Vía: abc.es, Por COSME MARINA

El músico ha fallecido a los 79 años en su residencia de Amsterdam, según informó la Orquesta del Siglo XVIII, de la que era fundador

Frans Brüggen, la luz del siglo XVIII

Frans Brüggen, la luz del siglo XVIII


Ha muerto Frans Brüggen, uno de los grandes músicos de la segunda mitad del siglo XX: artista esencial, de los que no necesitan la percha de la popularidad mediática para dejar un legado y la fortuna del trabajo riguroso y serio sobre el que seguirán cimentando su carrera nuevas generaciones de intérpretes en años venideros.

Nacido en Amsterdam en 1934, Brüggen forma parte de la magnífica cantera que, durante décadas, ha proporcionado músicos relevantes desde los Países Bajos. Un camino especialmente reseñable en el campo de la interpretación de la música antigua en la que se inició Brüggen, destacando desde muy joven como flautista –tanto en la flauta de pico como en el traverso barroco–. Comenzó rápido a llamar la atención y esto le llevó a trabajar con gigantes como Gustav Leonhardt –fue con él, y con otros como Harnoncourt, uno de los grandes pioneros en la interpretación con instrumentos originales–. Desde el Conservatorio de La Haya y, después, a lo largo del mundo en clases magistrales, formó a varias generaciones de jóvenes en los requerimientos de la interpretación historicista que, desde varios frentes y en diferentes países europeos, cambió la óptica de periodos como el Barroco o el Renacimiento. La realidad que hoy disfrutamos en todo su esplendor del repertorio de flauta de pico le debe y mucho a su infatigable labor y gran talento.

Artista metódico y trabajador, no se limitó a profundizar en una única línea de actuación. De hecho implicó a varios compositores para que escribiesen para la flauta de pico, entre ellos Luciano Berio, que le dedicó «Gesti», o Louis Andriessen, entre otros. De esta manera introdujo al instrumento en la contemporaneidad, le dio nueva vida, demostrando su vigencia y capacidad expresiva ante los nuevos caminos creativos.

A comienzos de la década de los ochenta decide dar un nuevo giro a su carrera y funda, junto al musicólogo Sieuwert Verster, una formación que ha sido modelo de buen hacer por su calidad: La Orquesta del Siglo XVIII, una agrupación con la que daría la vuelta al mundo a través de numerosas giras, centrada en la música dieciochesca y también en la de los primeros años del siglo XIX. Formada por músicos de más de veinte países, la orquesta ha dado nueva luz al repertorio clásico con interpretaciones referenciales que han quedado recogidas en disco. Acudió con ella numerosas veces a nuestro país, a diferentes ciclos de conciertos, y también se puso al frente de alguna de nuestras orquestas, entre ellas la Real Filharmonía de Galicia. Estuvo como director invitado al frente de algunas de las formaciones de mayor relieve internacional y en ellas dejó su sello sobre autores como Haydn, Mozart, Beethoven o Schubert. En todos sus trabajos se aprecia su rigor expositivo y la claridad de ideas que desembocaban en una frescura interpretativa que nunca perdió quizá, como decía Berio, porque más que un «arqueólogo musical era un gran artista».