El 3 de septiembre la voz de este exquisito barítono venezolano brillará con toda su fuerza en el Teatro alla Scala cuando, bajo la batuta del maestro Gustavo Dudamel junto a la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela y el Coro Juvenil Simón Bolívar, le de vida a la Cantata Criolla de Antonio Estévez. Venezuela Sinfónica, como noticiero digital líder conversó con Gaspar Colón sobre este viaje de El Sistema a Milán y por supuesto, sobre su exitosa carrera.

Evelyn Navas/Patricia Aloy, Redacción Venezuela Sinfónica

Nieto del compositor Moisés Moleiro e hijo del músico Eric Colón y la pianista Carmencita Moleiro, Gaspar Colón, si puede decir con orgullo que la música está inscrita en su ADN. Su voz portentosa, su gran capacidad histriónica, su excelente condición física y artística, le califican como uno de los barítonos más importantes del mundo operístico venezolano, y es de talla mundial.

Sus presentaciones arrancan ovaciones en todos lados, ya sea en Estados Unidos, Latinoamérica o Europa. Bravo, bravísimo le gritaron cuando se presentó en el montaje de la Cantata Criolla de Antonio Estévez, la obra sinfónico coral más relevante de nuestro país, bajo la dirección de Gustavo Dudamel, en el Carnegie Hall de Nueva York y luego en el Walt Disney Hall de Los Ángeles, personificando a ‘El Diablo’.

Su trayectoria es impresionante, ha actuado como solista para orquestas como la Filarmónica de Los Ángeles, Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar, Sinfónica de Venezuela, Filarmónica Nacional de Venezuela, Sinfónica Municipal de Caracas, Sinfónica Gran Mariscal de Ayacucho, Sinfónica Juvenil de Caracas, Sinfónica de Lara, Sinfónica de Carabobo, Sinfónica de Mérida y Filarmónica de Medellín, en Colombia y Filarmónica de Santo Domingo, República Dominicana.

Las batutas de Gustavo Dudamel, Rafael Frühbeck de Burgos, Diego Matheuz, Carlos Riazuelo, Rodolfo Saglimbeni, Felipe Izcaray, entre otros, le han dirigido. Su voz ha resonado en salas como Zellerbach Hall (Berkeley, EEUU), Sala Sinopoli del Parco della Musica (Roma, Italia), Teatro degli Arcimboldi (Milàn, Italia), Maschio Angioino (Nápoles, Italia), Megaron Concert Hall (Atenas, Grecia), Sala Federico García Lorca (la Habana, Cuba), Teatro Bolívar (Quito, Ecuador), Teatro Municipal de Medellín (Medellín, Colombia), Teatro Nacional Carlos Brito (Santo Domingo, República Dominicana) y en los más importantes teatros y escenarios de Venezuela.

Resumir su trayectoria artística es imposible, porque Gaspar Colón ha interpretado roles principales en las más queridas óperas, así que su repertorio es de lujo. Fue ganador de los Premios a ‘La Mejor Voz del Concurso’ y ‘La Mejor Interpretación de Aria de Ópera’ en el VII Concurso Nacional de Canto Lírico Alfredo Hollander. Seleccionado para participar en clases magistrales con las maestras Mirella Freni y Katia Ricciarelli.

Lo que nunca olvida Gaspar Colón en sus numerosas galas líricas y recitales es el repertorio operístico tradicional, destacando por su labor en pro de la difusión de lo venezolano y latinoamericano. Sus raíces están en Venezuela, aunque nació en Connecticut, Estados Unidos. Es clarinetista y cantante lírico del Conservatorio Pedro Nolasco Colón y en sus estudios avanzados de Canto Lírico destaca la guía del maestro italiano Elio Malfatti.

VS: ¿Cómo se inicia en la música y en el canto lírico? 

GC: “Es la primera vez que echaré este cuento. No será breve, pero considero que es una historia que vale la pena contarla completa. Creo que para ser un cantante lírico es imprescindible una formación integral que, más allá de la técnica vocal, involucre entre otras cosas una sólida formación musical. En este sentido te diría que toda mi vida he sido músico. Como sabes, mi abuelo es Moisés Moleiro; mi mamá, Carmencita Moleiro; mi papá Eric Colón; en fin toda la vida me crié dentro de la dinámica de los conciertos y de las escuelas de música, además de estudiar piano, cuatro y clarinete. Me encontré con el canto, después de que ya estaba graduado de clarinetista. En mi casa, a pesar de ser ‘casa de músicos’ verdaderamente se hacen muy pocas fiestas, con la excepción de una, la fiesta de aguinaldos en diciembre, cuando sin falta nos reunimos y cantamos -bien valga la repetición- aguinaldos. Mi mamá toca el piano, otro el cuatro, otro un rallo de queso, etc. Siempre canté en esas fiestas desde que estaba muy pequeño, y siempre la gente me decía que debía estudiar canto, que me oía durísimo, pero yo nunca lo creí. Yo si sabía que con un ‘truquito’ que yo hacía, la voz se me escuchaba como de ‘ópera’ y con esto bromeaba por ahí con mis amigos en reuniones y encuentros pensando que era  una especie de caricatura del canto operístico.

Pues un día, en una de esas fiestas de diciembre, el tenor Idwer Álvarez asistió, pues era amigo de una prima que estaba en la reunión. Ese día él me escuchó cantando los aguinaldos -esos mismos aguinaldos que tenía como 20 años cantando- y ¡sorpresa! Idwer me llama y me dice: ‘Pana, ¿de dónde saliste tú? Una voz con esas características nunca la he escuchado aquí’. Y agregó: ‘Si tú te enfermas con esto y te dedicas a estudiar con todas las fuerzas de tu alma, en dos años estás cantando y en 5 estarás haciendo una gran carrera, como en una película o en una novela’. Ese día literalmente cambió mi vida.

Efectivamente estudié bárbaramente, me gradué de cantante lírico en cuatro años, claro, estaba adelantado ya que desde mucho antes, por el clarinete, había culminado las materias complementarias como teoría y solfeo, armonía, historia, estética y piano complementario. Luego audiciones, concursos y en fin, empecé a cantar y a cantar sin parar, y eso se convirtió en mi vida”.

VS: ¿Cómo percibe el desarrollo de la Ópera en nuestro país? 

GC: “¡Vibrante! Con el desarrollo sin precedentes que ha tenido la música en el país, gracias fundamentalmente al Sistema Nacional de Orquestas y Coros del maestro José Antonio Abreu, la proliferación de orquestas y músicos por doquier ha facilitado enormemente la posibilidad de montar un proyecto lírico en casi cualquier rincón del país. Barquisimeto, los Andes y, por supuesto, Caracas, son la viva prueba de esto. Aquí en la capital del país, tenemos las temporadas que ya podemos catalogar como estables, que llevan adelante instituciones como la Orquesta Sinfónica Municipal de Caracas junto a la Compañía Primo Casale, o la temporada Música y Escena que a cargo de la Orquesta Gran Mariscal de Ayacucho y Elisa Vegas (mi esposa) como directora ya llevan ambas unos 4 años haciendo ópera y zarzuela; las importantes temporadas del Teatro Teresa Carreño que cada vez adquieren mayor vigor, las producciones del  Sistema Nacional de Orquestas y unas temporadas, un poco más recientes pero sumamente exitosas, que son las del Teatro de Chacao.

VS: Si bien la actividad orquestal impacta de forma abrumadora en la escena venezolana ¿qué le falta a la ópera como género, para lograr su espacio?

GC: “Pienso que la ópera ya ha logrado un espacio con un público que fielmente asiste entusiasta a las funciones tanto de ópera como de zarzuela. Es muy interesante ver como con frecuencia las funciones literalmente se agotan. Eso que es tan difícil ya está logrado. En mi opinión lo que hace falta es que se mantenga y crezca el esfuerzo que sostenidamente han venido realizando, desde hace unos cuantos años, todos aquellos que han llevado adelante temporadas de ópera y zarzuela -unas más grandes, otras más breves- pero en definitiva, temporadas que han venido creando poco a poco la tan anhelada estabilidad que le permita al público y a los cantantes cifrar la expectativa medianamente fundamentada en que en tal o cual fecha viene seguramente la temporada de tal o cual orquesta o teatro. Últimamente ha habido actividad lírica durante todo el año. En el Municipal, en el Teresa Carreño, en el Teatro de Chacao, entre otros. ¿Qué ayudaría mucho? más publicidad y apoyo de los medios”.

VS: ¿Cómo nació su relación con El Sistema de Orquestas?

GC: “Mi vida entera está ligada a El Sistema. Mi esposa, Elisa Vegas, es directora de orquesta y pertenece a El Sistema. Mi papá fue miembro fundador de El Sistema. La amistad entrañable de mi mamá con el maestro José Antonio Abreu data de la juventud cuando el maestro era un aventajado y talentosísimo alumno de piano de mi abuelo Moisés Moleiro. Como te digo, mi vida entera está vinculada a este sistema. Sin embargo, como cantante lírico la relación se inicia con dos eventos específicos: el primero, hace unos 7 u 8 años cuando Gustavo Dudamel abre unas audiciones para el montaje de La Bohème que iba a  dirigir en el Teatro Teresa Carreño. Yo fui, y concursé por  el rol de Marcello, quedando seleccionado. Esa fue la primera vez que me escuchó el maestro Dudamel y la primera vez que trabajé con él. Posteriormente le pedí al maestro Abreu  me escuchara en una audición. El accedió y acompañado de mi maestro Elio Malfatti y de la pianista Geraldine Méndez, allí mismo en su oficina -por cierto sorprendentemente modesta y austera para un maestro de su dimensión- le canté unas dos arias. El maestro me honró al decirme: ‘Tienes un tesoro en la garganta Gaspar’. Desde esos dos eventos, el sistema ha sido un pilar de apoyo e impulso en mi vida y en mi carrera”.

VS: ¿Qué recomendación tiene presente del maestro José Antonio?

GC: “Se dice que la mejor manera de predicar es con el ejemplo. La vida misma del maestro Abreu es la mejor recomendación que pudo haberme dado. La vida debe asumirse con trabajo incansable, constancia indoblegable y con fe absoluta en que aquello por lo que se está sacrificando todo, vale la pena”.

Con Erich Wildpret, Helen Hunt, Alberto Arvelo, Edgar Ramirez, Guillermo Arriaga, Gustavo Dudamel y Aquiles Machado Perfil Lleno.

Con Erich Wildpret, Helen Hunt, Alberto Arvelo, Edgar Ramirez, Guillermo Arriaga, Gustavo Dudamel y Aquiles Machado Perfil Lleno.

VS: ¿De qué manera las experiencias del Carnegie Hall y el Walt Disney Concert Hall lo preparan para presentarse en La Scala, ante un público tan exigente?

GC: “Sinceramente, todas las veces que salgo al escenario tengo el mismo compromiso con el público que esté en la sala. Desde el auditorio de la escuela Pedro Nolasco Colón donde inicié mi formación, hasta el Carnegie Hall; todas las veces es prácticamente igual porque esto de cantar no es mensurable. Es decir, al cantar frente al público uno no puede decir: ¨ bueno…como esta gente no me interesa entonces lo voy a hacer regular¨. ¡No!¨, eso es imposible. Es decir, cuando cantas, así sea pianisimo, siempre es algo que se hace con todo el cuerpo y el alma… es como estornudar, no se puede hacer más o menos. Si estornudas, por más que te cubras la nariz, se acciona todo el cuerpo. Así es  el canto. Es verdad que  se canta con alma y con el corazón, pero también se canta con los pulmones, con el cerebro, con el estómago, con el páncreas y con los riñones. Con el ‘buche’’ pues, como decían los viejos (risas). Lo que sí es decisivo es la experiencia. Más allá del Carnegie Hall o del Walt Disney Hall o del Megaron Music Hall en Atenas, es el número de presentaciones ante el público -sean donde hayan sido- las que verdaderamente te preparan cada vez mejor para los nuevos desafíos que aparecen en la carrera. Por ejemplo, ya son más de treinta o cuarenta las cantatas y en  particular, para esta presentación en la Scala, ya son muchos años teniendo el privilegio de ser dirigido por el maestro Dudamel, no sólo en Cantatas sino en varias óperas, muchas novenas de Beethoven, en fin.. Esto hace que vayamos a Milán, conociéndonos bien y creo que, independientemente de la importancia de los escenarios  -unos modestos y otros los más importantes del mundo- es en la experiencia, en la que puede encontrarse eventualmente la maestría y la perfección que todos ambicionamos y  que, a  fin de cuentas, nos prepara para salir bien librados de cualquier reto”.

VS: ¿Cómo cree que el público milanés perciba su interpretación de ‘El Diablo’ en Cantata Criolla?

GC: “Espero que bien. Créanme que haré mi mejor esfuerzo. Esta experiencia la asumo con muchísimo entusiasmo y emoción. Es una alegría muy grande y creo que todo esto se transmite. La vibración entusiasta que se irradia desde  el escenario con esa orquesta y coro de jóvenes maravillosos, con Dudamel al frente, es absolutamente contagiosa y una campeona en lograr aplausos en el mundo entero. Eso es una enorme ayuda para uno”.

VS: ¿Cómo se logra que el público en el Teatro La Scala entienda lo que es un contrapunteo?

GC: “Pienso que en el oficio del cantante lírico el elemento histriónico tiene una importancia equiparable a la del canto mismo. Mediante el gesto y  el movimiento se consigue tender otro puente de comunicación entre el escenario y  el espectador. Son la actuación y el canto las herramientas que quedan a cargo de uno. La música es un lenguaje universal y, obviamente guardando las distancias, estoy convencido de que así como nosotros comprendemos la Cavalleria Rusticcana y Rigoletto, estoy seguro que  allá entenderán nuestra Cantata Criolla”.

VS: ¿Cómo su interpretación puede acercar al público a una obra tan íntimamente ligada al paisaje de los Llanos venezolanos?

GC: “La lucha entre el bien y el mal es un antagonismo que encuentra relatos que lo describen en   todas las culturas. La victoria del bien sobre el  mal, valiéndose de la astucia ocurre desde la acrópolis griega hasta la sabana venezolana. Confío plenamente en la capacidad de esta fabulosa obra para darse a entender por sí misma, simplemente cumpliendo con las indicaciones de la partitura que la contiene”.

VS: Desde Pavarotti a la Callas, de la Caballé hasta la Bartoli han sido víctimas del Loggione en la Scala ¿Cómo se prepara Gaspar Colón para un reto tan abrumador?

GC: “Como bien dices, desde Pavarotti hasta la Bartoli…hay cosas que quedan fuera del alcance y el control nuestro. Por lo tanto pienso que uno hace lo mejor que puede y el resto queda en  manos de variables que uno no maneja. La Cantata Criolla es una obra fabulosa y confío en que será recibida muy cálidamente por un público que, si bien es sumamente exigente, seguramente premiará con aplausos la interpretación hecha con mucho cariño de una maravilla musical como lo es la cantata. ¿Los nervios? Esos nunca se controlan. Lo que pasa es que con ellos o sin ellos, el momento de estar en el escenario llega inexorablemente y ya estando ahí, pues los nervios son sólo una más del montón de cosas que están allí con uno. La técnica, el traje, los sonidos, las caras de la gente de las primeras filas, la batuta, una tos de alguno del público, un reflector que sientes te deja ciego cuando miras hacia algún lado, en fin… los nervios te acompañan y ya”.