El maestro caroreño dirige a la OSV a través de los parajes llaneros descritos en las notas musicales de Estévez y de los poemas de Arvelo Torrealba


Venezuela Sinfónica

La Cantata Criolla, obra basada en el poema “Florentino el que Cantó con El Diablo”, del escritor barinés Alberto Arvelo Torrealba con música del compositor guariqueño Antonio Estévez, será interpretada por la Orquesta Sinfónica de Venezuela, dirigida por el maestro Felipe Izcaray los días miércoles 28 y jueves 29 de septiembre a las 5:30 pm, en la sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño.

Actuarán como solistas los experimentados cantantes líricos Idwer Álvarez, en el papel de “Florentino” y Franklin De Lima como “El Diablo”. Además, la OSV estará acompañada por quince agrupaciones corales y orfeones pertenecientes a varias universidades venezolanas, sumando más de 400 voces en escena. Este espectáculo musical es un homenaje al Instituto Pedagógico de Caracas en su 80° Aniversario.

El público que asista a disfrutar de esta nueva versión de la Cantata Criolla, presenciará algo más que el concierto en sí. Se trata de contemplar una nueva página de la historia musical venezolana, porque será un reencuentro entre el director y una obra con la que está íntimamente relacionado. ¿Por qué el maestro Izcaray la ha tocado de memoria? ¿De dónde salen tantas anécdotas? ¿Se recordará que Izcaray contó con la bendición y la ayuda del propio Estévez para montar esta cantata hace casi tres décadas? Sencillamente: ¡Recordar es vivir!

Antonio Estévez y Felipe Izcaray

Antonio Estévez y Felipe Izcaray

La carrera artística del maestro Izcaray está ligada a la propia historia de la obra. “Para responder esta pregunta debo retroceder bastante en el tiempo. Imagínate a un muchacho caroreño de 14 años, miembro de un recién fundado coro cuyo director contaba las anécdotas del gran Maestro Estévez, sus rabietas, su intensidad, y su música. Oíamos hablar de una tal Cantata Criolla como un lejano monumento, que sabes que existe pero no lo conoces. Entonces un día anuncia Juan Martínez Herrera, el director del Orfeón Carora, que el Maestro venía a nuestro pueblo a dictar una charla sobre la fulana Cantata Criolla”, contó Izcaray.

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“Allí estábamos los caroreños reunidos en el auditorio de una escuela pública (La Casa de la Cultura no tenía sede aún), y se aparece aquel ser lleno de energía, al lado de un “picó” (un tocadisco), y comienza una disertación sobre la ya no tan fulana cantata. Casi que puedo recitar de memoria la conferencia, recuerdo tantas frases, la descripción del poema y su significado, lo que es un contrapunteo, el amor del poeta y del músico por Venezuela, la aventura de cantar un personaje popular con Satanás, la viveza del cantor de invocar a las vírgenes y santos venezolanos para darle el toque final a la pelea”, relató con entusiasmo.

Inclusive el maestro Izcaray recibió la encomienda del mismísimo maestro Estévez de dirigir la Cantata en 1987. Ante semejante experiencia, recuerda: “Esto fue en 1983, el día que la dirigió para el Bicentenario de Bolívar, lo estaba acompañando a su carro en el estacionamiento del Teresa Carreño, y me dijo “Coño, ca…….ito, la próxima la haces tú”, no dijo más nada y se subió al auto. Lo primero que sentí fue un susto muy grande, porque yo había presenciado cuando Antonio le dijo a un maestro que estaba preparando la cantata “Nooo, mijito, no inventes; déjame a mí dirigir mi vaina”.

La historia, según Izcaray prosiguió de la siguiente manera:Cuando el Maestro Rugeles invitó a Estévez a hacer la Cantata Criolla en 1987, Antonio le dijo “Que la haga Felipe”. Te podrás imaginar el tamaño de ese compromiso. Yo mismo preparé el estupendo coro desde el primer día. Le rogué a Antonio que fuera solo a los últimos ensayos, para no tener esa tensión presente, me dijo que sí …. Pero ahí estaba, puntual como siempre, en el Auditorio de Ingeniería de la UCV, desde el primer minuto del primer ensayo, sentado al lado del pianista (el recordado Cheo Vaisman), apoyado en su bastón, interrumpiendo cada vez que quería, pero sorprendentemente no pasó a mayores. Un día me interrumpió en medio de un momento coral apoteósico que yo creía que estaba saliendo divino, y me hizo acercarme (muy asustado, temiendo uno de sus famosos berrinches), y me dijo al oído “¿Quién es esa muchacha tan bonita que entró ahí?”.

Hoy en día la Cantata Criolla ha sido interpretada en numerosas oportunidades y en todo el país. Existe el score para director y la obra está debidamente documentada. Pero 30 años atrás, las cosas no eran tan fáciles para los directores que se aventuraban a recrear el trabajo de Estévez.

Izcaray recuerda que para él, “el aprendizaje de la Cantata fue muy difícil, porque no existía la partitura de director. Estaba todo en la mente del Maestro Estévez y el hacía las correcciones en las particellas. La obra se estaba editando en el Instituto Sojo bajo su supervisión. Llevaba ya 3 años en eso, pero no había salido a la luz pública. La semana anterior a los ensayos con la orquesta yo estaba desesperado. Fuimos a la imprenta, y el editor José Agustín Catalá me entregó las cartulinas ORIGINALES dibujadas a mano de la edición, es decir, la edición de la que sacaron las planchas que estaban imprimiendo. Eran unas cartulinas enormes, no se podían copiar por el tamaño”.

“Me estudié la partitura con las cartulinas en el piso de mi casa, sentado como Buda, pensando cómo iba a ensayar con aquella mega partitura. Al final, un atrilero de la Orquesta Municipal nos dio la solución: 2 cajones de timpani frente al podio. Así ensayamos, pasando cada pesada página, impresa solo por un lado. El día del ensayo general se presentó José Vicente Torres con Catalá y en un sencillo acto me entregaron la partitura recién salida de imprenta. Dije como la canción de Billo, “Nooo, ya pa’qué”,   Por eso, cuando me dicen “Maestro, se sabe al pelo la obra y la dirige de memoria” pienso “Mijito, y qué remedio me quedaba”, recordó.

Pero el consagrado director, además de vivir nuevamente la historia de la cantata, también manifiesta su alegría por volver a dirigir a “la Venezuela”. Mi relación con la OSV siempre fue muy buena. Crecí oyendo y viendo a esa orquesta, canté como coralista en obras nacionales e internacionales, y cuando pude dirigirla, se estableció una relación que perdura. He dirigido en muchas fechas aniversarias de la OSV, incluyendo la Cantata Criolla en 1990 (…) Es una excelente orquesta, y lleva adelante con valentía y con tesón sus actividades en estos tiempos de crisis. Ellos saben que conmigo cuentan como amigo, como colega y como aliado.

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En relación a los solistas, Izcaray comenta con informalidad que para él Idwer Álvarez es “un querido amigo, el “chamo ópera”. Compartimos nuestro amor por la obra del Maestro Estévez. Ambos nos aprendimos la Cantata con el maestro en su casa de Minas de Baruta, él estuvo yendo 2 veces por semana durante 2 años, hasta que Antonio le dijo “ya estás listo”. Quien quiera descifrar el personaje de Cantaclaro (Florentino) que escuche a Idwer. Ahí está todo. Estévez se proyecta a través de su Florentino preferido. Siempre comentamos juntos la suerte que tuvimos de poder darle la felicidad a Antonio de que su obra continuara en la palestra”.