Vía: La información.com |Por Concha Barrigós

Parece frágil, pero la forma de dirigir de Rafael Frühbeck de Burgos sigue siendo “chispeante” y “brillante”, según la crítica norteamericana, que le ha seguido de costa a costa este verano al frente a algunas de sus mejores orquestas. “Lo que me cansa es el avión, no dirigir”, revela a punto de cumplir los 80.

Rafael Frühbeck de Burgos © Ignacio Gil

Rafael Frühbeck de Burgos © Ignacio Gil

“Daría algo porque la forma de viajar fuera más cómoda. Tantas colas, tantos controles, tantas esperas… Hace 40 o 50 años se viajaba mejor que ahora”, se lamenta en una entrevista con Efe, recién llegado de Brasil y tras “meterse en el cuerpo”, en poco más de un mes, 28.000 kilómetros.

Le han “arreglado” ya “de todo”, pues le siguen muy de cerca su hija y su hijo, ambos médicos, pero mantiene una agenda con 110 conciertos de media al año, en la que produce cansancio solo ver los apuntes anotados. Su relato de lo que ya he hecho y de lo que le espera es como el diario de un “marco polo” a la búsqueda constante de la música.

“Comencé la temporada americana el 1 de julio. Fueron los conciertos de inauguración del festival de Tanglewood, uno de los más importantes del verano en Estados Unidos y sede estival de la Boston Symphony Orchestra”, cuenta el maestro, el invitado más asiduo de ese certamen.

Lo interesante de ese festival, detalla, es que junto a los conciertos con una gran orquesta como es la Boston existe la “academia”, en la que participan cien jóvenes músicos de todo el mundo, “técnicamente insuperables”.

Luego, enumera, para dirigir a la New York Philarmonic participó en el festival Bravo! Vail, en Colorado, el único de Estados Unidos que acoge en una sola temporada tres de las mejores orquestas del mundo.

“Fue muy bonito porque, antes de empezar el ensayo, la orquesta me regaló una manzana de cristal con una dedicatoria preciosa. Es la primera vez que me pasa en mi carrera”, revela emocionado.

El regalo lo ha tenido muy presente toda la gira ya que, se ríe, pesa “tres o cuatro kilos” y, “claro”, en todos los aeropuertos, “problemas”.

De allí marchó a Los Ángeles para ponerse al frente de la Filarmónica de la ciudad, en el Hollywood Bowl, con dos conciertos, un programa ruso “muy exigente” con obras de Stravinsky y Tchaikovsky, y otro, con el pianista Jean-Yves Thibaudet, para obras de Liszt y Respighi.

“Luego, casi 20 horas de viaje hasta Sao Paulo, en Brasil, para tocar con la que es, probablemente, la mejor orquesta de Latinoamérica, la Orquesta Sinfónica de Brasil y, de nuevo, a Madrid, donde descansaré un poco antes de ir a Copenhague, Suiza, España de nuevo y, en octubre, otra gira por América, donde volveré en enero y…”, detalla con regocijo.

En medio, reconoce feliz, dos conciertos, en Burgos y Soria, para celebrar, el próximo 15 de septiembre, su 80 cumpleaños, una cifra redonda, sí, pero a la que él tampoco da mucha más importancia, habida cuenta de la actividad que le espera.

El director es un invitado habitual de las mejores orquestas de Estados Unidos y ha dirigido las de Boston, Los Ángeles, Pittsburgh, Detroit, Montreal, Cincinnati y Saint Louis, donde ya hay pocos colegas de su edad con los que coincida.

“Dirigir es muy sano, pero hay una edad fatídica, la de los cuarenta y tantos. Pero, si pasas eso, es hasta que Dios quiera”, bromea de nuevo el músico, que, aunque ahora se apoya en una silla giratoria en el escenario, no ha cedido un ápice de su característica marcialidad.

Nacido en Burgos en 1933, Frühbeck de Burgos estudió violín, piano, teoría musical y composición en los conservatorios de Bilbao y Madrid y dirección en la Munich Hochschule de Música, en la que se graduó cum laude y obtuvo el premio Richard Strauss.

De 2004 a 2011, fue el director titular y artístico de la Dresden Philharmonic y en 2012 comenzó como titular de la Danish National Orchestra, fundada en 1925 y compuesta por un centenar de músicos.