Vía: www.elmundo.es |DANIEL BORRÁS

Contaba el nuevo director artístico del Palau de les Arts, Davide Livermore, que cada mañana le echaba un vistazo al mar antes de acudir al trabajo. Explicó que vive en La Patacona (en un piso pequeño, dijo también), y que iba y venía al teatro en su moto. Nada extraño y nada de lo que presumir (la falsa modestia tampoco suele ser buena compañera). Era, simplemente, su rutina habitual. Su manera de hacer las cosas.

Con su nombramiento como director artístico, esa rutina parece haber variado poco; seguirá haciendo el mismo camino de la misma forma, según expuso él mismo en su presentación oficial. Es más, ha tomado una de sus primeras decisiones reforzando esa teoría: se acabó el coche oficial para uso exclusivo del director del centro.

La anterior responsable, Helga Schmidt, tenía a su disposición un vehículo de alta gama con chófer que la llevaba desde su estancia habitual (un hotel del centro de la ciudad durante años; otro junto a la playa de las Arenas en los últimos meses) hasta su despacho en Les Arts. Livermore no quiere mantener ese privilegio.

Según confirmaron este viernes desde el propio coliseo, el acuerdo con una conocida marca de coches se mantiene… pero se modifica el vehículo y su uso, a petición del propio director turinés. Así, el nuevo responsable artístico pidió que la berlina habitual se cambie por un monovolumen de la misma marca, más grande y espacioso, y que se siga manteniendo el servicio de chófer pero para otro cometido. A partir de ahora, será un vehículo para trasladar a los miembros de los elencos de las óperas, a los profesionales que visiten Valencia para trabajar en el teatro. Para llevar a cantantes del aeropuerto a Les Arts, por ejemplo.

Con esta decisión se consiguen varias cosas. Por un lado, Livermore realiza una declaración de intenciones que se visualiza a la perfección. A partir de ahora su manera de trabajar será distinta. Por otro, se ahorra dinero, ya que todos esos viajes de traslado de artistas se realizan mediante un servicio del que ya se disponía igualmente; no hay gasto extra.

Pero, y esta vez de manera intangible, la desaparición del coche oficial ejemplifica una suerte de cambio de época que va más allá de un baile de sillas en la dirección. La trayectoria de Schmidt al frente del Palau de les Arts, defendida con fuerza desde la parte artística, siempre ha estado cuestionada precisamente desde la vertiente económica: sus gastos, aunque aparentemente normales teniendo en cuenta su cargo y el entorno que se le presupone a un sector como la ópera, parecían excesivos y se han denunciado varias veces. A la Generalitat, de hecho, no le gustaban los viajes, los hoteles, las comidas, y algunos servicios como el coche oficial. Se cortaron muchos de ellos.

Coche de lujo por monovolumen; uso personal (profesional, sí, pero para una sóla persona al fin y al acabo) por uso común de los intereses del coliseo. El Palau de les Arts, parece, quiere hacer visible que el cambio de rumbo iniciado es real y no es sólo cuestión de nombres.