“El ministerio de Cultura debería ser un ministerio de la paz. Desafortunadamente la cultura no figura entre las prioridades del alcalde Peñalosa, que anuncia recortes presupuestales en esta materia”, dice el director saliente de la Filarmónica, David García

Vía: www.semanariovoz.com | Por Hernán Camacho

La Filarmónica bogotana es considerada una joya cultural del país. Mediante el Acuerdo 71 de 1967, del Concejo de Bogotá, se constituyó con personería jurídica, autonomía administrativa y patrimonio propio. A partir de 2006 está adscrita a la Secretaría Distrital de Cultura, Recreación y Deporte. La Filarmónica nace para arrebatarle la exclusividad de la música clásica a las elites citadinas, sacándola del tradicional Teatro Colón. Con ese espíritu Raúl García, fundador y director de la orquesta durante tres décadas, logró llevar la música clásica a los barrios e iglesias de Bogotá. Todo un proceso social.

Ahora es David García, hijo del maestro Raúl, quien hasta el pasado 31 de diciembre fue el director de la Filarmónica, quién hizo un nuevo revolcón en la orquesta para convertirla en un semillero de riqueza cultural, que ahora está en peligro. David García habló con VOZ y entregó un balance de su gestión, la preocupación por el futuro de la filarmónica y la necesidad de encontrar en la cultura un camino para la paz estable y duradera.

–Muchos bogotanos no conocían la Filarmónica. Usted transformó ese imaginario de exclusividad. ¿Cómo lo hace?

–El nacimiento de la Filarmónica va ligado a una serie de procesos sociales; el surgimiento de una generación literaria muy importante encabezada por Gabriel García Márquez, pero en las artes plásticas aparece el pintor Botero y en las artes escénicas aparece el Teatro de La Candelaria. Sacar la Filarmónica a la calle y generar de nuevo una dinámica por la democratización de la música era uno de nuestros objetivos. así se transformó

Premio a la musicalidad

–¿Qué triunfos tiene en su haber la Orquesta?

–En 2008 La Filarmónica recibe un premio Grammy a “Mejor álbum instrumental” producto de una antología que recogió cuatro décadas de música colombiana con importantes compositores y arreglos adaptados a la Filarmónica. Es decir un premio a la musicalidad colombiana. Es poco usual que este tipo de orquestas acudan al lenguaje de la música popular pero que además sea premiado. Cuando llegamos a la Orquesta en 2013 nos encontramos que su actividad única y principal era la realización de conciertos y le dimos un viraje con el apoyo de la administración de Gustavo Petro. Vimos la necesidad de crecer y por eso le sumamos a la orquesta principal, la creación de nuevas orquestas por cuanto ya había generaciones enteras de músicos sin práctica instrumental remunerada. Así nació la Orquesta Filarmónica Juvenil de Cámara, Orquesta Filarmónica Juvenil, Orquesta Juvenil de Vientos, Coro Filarmónico Juvenil y crecimos. Pero además introdujimos un elemento importante: en Colombia se habían excluido las artes de la formación estudiantil de primaria y bachillerato.

–¿Cómo se logró traer de nuevo el arte a la educación pública?

–Logramos entre la Secretaría de Cultura y Educación juntar esfuerzos, y mediante el programa Cuarenta Por Cuarenta o de jornada continua, para que profesores de la Filarmónica estuvieran en los colegios públicos beneficiando a 16.121 niños con clases gratuitas de música con una intensidad de cuatro horas a la semana, superando la oferta de cualquier colegio privado del país. Treinta colegios beneficiados en 17 localidades. Un programa de formación musical sin igual. El ministerio de Educación debería replicarlo.

–¿Y cómo llega la Filarmónica a las localidades?

–Con un programa distinto al escolar pero cuyos objetivos y resultados son similares. Queríamos crear orquestas, bandas y coros en las localidades. En este caso la Filarmónica se pudo ampliar a niños que no necesariamente estaban en colegios públicos o niños no escolarizados como en las localidades de Ciudad Bolívar o San Cristóbal. Ese programa empezó en 2015 para que en cuatro localidades más: Usaquén, Chapinero, Teusaquillo y Candelaria tuviéramos orquesta, bandas y coros. Hoy entregamos la Filarmónica con 76 agrupaciones musicales entre la banda profesional, 25 filarmónicas, orquestas juveniles, 43 coros y 8 bandas de viento.

Habrá recortes en cultura

–¿Qué le faltó?

–Bogotá adolece de un auditorio musical. La demanda cultural y de conciertos en una ciudad de ocho millones de habitantes es gigante y la capital se destaca como la única en el continente sin auditorio para su Filarmónica. Por esa razón, nosotros conseguimos un terreno ubicado en el ala occidental norte del complejo deportivo de El Campín e iniciamos los estudios para el diseño arquitectónico de una sede para la orquesta. Pero la construcción de esa sede parece correr la misma suerte del Metro para los capitalinos. La prioridad de la nueva administración no está en la cultura. Vemos con preocupación que el sector cultural tendrá recortes presupuestales que conducirán a un retroceso en los avances de la cultura en Bogotá.

–La nueva administración representa la antítesis del significado de la cultura.

–Los doce años de administración de la izquierda presentan diferencias en el concepto de cultura frente a la nueva administración de Peñalosa. Para nosotros la cultura debe ser para todos y no para ciertos sectores de la sociedad. La cultura debe hacer presencia en sectores históricamente marginados.

–¿El Ministerio de Cultura está en otra sintonía?

–Colombia sufre de eurocentrismo en la música. No se conocen las expresiones musicales indígenas y afro. En los últimos años los premios internacionales ganados como los Grammy por el país obedecen a la mezcla de música popular colombiana y autóctona de las regiones. Pero el ministerio de Cultura no presta atención a ese tipo de música, que a veces ni se conoce. En Colombia solo se reconoce el trabajo musical que sobrevive al filtro comercial. El ministerio de Cultura debe ser el ministerio de la paz.

El arte es libre

–Hablemos un poco del tema de paz. ¿Qué papel juega la cultura en la construcción de paz?

–Es necesario introducir en el debate nacional una agenda cultural. Europa y Sudáfrica son la mejor muestra que la inversión en cultura es un garante del retorno de la paz. En Europa el Plan Marshall contempló que el 12 por ciento del presupuesto destinado a la reconstrucción de ese continente se destinara a los planes de educación y cultura. Revitalizar las orquestas, los museos, los teatros y eso jugó un papel importante en una Europa escenario de dos guerras mundiales. Y en Sudáfrica se unieron los blancos, negros y etnias en torno a la creación de música. Cuando se interrelacionan etnias con sus herencias musicales resultan frutos muy importantes. La música es un elemento cohesionador.

–¿Cómo acompañan los artistas la construcción de paz?

–El arte se expresa en la manera que se pueda hacer. La tragedia es una manera, y algunos artistas quieren hacerlo de otra forma. Nosotros en la Filarmónica le encargamos una obra musical al maestro Francisco Zumaqué y al actor Humberto Dorado; allí expresaron un dolor profundo a lo largo de la misma, pero culmina con mucha alegría. Los textos de esa obra son testimonios de víctimas de diferentes actos violentos del conflicto. Algunos artistas no quieren insistir en el dolor y hacer una catarsis. Pero el arte es libre y los artistas sabrán cómo expresar la vivencia de la guerra, la paz y la memoria.

–¿Cómo le gustaría ver replicado el trabajo de la Filarmónica en los escenarios de guerra del país?

–A mí me gustaría ver a la Filarmónica haciendo programas de formación musical en las zonas de conflicto. Pero esa formación, sería una retroalimentación con la riqueza musical de esas regiones. Le doy un ejemplo: el departamento de Arauca tiene una riqueza musical gigante y lo que haría allí la Filarmónica sería aprender de esa música. La música colombiana tiene una particularidad y es que en buena medida es tradicional y propia de las regiones. Esa música, en gran medida, contiene relatos de la violencia que han vivido. Otra posibilidad es que a través de la música y todas las expresiones del arte, esas regiones, víctimas del desplazamiento, puedan recuperar no solo su tierra sino las tradicionales musicales y artísticas. Eso es construir un país reconciliado.