Vía: La gran época | Escrito por Diana Orduña Lloret
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Ya que su ejercicio como compositor no le retribuía mucho económicamente, su principal ocupación fue la docencia

Friederich Chopin

La propia sensibilidad como guía

De origen polaco, fue uno de los más importantes compositores del Romanticismo musical. Poseedor de una frágil salud y agudas sensibilidad e inteligencia, su corta pero prolífica vida se desarrolla entre el año de 1810 hasta 1849, y se le conoce fundamentalmente por su obra pianística. También se le considera compositor nacionalista, reflejado en el uso de formas tradicionales polacas como la Mazurca y la Polonesa.

Pianista prácticamente autodidacta, desde muy joven cultivó un estilo auténticamente personal, huyendo de convencionalismos pedagógicos a los que someterse. Incluso llegó a rechazar lecciones de reconocidos maestros del piano, buscando su propio camino hacia la consecución de la que se irá fraguando como brillante técnica. Ya que su ejercicio como compositor no le retribuía mucho económicamente, su principal ocupación fue la docencia y, aunque no era su principal vocación, la calidad y sutileza de la misma, orientada según las características personales de cada alumno, desembocó en una potente demanda de su servicio.

El Bel canto, fuente de inspiración

Durante su adolescencia estudió en el Liceo de Varsovia, donde recibió formación en canto, literatura clásica y dibujo, nutriendo así su espíritu a través de la exploración de otras disciplinas artísticas, ejercicio de vital importancia para un músico.

Desde muy joven cultivó un estilo auténticamente personal, huyendo de convencionalismos pedagógicos a los que someterse

Tuvo contacto más o menos estrecho con otros reconocidos compositores de su época como Hector Berlioz, Franz Liszt, Robert Schumann y Vincenzo Bellini. En París, y a través de este último, entra en contacto con el Bel canto del estilo operístico italiano que se caracteriza por resaltar el aspecto melódico en toda su amplitud, encontrando su máxima expresión en las arias de los cantantes solistas operísticos, repletas de elegancia, amplitud, brillo y finas ornamentaciones.

El carácter lírico y cantabile de la interpretación y la escritura de Chopin están fundamentalmente basados en el mencionado estilo vocal. El mismo Chopin aconsejaba a sus alumnos de piano tomar clases de canto para conectar la naturalidad del canto a una convincente interpretación lírica en el instrumento.

Desde muy joven cultivó un estilo auténticamente personal, huyendo de convencionalismos pedagógicos a los que someterse.

Influencia de su “música pura” sobre la música descriptiva 

A diferencia de la mayoría de compositores del S. XIX, que se valían de ideas extramusicales (de elementos más allá del fenómeno musical, usualmente literarios) como motivo de inspiración de sus obras, Chopin crea lo que se suele denominar música pura, es decir, no asigna títulos poéticos a sus obras ni las relaciona con obras literarias o eventos descriptivos.

Pero debido a la familiaridad de su lirismo pianístico con el de la voz y la correspondencia de su música con la dimensión emocional y temperamental humana, sus obras han acabado siendo conocidas por títulos genéricos, como el “Preludio de las gotas de agua”, los Estudios “Revolucionario” y “Tristeza de amor” o la Polonesa “Heroica”.

Además, y aunque es un fenómeno no muy conocido cuando se estudia a este gran músico, algunos compositores posteriores utilizaron temas de las obras de Chopin y las utilizaron para crear nuevas obras descriptivas, de inspiración extramusical.

Fuego fatuo es otra muestra del mencionado fenómeno. Se trata de una ópera cómica en tres actos compuesta por Manuel de Falla en 1919 sobre temas de obras de Chopin y libreto de María Martínez Sierra que narra, precisamente, la vida de Chopin durante la estancia en Mallorca junto a su polémica compañera sentimental la escritora George Sand.

La franqueza de la emoción chopiniana

La idea de la conexión de la música instrumental con el canto es imprescindible para formar la mentalidad de todo músico y todo melómano, para que tenga una noción plena de la naturalidad del fenómeno musical.

No olvidemos que el evento más primitivo con que el ser humano experimenta la música es con la voz y el canto de la madre, y posteriormente con su propia voz, estrechamente relacionada con nuestro yo emocional.La personalidad artística y personal de Chopin es un claro ejemplo de humildad y naturalidad.

A menudo infravaloró los halagos de otros, consciente de que tan solo se dedicaba a expresar su propio mundo interior, y su forma de componer era inspirada y sincera, sacando la música del fondo de su corazón.No obstante, esta cualidad no está en conflicto con el brillante despliegue técnico de buena parte de su obra, así como su virtuosismo no lo está con su inmensa emotividad y belleza.

Algunas de sus composiciones son extremadamente sencillas y conmovedoras. Este carácter sensible se refleja también en su forma de concebir su propio aprendizaje técnico del piano como un proceso autoregulado de mejoramiento a través de la observación y la “adhesión” al ideal musical que el intérprete se afana por alcanzar.

En definitiva, un músico que cantó desde el alma y sigue a día de hoy cantando al alma de quien lo escucha.