Evidentemente, un hombre así es, sin duda, un hombre al que le encanta la naturaleza. La soledad de Torre del Lago es un refugio para el compositor. Allí vivía como cazador apasionado, pescador solitario y navegante infatigable. Cuando descubrió casualmente una vieja torre en la espesura de un bosque en la zona más apretada de la curiosa Maremma, escribió a Adami en plena creación de Gianni Schicchi “Aquí estoy de nuevo, de vuelta a la extraña y fascinante Maremma.” Cuando estaba en París en mayo de 1898 con motivo de entrevistar al autor de La Tosca, Sardou, escribió el compositor desesperadamente a sus amigos, “Estoy enfermo de París. Sueño con los bosques y ese magnífico aroma, suspiro por notar la suave y dulce brisa del mar” ….. “aquí no tengo la tranquilidad que necesito …. una invitación para comer me pone enfermo durante una semana.”

No obstante, además de la naturaleza, también le encantan las “últimas tecnologías”. Si estaba sentado al piano o en la mesa de su estudio, a Puccini no le gustaba que le hicieran fotos, pero, sí, si se encontraba en la cubierta de su rápido barco o al volante de su coche. Quizás todo empezó en 1893, cuando se entregó a su Manon. Iba en una bicicleta que era muy moderna en aquella época. Pocos años más tarde creció su afición y se convertía en el primer conductor del distrito de Lucca con el número 118 del Touring Club Italiano de permiso de conducir. Luego, un accidente que sufrió en 1903 le convertía en el primer músico infractor de las normas de circulación en la historia. No obstante, eso no era todo. No debemos olvidarnos de su flota: una parte anclada en su pequeño puerto privado, y otra en Viareggio, que pronto contó con tres botes de caza, yate y lanchas motoras. Sin embargo, eso solo era el comienzo. Compró una lancha último modelo en Estados Unidos con motivo del estreno de Manon Lescaut en su estancia en Nueva York. Pocos años más tarde, compró otro modelo más rápido, coincidiendo con el estreno de La Fanciulla del West. Y todavía en 1923 sorprendió a Adami en una carta “Anteayer compré en Varezza una motora que alcanza más de cuarenta kilómetros por hora. Es la que ganó en la carrera de Montecarlo ….”. Además de coches, lanchas, etc. , el gran compositor fue también uno de los primeros aficionados a la radio de su país. Y lógicamente en sus diversas travesías por el océano Atlántico se le veía más a menudo en la sala de máquinas que en la lujosa cubierta. Su hijo Tonio heredó este especial interés por la nueva tecnología y, de acuerdo mutuo con su padre, se hizo ingeniero.

Puccini era un hombre contradictorio, buscaba la soledad y también buscaba la compañía. Era un hombre al que le gusta la tranquilidad, pero a la vez, sociable y cordial con sus amigos.  Por tanto, podía escribir una de esas angustiosas cartas y luego estar alegre con ellos en un mismo día. El gran compositor tuvo muchas amistades y supo disfrutarlas. A medida que se iba haciendo mayor, más le importaban. Entre sus amigos se incluyen pintores, músicos, escritores, editores, o médicos, como Alfredo Caselli, Pietro Mascagni, Ruggero Leocavallo, Marco Praga, Luigi Illica, Giacomo Giacosa, Giulio Ricordi, Carlo Clausetti, Arturo Toscanini, Guido Marotti, Ferruccio Pagni, Francesco Paolo Tosti, Guido Menotti, Carlo Ginori-Lisci, Franz Lehár, Sybil Seligman, María Jeritza, etc.

En unas pocas palabras, Puccini es músico, artista, ciudadano y hombre sensual, de carácter sensible y apariencia elegante que le apasiona la naturaleza, la “última tecnología”, y al que le encanta estar con sus amigos. La única diferencia con un hombre normal es el inagotable genio creativo que tanto nos hace disfrutar.

BIBLIOGRAFÍA:

v    Puccini, Ernst Krause, Alianza Música

v    Puccini, Eleonore Clausse , Espasa-Calpe