Cualquier espacio es poco para describir lo que significó Alirio Díaz para mí, expresó el director de orquestas Felipe Izcaray.

Vía: www.elimpulso.com/ Por Lorena Quintanilla Muñoz

El músico caroreño compartió que desde niño profesó una admiración profunda al guitarrista de La Candelaria. “Como todo niño caroreño admiraba intensamente a Alirio Díaz y Rodrigo Riera, eran nuestros ídolos. Ellos venían de vez en cuando y realizaban conciertos en el pueblo. Desde que estaba en el Orfeón Carora, la relación con Alirio siempre fue estupenda”.

Izcaray contó que Juan Martínez Herrera, director del Orfeón Carora y presidente de la Casa de la Cultura, siempre les decía a los muchachos “los caroreños no saben la suerte que tienen por contar con ese par de extraordinarios guitarristas”.

Recordó que Alirio Díaz asistió al concierto dedicado al cuatricentenario de Carora, protagonizado por el orfeón de la UCV y dirigido por Izcaray. Díaz se encontraba en el público. “Al final del concierto él se me acercó y me preguntó qué hacía. Le dije que estudiaba Sociología en la UCV. Qué haces estudiando eso si tú eres un músico de pura cepa. Me dejó impresionado y tomé inmediatamente la decisión de cambiar mi rumbo y dedicarme a la música, lo cual era muy difícil en 1969. Siempre tendré esa frase presente”.

El maestro Felipe recordó que en noviembre de 1976, su primer solista fue el virtuoso guitarrista.

Izcaray había llegado de Estados Unidos de una especialización en Dirección Coral. Fue un recital con la Orquesta de Cámara Simón Bolívar en el Aula Magna de la UCV. “Cuando empecé a dirigir de lleno música sinfónica, con la Orquesta Juvenil de Lara, en el año 1979, Alirio había llegado de Roma y lo invité para tocar el concierto de Aranjuez, sin dudarlo dijo que sí. Se organizaron varios conciertos en los cuales estaba Tarcisio Barreto, Alfredo D’ Addona, Eduardo Manzanilla y muchos otros. Todas las salas se llenaron en Caracas, Valencia y Barquisimeto. Recuerdo que al finalizar el ensayo de Aranjuez en el Teatro Juares, Alirio tenía lágrimas de emoción. Se paró y nos aplaudió”.

Luego de ese memorable evento, Izcaray tuvo en diferentes oportunidades al maestro Alirio como solista. Díaz también lo pedía como director.

El último concierto que compartieron fue en el año 2000 en Mérida, en la Plaza de Toros de Tovar. Estuvo la orquesta de Mérida. Entre otras anécdotas mencionó que el maestro Alirio Díaz acompañó a un grupo de venezolanos a Roma, a propósito de un curso con el maestro Franco Ferrara. “Alirio me dijo -acompáñame a la aduana que cargo las maletas muy pesadas- al preguntarle por qué esa maleta pesaba tanto me dijo pícaramente -es que traigo quinchonchos y plátano verde para hacer tostones-. Cuando llegamos a la aduana la gente comenzó a aplaudirlo. Él me dijo: lleva las maletas al carro y te regresas. Eso fue increíble. Me dejaron salir de la aduana del aeropuerto de Roma y regresar. En Italia era un ídolo”.

-¿Cómo era el maestro, su personalidad?

-Un hombre muy sencillo. Conservó su sencillez de por vida. Él se presentaba así: soy Alirio Díaz, el guitarrista de Carora. Claro que la gente sabía quién era. El presidente Luis Herrera Campins le tenía gran admiración y una vez le organizó una gira nacional. Las manifestaciones de cariño le daban vida. Saberse querido por su pueblo es algo que no se compra en ninguna parte.

-¿Cuál considera es el valor principal que nos deja el maestro Alirio Díaz?

-Su amor por el país. Alirio hizo una labor impresionante de difusión de la música venezolana. Hoy en día, Antonio Lauro, es un hombre que conocen todos los guitarristas del mundo, así como a Vicente Emilio Sojo e Inocente Carreño. Esa compenetración de Alirio con su música y lo bien que la tocaba, hizo que el nombre de Lauro se volviera cotidiano. La difusión que hizo Alirio de la música de su país en el exterior fue nuestra entrada por la puerta grande porque antes de él nadie sabía nada de nuestra música académica. Alirio difundió la música de Lauro y Sojo, la tocó en Europa. Hay un video donde lo vemos tocando en la RAI, la compañía de radiodifusión pública de Italia, El totumo de Guarenas; qué podían saber en Italia de eso. Alirio fue un real embajador de la música de su país en el mundo. Su amor por Venezuela era impresionante, de ahí que llevaba quinchonchos y plátano verde a Roma.

-¿Cuál es la mejor manera de honrar su memoria?

-Amar al país y ser generoso. Él siempre fue generoso con los jóvenes, los encaminaba. Siempre estuvo dispuesto a ser mi solista. Yo era un desconocido cuando fue mi solista. Podemos honrarlo siendo sencillos y humildes. Una vez en el año 75, lo contactó la Dirección de Cultura de la UCV para que hiciera un recital en el Aula Magna, le preguntaron cuántos eran sus honorarios porque la universidad no tenía plata. Y él les dijo que les cobraría solo 2.000 bolívares si la entrada era gratuita. Yo nunca había visto el Aula Magna tan llena. Si le caben 2.800 personas, ese día la cifra se duplicó. Estaban llenas todas las butacas, los pasillos, el foso de la orquesta y el escenario. Sólo quedó un redondito donde el maestro tocó sin micrófono. Alirio tocaba igual en cualquier sala del mundo y en su pueblito de La Candelaria en medio de los chivos, cardones y cujíes.

Grandes enseñanzas

El flautista larense Manuel Rojas destacó que la vida de Alirio Díaz se resume en palabras claves: ejemplo a seguir, maestría y humildad. Son cualidades que caracterizaron al maestro.

Tuvo la oportunidad de conocerlo, escucharlo y hacer un concierto en Carora con su agrupación Atrío en su honor.

“Apreciar su calidad como persona, luego de haber alcanzado tantas cosas en el mundo, después de haber sido considerado el mejor guitarrista de todos los tiempos, de poseer la cátedra más importante de guitarra, como la del Conservatorio Reina Sofía, indiscutiblemente fue el guitarrista más importante de nuestro país”.

Apuntó que deja un legado muy claro, con pisadas muy profundas, por dar a conocer a compositores como Antonio Lauro, Rodrigo Riera y muchos más.

“Es una pérdida irreparable para nuestro país. Tengo la tranquilidad de saber que si bien, se fue un grande de la música, dejó valiosas enseñanzas para todos nosotros”.

Increíblemente sencillo

El docente Luis Enrique Silva Ceballos, músico y pedagogo de insoslayable trayectoria, instructor de la única cátedra que existe en el país sobre la historia de la música venezolana, destacó que el maestro Díaz le dio la vuelta al mundo unas cinco veces.

“Sólo tres venezolanos han tocado como solistas en Australia: Teresa Carreño, Rodrigo Riera y Alirio Díaz. Alirio se distinguió por su personalidad increíblemente sencilla. Disfrutaba estar en cualquier casa de Carora, le encantaban los garbanzos y las caraotas. Un ser magistral y puro. Pese a ser un hombre universal nunca cambió. A la par de la pedagogía y ejecución instrumental se dedicó a la investigación musical. Gran difusor de las obras de Antonio Lauro, Raúl Borges y Andrés Segovia”.

Puro de corazón

Henry Linárez, cuatrista larense, también reconoció la humildad de Alirio Díaz.
“Un hombre puro de corazón, un típico personaje de pueblo. Aunque era embajador cultural de nuestro país en cualquier lugar del mundo, nunca perdió su sencillez. Un día me lo conseguí en un Ruta 5”.

Afirmó que era un hombre tranquilo, bien formado, hogareño, común y corriente, pero con unas habilidades extraordinarias y únicas. “Significó mucho para todos los larenses. Abrió las puertas a innumerables instrumentistas de cuerdas en Europa. Para los guitarristas es una gran influencia a escala mundial. El maestro fue una gran persona y un gran artista”.