Las saludables aguas medicinales del acogedor pueblo de Szczawno-Zdrój en la región de Baja Silesia en Polonia han atraído a personajes de la talla del violinista y compositor Henryk Wieniawski, quien solía pasar temporadas en el lugar para recibir tratamientos de salud.


Actualmente ese hecho se recuerda en dicha población con una estatua del músico, una hermosa sala que lleva su nombre y un prestigioso festival anual que recuerda su obra. En este escenario tan musical, la Filharmonia Sudecka con sede en Wałbrzych decidió cerrar temporada de una manera muy especial; regalando a su público un concierto al aire libre, en las inmediaciones de la sala de conciertos, entre una naturaleza exuberante y con un repertorio fresco y colorido.

Para ello decidieron invitar al director venezolano Gerardo Estrada, quien ya había estado al frente de la formación hace año y medio, y pidieron un concierto donde se pusiera el acento en lo hispanoamericano pero donde las solistas locales Renata Pawelec (violín) e Ilona Hlubek-Długołęcka (oboe) interpretarían el concierto para violín y oboe de J.S. Bach.

Ante el reto planteado, Estrada decidió mostrar al público polaco algunas obras inspirdas en Bach pero escritas por compositores latinoamericanos. De esta forma, el concierto se inició con la Toccata Bachiana y Gran Pajarillo Aldemaroso de Aldemaro Romero dando paso luego al concierto de Bach exquisitamente interpretado por las solistas polacas y luego continuó con las Bachianas Brasileras número 5 de Heitor Villa-Lobos contando con la participación de la soprano belarusa Irina Muliarchik, quien sorprendió a los presentes con una interpretación inolvidable, llena de magia y musicalidad.

El concierto continuó con tres obras para orquesta: Antelación e Imitación Fugaz de Gonzalo Castellanos-Yumar, Huapango de José Pablo Moncayo y la Suite número 2 de “El Sombrero de 3 Picos” de Manuel de Falla.

Orquesta, solistas y director fueron premiados por el público con entusiastas ovaciones y muestras de afecto. El concierto, que contó con el patrocinio honorario de la Embajada de Venezuela en Varsovia, confirmó además el buen momento artístico de Gerardo Estrada y su especial relación con Polonia, donde, en el horizonte se vislumbran nuevas y apasionantes colaboraciones para el director venezolano