Vía: abc.es | SUSANA GAVIÑA

La pianista venezolana, muy crítica con el régimen chavista, abre esta tarde en el Auditorio Nacional de Madrid el ciclo de la Fundación Excelentia

La música llegó a la vida de Gabriela Montero (Caracas, Venezuela, 1970) cuando contaba siete meses de edad. Sucedió cuando su abuela decidió regalarle un pequeño piano que estaba destinado a una prima mayor que ella. «En mi familia no hay músicos, pero quizá los orígenes italianos de mi abuela influyeron en su sensibilidad hacia la música», explica la pianista a ABC.

Gabriela Montero: «No puedo volver a Venezuela, siento que sería peligroso»

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Con año y medio, Gabriela ya tocaba las melodías que su madre, Gilda, le cantaba para dormir. «Nací para esto», confiesa la intérprete que realizó su primer recital ante el público a los tres años de edad, y un lustro después debutó con la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar, dirigida por el fundador del Sistema de Orquesta de Venezuela, José Antonio Abreu. «Era la primera generación de esta formación, pero tengo que aclarar que yo nunca formé parte del Sistema», matiza.

Con residencia en Los Ángeles, su ajetreada agenda la lleva a cruzar el Atlático con asiduidad. Ahora visita por primera vez Madrid para abrir esta tarde el ciclo de laFundación Excelentia. En el programa interpretará, acompañada por la Orquesta Clásica Santa Cecilia, el «Segundo concierto» de Rachmaninov. Será su participación oficial, pero como propina ofrecerá al público una de susfamosas improvisaciones, un talento que la pianista Martha Argerich la animó a desarrollar y que la han hecho destacar internacionalmente. «La improvisación siempre ha sido para mí una manera muy natural de expresarme. Es como contar historias, encontrar metáforas a través del sonido que te permiten hablar de situaciones y emociones de la vida diaria. Y es una manera maravillosa de llegar al público».

Interactuar con el público

En el Auditorio Nacional la intérprete pedirá a una persona del público que le tararee una canción –«espero que lo haga en la tonalidad adecuada», bromea–, que después ella hará suya recreándola al piano. «No me gusta la sensación de que el artista está sobre el escenario comoen una cajita de cristal y es inaccesible. Yo soy muy de conocer a mi gente, de hablar con ellos».

En su faceta como creadora, a estas composiciones fugaces, que define como «momentos únicos, que no se vuelven a repetir», se sumará próximante un concierto para piano y orquesta que debutará en la primavera de 2016 en Leipzig. «En él quiero transmitir las cosas maravillosas que tenemos en Latinoamérica».

Esta partitura tendrá un tono mucho más festivo que su obra anterior,«ExPatria», estrenada en 2012 y que está dedicada a los 19.336 personas asesinadas en 2011 en Venezuela. «A través del sonido quise reflejar la situación que se vive en mi país: la tragedia, el caos, la opresión, la tristeza… Todo lo que sentimos los venezolanos. Y de esa manera denunciar ante el mundo una situación de la que se habla y se conoce poco porque las dictaturas funcionan de esa manera. Existe una gran censura de los medios. Si no estás conectada con los pocos que hablan de la situación real no te enteras de lo que está pasando. Ya no quedan canales de televisión libres. Y los periódicos o van desapareciendo o son comprados por el gobierno».


Polémica con Dudamel
Gabriela Montero no solo ha ocupado titulares por su talento musical, también lo ha hecho por su crítica al régimen chavista, un compromiso «humanitario», que no político, con el pueblo de Venezuela que la ha llevado incluso a encararse mediáticamente con el director de orquesta Gustavo Dudamel, piedra angular del Sistema, al calificarlo de colaboracionista con el régimen por el hecho de guardar silencio ante la situación que sufre Venezuela. Para Montero, la neutralidad cuando se violan los derechos humanos «no debe existir. La vida humana está por encima de la música», argumenta.

Estas recriminaciones le han valido a la pianista la cancelación de una gira por Iberoamérica y algún concierto en Australia, «organizados por personas conectadas con el Sistema o directamente con el gobierno Venezolano». Algo que no la ha desalentado. Tampoco lo han hecho las críticas por trascender los límites musicales. «Ser una artista te otorga una plataforma pública para dar voz a personas que sufren y que no tienen una manera de hablar como tengo yo».

Desde hace cuatro años la pianista no ha vuelto a pisar el suelo de su país, «es la temporada más larga que he estado sin ir». Asegura que con el relevo de Chavez por Nicolás Maduro se ha producido «una polarización, con una violencia y una hostilidad» que no existían antes. «En 1999, la única vez que Chávez fue elegido democráticamente, los asesinatos no llegaban a 4.000 mientras que el año pasado fueron 25.000, en un país con una población de 29 millones de habitantes. Yo trato de hablar con los números para poner las cosas en contexto. La población de la Unión Europea más la de los EE.UU suponen 816 millones, y el año pasado fueron asesinadas 23.000 personas, menos que en Venezuela. Somos un país donde no hay ley, no hay justicia, tiene una impunidad del 93%. Tu puedes pagar a alguien 200 dólares para matar y lo hace. Estamos inmersos en una crisis económica, sanitaria… Y esto es algo que me importa porque he visto mucha gente sufrir», afirma.

De momento la pianista no tiene previsto volver a su país. «No puedo regresar, siento que sería peligroso. Hay gente que me dice que puedo hacerlo, que contrate un par de guardaespaldas y lleve un coche blindado. ¿Y por qué tengo que aceptar regresar a mi casa como una rehén. Prefiero no ir a sentirme encarcelada en mi propia casa».

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